Tras Juegos Mundiales, Cali recuperó el civismo que parecía perdido

Agosto 11, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Tras Juegos Mundiales, Cali recuperó el civismo que parecía perdido

El amor por los colores de Cali se ha vuelto visible en distintas esquinas de la ciudad.

Los recientes Juegos Mundiales nos recordaron el civismo que parecía perdido. ¿Será posible no volverlo a extraviar?

Carlos Calero Mercado recuerda ahora aquel momento y algo en él parece alegrarse al otro lado de la línea. Calero es historiador y cuando eso pasó, hace 42 años, tenía encima la mitad de los años que ahora pesan sobre su voz: “Fue una época feliz en la que muchas cosas cambiaron. No solo las calles, sino la gente, que dio una demostración de hospitalidad y cariño que duró mucho tiempo”.Lo que suena al comienzo de un cuento de niños, escrito sobre reyes nobles y dragones extintos, fue un episodio real a partir del cual empezó una historia que un día casi llegó a tener un final sin príncipes azules ni perdices servidas en la cena. Calero habla de los Juegos Panamericanos de 1971, cuando la transformación de Cali y la actitud de sus habitantes dio origen al inicio de una leyenda sobre una ciudad tan cívica como limpia. Un sitio donde era posible ver a la gente haciendo fila para tomar el bus; donde nadie tiraba basura al andén; donde los hombres cedían el puesto a las mujeres; donde las sonrisas eran más comunes que los insultos. Un escritor pudo haber hecho un cuento con todo eso.Pero luego pasaron cosas. Lo primero que se viene a la cabeza del historiador son las “oleadas” de gente proveniente de otras partes que sin sentido de pertenencia poco a poco fue contagiando a los demás de su apatía. Después cayó la plaga: el narcotráfico. Los mafiosos, enfermos por ser dioses capaces de transformar paraísos en cuestión de días, fueron dejando aquí y allá su semilla de odio y resentimiento. Entre bombas explotando, chicas raptadas de las discotecas, tiroteos en los semáforos, edificios y casas construidos a imagen y semejanza de los traquetos, los dragones volvieron a sobrevolar con sus fauces abiertas sobre Cali. La gente entonces, asustada, se olvidó durante muchos años de la leyenda convirtiéndose en apenas sobrevivientes de ese pequeño infierno.Pero cuando todo parecía listo para el final, apareció el milagro. La llegada de una Administración con buena memoria coincidió con un evento que parece haber sido cura para el alzheimer de otros tantos: Los Juegos Mundiales. Durante doce días, como si en efecto fuera un milagro, la gente volvió a ser como hace 42 años. Quizás la demostración mayor de todo eso, fue la cohesión social que hubo ante el error en la medallería. La burla que el extravío de la L provocó en periodistas bogotanos y medios nacionales, hizo que los caleños se abrazaran entre sí defendiendo el esfuerzo por hacer de los Juegos una fiesta inolvidable. Las calles estuvieron otra vez limpias; la gente recordó distintas maneras de resolver sus conflictos; de nuevo, por ahí, los insultos fueron conjurados con sonrisas. Con los Juegos finalizados, ¿qué hacer para que los dragones no vuelvan a aparecer?Fernando Quijano, analista del conflicto urbano en Medellín dice que es justo lo que hay que atender. Quijano, presidente de La Corporación para la Paz y el Desarrollo Social, Corpades, teme que en Cali pueda pasar lo que en la capital antioqueña. Porque de acuerdo con Quijano, pese al publicitado civismo paisa y a su aparente capacidad ilimitada para renacer, Medellín es una ciudad que sigue bajo el miedo: “Y si el miedo gobierna, la indiferencia reina. Desde el 2007 a la fecha, en Medellín van más de 7.400 homicidios. La gente quiere a su ciudad y después de la época de las bombas, la gente la abrazó aún más. El problema está en ese miedo, en que ese miedo alguna vez pueda someter al amor”.El alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, habla de un primer paso para empezar a conjurar la amenaza de los dragones. Su respuesta es tan elemental como contundente: honestidad. El Alcalde dice que una Administración honrada, que emprenda proyectos adicionales que complementen, potencien, la palpable efervescencia cívica de la gente, empezará a marcar el camino que debe seguirse. En ese camino, asegura, hay ya proyectos en marcha como el de la educación digital: en la Universidad del Valle se construirá un centro de capacitación para docentes y los colegios públicos empezarán a dotarse de computadores y tabletas para que sus alumnos no se quedan rezagados de información ni tecnología. El proyecto, afirma Guerrero, es el más grande que en ese sentido se desarrollará en el país.Mauricio Vásquez, director de Cali Cómo Vamos, programa que a través del análisis de la calidad de vida de los caleños vela por el cumplimiento del Plan de Desarrollo trazado por el Municipio, cree que aquello que dice el Alcalde va en la dirección correcta: “Hay que dar ejemplo y los funcionarios públicos deben de ser los primeros. El civismo se mantiene cuando hay transparencia en la administración de recursos. Y además hay que trabajar en la infraestructura: no se le puede pedir cultura ciudadana a la gente, cuando no tiene herramientas para cumplirla. Se necesitan puentes peatonales, mejores calles, mayor cobertura de internet para que puedan acceder a la información y puedan saber lo que se está haciendo. Es un tema de corresponsabilidad: le gente debe sentirse partícipe de la ciudad que va a cuidar”.Vásquez cree también que para mantener el civismo es necesario socializar con mayor efectividad las normas. Cali Cómo Vamos, por ejemplo, ya puso en circulación a través de las redes sociales una serie de videos a través de los cuales se explica a los habitantes las seis líneas básicas de acción del Plan de Desarrollo y los impulsa a velar por su cumplimiento. “Si empezanos a entender el espíritu de las normas, empezaremos a entender por qué es importante cumplirlas”. Vásquez cita el ejemplo de lo que ha sucedido con los semáforos. Aunque detrás del respeto a la luz roja está la amenaza de la multa, con el tiempo, conductores y peatones han empezado a entender que no se trata de un castigo sino de una manera de preservar la vida de unos y otros. Algún día, quizás, las multas dejen de ser necesarias.La Unidad de Acción Vallecaucana es una organización refundada hace ocho años por 110 empresarios y líderes de la región, preocupados por la crisis social y económica que entonces se vivía en todo el departamento. Nicolás Orejuela, su director, piensa que ahora, además del cumplimiento de las normas y la puesta en marcha de proyectos complementarios, también es necesario seguir manteniendo vivo el optimismo de los caleños mediante la conservación de la ciudad. Con ese propósito como meta, la Unidad de Acción Vallecaucana entregará en el próximo mes de octubre el Sendero Cívico, que irá desde el Parque Panamericano hasta las Piscinas Alberto Galindo. En la obra, dotada de unos jardines que serán donados por la empresa privada, se invertirán cincuenta millones de pesos para que la ciudad tenga un nuevo espacio verde de integración. Orejuela dice que esa obra tiene un sentido adicional: “El Parque de las Banderas le fue entregado a la ciudad en los Panamericanos del 71. Hacer esa obra allí y entregarla ahora, después de los Juegos Mundiales, es una manera de articular esos dos momentos tan especiales para Cali. Una forma, también, de recordárselo a la gente. Recordarles todo lo que ganamos gracias al civismo”.Desde la Unidad de Acción Vallecaucana se están emprendiendo otros esfuerzos para mantener ese recuerdo vivo. Próximamente se hará una limpieza integral del Coliseo El Pueblo que promete dejarlo como nuevo. Para cumplir, el procedimiento que se llevará a cabo es un 'sandblasting', técnica de limpieza hecha mediante la propulsión de una arenilla especial que removerá los años de abandono y olvido. En el procedimiento se invertirán sesenta millones de pesos.El arte es otra manera de hacer del civismo un músculo firme. Carlos Montoya, uno de los artistas plásticos que hacen parte de la Fundación Iberoamericana Al Arte, Fundiberarte, así lo siente. El año pasado, Fundiberarte fue la encargada de desarrollar la Primera Bienal de Muralismo y Arte Público a través de la cual se intervinieron dos estaciones del MÍO, el costado oriental del estadio Pascual Guerrero y la fachada de la cárcel Villahermosa. En la Bienal, 20 artistas locales, 15 nacionales y 34 venidos de otros países, hicieron de esos espacios, antes muros y trozos de piedra, lienzos sobre los cuales pintaron cosas que parecían salidas de un cuento. Con el apoyo de firmas privadas y donaciones, este año Fundiberarte hizo 24 murales alusivos a los Juegos Mundiales. Y ha hecho otros 50 en distintas zonas de la ciudad. Los artistas también han ayudado a recuperar parques de barrios que muchos desconocen y hace un mes, junto a 30 niños de El Poblado, pintaron un trozo de la unidad recreativa de ese sector.Montoya, de 40 años, graduado del Instituto Popular de Cultura, dice que él y sus compañeros sueñan con que un día todo ese arte desperdigado en la ciudad empiece a borrar las huellas del narcotráfico. Él cree que eso será posible y que, entonces, está ciudad empezará a ser mirada distinto, no solo por turistas y extranjeros, sino por sus propios habitantes. El sueño de Montoya, tal vez, no esté tan lejos de cumplirse: cuando estaban haciendo el mural a las afueras de Villahermosa, le gente del barrio se encargó de cuidar a los artistas durante toda una semana. Y además de cuidarlos, les dio comida, agua, jugo, cariño. Ahora, esa misma gente, se encarga de velar por el buen estado del mural. Tal vez un día algún escritor se anime a hacer un cuento con todo esto. Al final de la historia, ojalá, puede que haya un final feliz.

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