"Tenemos que pasar de las palabras a las acciones": asesor de la Alcaldía, Nicolás Orejuela

Abril 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País.

El asesor de la Alcaldía, Nicolás Orejuela, dice que la ciudad empieza a reaccionar del letargo. “Debemos construir una Cali para 10 o 20 años”, agrega.

El asesor de la Alcaldía, Nicolás Orejuela, dice que la ciudad  empieza a reaccionar  del  letargo. “Debemos construir una Cali para 10 o 20 años”, agrega.

 

Nicolás Orejuela, asesor del alcalde Maurice Armitage, es de las nuevas generaciones  de caleños que decidieron dejar el sector privado para apostarle a lo  público y   trabajar en  la construcción de un mejor futuro para su ciudad. 

Este abogado está convencido que la capital del Valle del Cauca tiene muchas oportunidades a nivel regional, nacional e internacional,  pero también cree que todos los sectores deben empujar para consolidar una ciudad más amable, segura, equitativa y de oportunidades.

Asegura que hacia allí  apunta este Gobierno, no solo pensando en este cuatrienio, sino para los próximos 10 o 20 años.

¿Cómo se imagina a Cali en 10 años?

La sueño como una Cali amable, segura, moderna y pujante. Incluyente, que sea disfrutada por propios y extraños en un ambiente de tolerancia e igualdad. Que pudo superar sus desafíos en seguridad. Con un mejor sistema de transporte y con el corredor verde en marcha. Como capital del Pacífico, me la imagino de puertas abiertas, sin fronteras y que todos sus habitantes se reconozcan en las diferencias y vivan en sana convivencia.

¿Qué visión tiene de Cali  hoy?

Encuentro una Cali con muchas posibilidades, que pretende hacer muchas cosas, pero que  para poderlas hacer está partiendo de lo que hoy tiene y con eso analizar qué va a hacer y cómo lo va a hacer. 

Veo una Cali recuperando un espacio dentro del occidente colombiano, una ciudad  que empieza a tener inversiones de empresas internacionales, a conectarse y hace esfuerzos para impulsar el desarrollo de Buenaventura,  que por la posición estratégica que tiene debe apalancarse en ella. Buenaventura debe convertirse en una extensión de la ciudad. Veo  una Cali que comienza a reaccionar  del letargo y viene avanzando de unas administraciones   con grandes dificultades, que el Gobierno actual reconoce y presenta en el  Plan de Desarrollo para tratar de  mitigarlas.

De las dificultades de hoy, ¿en qué se van a concentrar a trabajar? 

Lo primero es recuperar la confianza de los caleños en la administración, en lo  público. Hoy hay frustración, desconfianza y desinterés.  Eso solo se logra con  resultados, pasando de  las  palabras a  las acciones y generando hechos que la gente   palpe que son cercanos. De ahí una reforma administrativa que permita la  modernización del Estado y la eficiencia en el servicio público es clave. 

Necesitamos movilidad con criterio de  servicio público para el caleño como cliente y no la relación de negocio entre privados. Una Cali que viene mejorando los  indicadores en seguridad, lo que  se ha acompañado  de una  política de fortalecimiento  institucional e  inversión social, que  empieza a dar resultados. Una Cali  con problemas de riesgo, pero que con el  plan jarillón le apuesta a evitar un problema sanitario con una   posible inundación.

Una Cali que no quiere seguir viviendo del pasado, que quiere empezar a construir su presente y  vuelve a retomar algo que está en nuestro ADN y es esa Cali cívica, pero que se fue adormeciendo y hoy vuelve   a resaltar con una apuesta real que hace el alcalde Maurice  Armitage.

¿Cómo construir el futuro de una ciudad      con intereses individuales? 

La única forma de que Cali logre avanzar en las  expectativas y retos que tiene es aplicando un criterio de administración pública: gobernanza,  que  todos los actores  participen para lograr un objetivo común.

¿Y eso se está haciendo   hoy?

Se está empezando a hacer realidad. Necesitamos trabajar con el sector político, privado, académico,   organizaciones de bases, líderes de comunas.   Hoy se empieza a ver la intención de poder tener  sinergia entre lo público y lo privado.  Si eso no es así,   estamos condenados a la ineficiencia   y  a seguir perdiendo posicionamiento   regional y nacional.

¿En cuánto tiempo se podrá ver esa  nueva Cali que están diseñando?

Cali viene en las últimas  administraciones con avances en infraestructura, en un ejercicio fiscal eficiente. Hoy el Gobierno  tiene el reto de superar la expectativa que ha creado en los caleños,  donde una  persona marginada de lo público asumió la responsabilidad como empresario de darle un  criterio de progreso, eficiencia y  de transparencia en  el diálogo con el ciudadano. 

No podemos  seguir pensando la construcción de ciudad en proyectos de 4 años. Si se  quiere ver una Cali a 10, 15 años,  hay que planearla hoy. Entender para dónde vamos y qué estamos haciendo hoy para construir la Cali que  necesita ser eficiente.

La Administración quiere un municipio eficiente y moderno. ¿Cómo  va la reforma administrativa?

El objetivo de la reforma es modernización del  Estado,  garantizar  la prestación de un servicio público eficiente y  que el Municipio haga presencia directamente en  el territorio. 

Y lo que pretendemos  con este modelo, que se  construirá con el sector privado, académico,  trabajadores,   concejales y otros actores, es hacia dónde queremos que Cali se proyecte, no a 4  años, sino a  20 años, donde el caleño pueda, con   tecnología, acercarse a la Administración y pueda ir en  su comuna  a los Cali,    encontrar la desconcentración del Municipio en su territorio,   pagar  impuestos, resolver  necesidades, encuentre respuestas. Tener  un Municipio en movimiento.

Necesitamos definir una política pública de ingresos y oportunidades. Desarrollar emprendimiento e innovación, pero también  requerimos una ciudad que abra puertas, que garantice proyectos de alta inversión en temas industriales,   de tecnología.

Cali tiene unas condiciones que la hacen viable ante  la comunidad internacional y eso hay que explotarlo.  

El Plan de Desarrollo  marcará el futuro de Cali en los próximos años. ¿A qué le va apuntar el Gobierno?

El 54 % de nuestra población está concentrada en los estratos 1 y 2. Eso  significa que tenemos dos Cali, necesitamos superar esa brecha  generando  políticas que rompan la desigualdad.   

Los problemas de seguridad no se superarán  ni se logrará tener una Cali sin problemas de alimentación y  con indicadores bajos en educación si   no se hace inversión social, que debe ir concentrada en la política  de generación de  ingresos y oportunidades, en  fortalecer el sistema educativo con infraestructura y calidad. Si no se entiende que la inversión social es el punto relevante difícilmente se superarán las expectativas. El Plan de Desarrollo  tiene esa connotación. Territorios de Inclusión  y Oportunidades se van a fortalecer. El eje social se llevará el 70 % del presupuesto en el Plan de Desarrollo. 

Se busca que la gente no tenga condiciones mínimas sino justas. La idea es lograr una Cali menos inequitativa. Eliminar eso en 4 años es una utopía, empezar a generar el  camino para que eso ocurra y se consolide sí es una realidad, y eso se consagra en el Plan de Desarrollo.

¿De dónde van  a salir los recursos para todos esos proyectos?

El Municipio inicia con presupuesto de libre destinación que le permite apalancar desde el primer año de gobierno una  serie de acciones. El presupuesto, según los ingresos del Municipio, nos puede dar  $10 billones en los próximos cuatro años. El resto es buscar recursos de cooperación internacional, como  los $300.000 millones que se están consolidando con el BID.

Hay que  fortalecer la cooperación del Gobierno Nacional, sobre todo en el posconflicto, hay que apostar ahí a conseguir recursos. También mirar a qué endeudamiento podemos llegar para romper esa brecha de desigualdad social. Más que discurso bonito, es pensar que tenemos hoy, cómo lo vamos a hacer, ese es el camino. 

Se da como un hecho que Cali va a ser la capital del posconflicto. ¿Qué tan preparada está la ciudad para recibir a los desmovilizados?

Hoy, Cali, sin tener la firma de los acuerdos de La Habana, es la segunda ciudad de Colombia receptora de víctimas del conflicto, 170.000 personas, y la tercera receptora de desmovilizados. Ya tenemos una realidad, pero hay que pensar que esa situación se puede generar y hay que estar preparado para eso. 

¿Qué se hace para enfrentar eso?

Estamos asumiendo un compromiso de una paz, que empieza por el respeto mutuo y apalancando escenarios de  discusión    y promoviendo que el sector  privado se comprometa y vea que esa es una situación que el Municipio tiene. No podemos  hablar de paz si tenemos un ciudad tan desigual, si no logramos atender  ese flagelo con hechos y realidades y con oportunidades  de crecimiento, educación, empleo,  vamos a estar  marginados, así se tenga firmado el acuerdo de La Habana. El reto es romper la brecha de esa desigualdad.

¿Podrán  cambiar la cara a Cali?

Estamos convencidos de que eso va a pasar, tenemos un alcalde que su única agenda política es Cali, que a los cuatro meses está  dando ejemplo de ello. Es un alcalde que se ha comprometido con tres temas: garantizarle al  caleño después  de 4 años una movilidad que se concentre en el cliente, es decir, el usuario, pero también concibe la movilidad como una inversión de $45.000 millones para fortalecer las ciclorrutas; está pensando en una empresa de servicios públicos que no siga siendo el anhelo de lo que una vez fue sino que se consolide en lo que puede ser. Cuatro años son el espacio mínimo para consolidar una empresa que en los próximos 10 o 15 años pueda  generar proyectos de inversión social en Cali. También el jarillón del río Cauca, que  deje de ser  escenario de riesgo y se convierta en una posibilidad social. Hay que tener la capacidad de planear, pero no para un año, sino con retos a 10 o  20 años.

¿Se ve a futuro como alcalde de Cali? 

Me veo trabajando fuertemente. Para poder pensar en eso hay que generar hechos y precedentes, cuando eso suceda y la  sociedad y los caleños lo reconozcan puede ser una opción, por ahora no pierdo el tiempo pensando en esa posibilidad, ni  dejo de hacer lo que realmente debo hacer.

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