Traen hierba santa

Traen hierba santa

Junio 20, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Luz Jenny Aguirre, Editora de Entorno
Traen hierba santa

Herencia. Mambiando (masticando) coca, la hoja sagrada, Floresmino Piñacué explica que ser médico indígena es un honor que muy pocos tienen.

En Cali funciona el primer puesto de salud público donde se mezclan la medicina occidental con la indígena.

El cosmos dijo que sí y Floresmino Piñacué partió de Tierradentro a las tres de la mañana. Así se cuadra el viaje, no para cuando se haya fijado una cita, se tenga tiempo o plata. Diez horas después, ‘el hijo del agua’, ‘el nieto del trueno’, el mismo Floresmino que viste jeans y calza tenis tipo Puma, llegó a Cali.Fue requisado en la Terminal y detenido quince minutos porque en una de sus dos mochilas tenía una bolsa con hojas de coca. “Los trabajé con la mente y me dejaron ir. El indio es rápido...”, cuenta desde el centro de salud de El Porvenir, donde este médico tradicional del cabildo Nasa tiene ahora un consultorio. Falta decir que tiene sólo 16 años y que desde los 8 ejerce como médico porque cumple con uno de los requisitos básicos para serlo dentro de su comunidad: lo heredó de sus abuelos, a quienes las montañas y lagos sagrados les dieron el mensaje de que él era el elegido.En el nororiente de Cali atiende desde hace una semana en una oficina blanca inmaculada, donde hay un escritorio y sillas plásticas. Un espacio “muy raro y frío” para su gusto, pero que acepta porque se trata de una misión. Él hace parte del grupo de médicos tradicionales, parteras, sobanderos y pulseadores (que tratan el mal de ojo) que se vinculó a la EPS Cosalud para prestar su servicio este centro de atención de la ESE Norte.A las puertas Yat YachgEn el primer día de consultas ya había una lista de doce personas esperando.Lo curioso, dice Catalina Achipis, líder Nasa, es que casi todos eran “no indígenas”, hasta una médica “occidental” que trabaja en el puesto de salud pidió turno.El sitio se llama Yat Yachag o Casa de la Sabiduría (en mezcla de nasa yuwe y quechua), aunque en el aviso de la fachada también dice ‘Puesto de salud de El Porveir’. Es la primera experiencia en el Valle de un centro de atención oficial donde se ofrecen los dos tipos de medicinas: la del doctor con bata blanca y la que “empieza por curar el alma”.El servicio está pensado inicialmente para los miembros de los cabildos Nasa y Yanacona que viven en Cali, porque después de un proceso de más de cinco años lograron reunirse todos en una misma EPS.Son cerca de 2.500 personas provenientes de comunidades que guardan diferencias culturales -lengua y tradiciones- pero que coinciden en que la hierbalegre es la madre de todos los remedios y que antes que comprar un botiquín es mejor tener un jardín en casa.A mí me duele aquí...Para que el médico tradicional sepa hacer la evaluación del mal, empieza mambiando (masticando) la hoja sagrada o de coca. No en el cabildo sino detrás de un escritorio, se concentra en el paciente, lo escucha y llega a la raíz del asunto. El cosmos habla.Para cuestiones sencillas (algunos dolores, alergias, golpes...) el remedio estará en soluciones domésticas derivadas de plantas. Para otras cosas, esas que requieren un “verdadero trabajo” (cáncer, males crónicos...) tiene que hacerse un ejercicio ritual.Manuel Sico, médico Nasa a cuya vocación heredada se suma que fue alcanzado por un rayo, otro hecho que le da valor a su investidura, dice que esos tratamientos se harán directamente en el campo, en La Buitrera. Se llaman rituales intensificados, de limpieza y repotenciación, que pueden incluir toma de yagé y baños.Se prevé que la consulta esté nutrida, pues tienen claro que el indígena se enferma mucho más en la ciudad que en su territorio. Claro, “aquí estamos expuestos a contaminación, mala alimentación y energías muy pesadas”.En Cali, dicen, padecen de obesidad, desnutrición y algo de lo que la gobernadora Nasa Luz Dary jamás había oído hablar en su pueblo: estrés. A estos casos se añadirán todos aquellos que jamás llegan a los centros de salud y que, por lo tanto, nadie trata.“Siempre dicen que si es que las indígenas no tienen hijos, porque nunca van a controles y casi ni se reportan partos. Lo que pasa es que no es esa nuestra costumbre”, explica la líder.En Yat Yachag las mujeres no tendrán que explicar hasta la saciedad que no están interesadas en métodos de planificación familiar porque en la cultura Nasa cada una debe contribuir a su pueblo con al menos cinco hijos. Tampoco les insistirán en el tema de las amputaciones en casos extremos y buscarán maneras alternativas a la occidental para abordar los males de la próstata, examen nada popular en estos grupos. Eso sí, precisa Manuel Sico, habrá cosas que “no serán de nuestra competencia” y que remitiremos a los otros médicos. ¿En qué casos?: “simplemente cuando pasa uno lo sabe”, responde.Lo bueno, complementa, sería que cuando ellos (sus colegas occidentales) identifiquen lo mismo, también les remitan los enfermos, “cosa que casi nunca pasa”. La lista de pacientes sigue creciendo. José Ermindo quiere recuperar el sueño. Soledad anda con vómitos y Amparo nada que queda embarazada. Menos mal el doctor Floresmiro carga la salud en la mochila.

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