Cali también vibra con el 'superclásico' del Real y el Barcelona

Abril 19, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Heinar Ortiz Cortés I Reportero de Elpais.com.co

Ni siquiera un clásico entre Cali y América le deja al comercio local las ganancias que llegan con un partido como el de hoy. ¿Por qué? ¿qué explica esta pasión prestada de una tierra que muchos ni siquiera conocen? Elpais.com.co lo averiguó.

¿Cómo es posible que el miedo logre arrebatar la pasión por una camiseta y desviarla hacia un equipo de un lugar que ni se conoce? Juan Sebastián no tiene la respuesta, pero se declara hincha furibundo del 'Barça'. Sabe que quizá nunca pise las gradas del 'Camp Nou', pero también tiene claro que, cuando lleva la camiseta 'blaugrana', no corre el riesgo de perder la vida. Con la del América, su 'mechita' del alma, se expone al riesgo de morir apuñaleado en cualquier esquina.Juan Sebastián es hincha del rojo desde que llevaba pañal. Lo lleva en los huesos. Es más, dice que no hay nada como ir al estadio. Hacer la ola, gritar una falta y sentir los tambores de las barras retumbando en los oídos. Pero cuenta que desde que la violencia se tomó los escenarios deportivos de Cali, no volvió. Nunca más. Y es por eso que desde hace más de un año su pasión, y ese fervor de los clásicos en las tardes soleadas de viento arrebatado en el Pascual, los cambió por la señal del televisor, cada vez que juega el Barcelona.Javier Leguizamón, en cambio, es seguidor apasionado del Deportivo Cali. Pero por estos días prefiere lucir la del legendario Real Madrid. De hecho, lo hace desde mediados de la década del 2.000, cuando al equipo 'merengue' le llamaban 'Los Galácticos', por tener una nómina en la que figuraban Zidane, Roberto Carlos, Figo, Beckham y Ronaldo.Asegura que sigue al conjunto de Mourinho por su filosofía del fútbol, por su historia y porque lo que le hace sentir cuando juegan bien ganan: la indescifrable emoción del buen fútbol, el inexplicable sofoco que produce un gol.En Cali, a más de 8.300 kilómetros de distancia de España, también hay fiebre desbordada por el Real Madrid y el Barcelona. Aunque muchos ni siquiera han pisado el suelo de la Madre Patria, y seguramente morirán sin pisarlo, centenares, miles de hombres y mujeres, se declaran hinchas apasionados de uno u otro equipo. Conocen sus historias, sus jugadores, sus gestas heroicas; compran sus camisetas, discuten acaloradamente sobre sus esquemas tácticos, apuestan plata por ellos y, por supuesto, no se pierden ni un sólo partido. Mucho menos por estos días, cuando los caprichos del Dios del Fútbol les regalaron cuatro clásicos históricos en menos de un mes.Juan Sebastián Blandón, por ejemplo, a sus 23 años es una 'biblia' del Barcelona. "Le sigo todos los partidos. No sólo los importantes, sino también los de copas contra equipos menores. Me sé la alineación, los suplentes y las posibles variantes. Tengo mi camiseta original del Barcelona, que la compré como hace seis meses. Desde hace un año no me pierdo ningún partido de ellos. Veo las entrevistas a los jugadores y equipo técnico”, cuenta Blandón.Y agrega con convicción: “Al hacer todo esto, uno empieza a entender cómo funciona el club. En parte, por eso entiendo el concepto futbolístico del 'Barça'. La filosofía del club me gusta: creo que es trabajar desde la cantera, no pagar por los mejores, sino empezar a formarlos desde la casa. No son el típico equipo que anda buscando jugadores sino que trabaja para hacer los mejores".El clásico español mueve al mundo, no hay duda. Más de 400 millones de personas detienen su reloj, su vida, su mundo, por 90 o 120 minutos, para ver el cotejo. Este miércoles, desde las 2:30 p.m., así lo hicieron. Muchos, incluso, se reunieron en algún lugar especial para verlo. Como el pasado sábado 16 de abril, cuando en zonas y centros comerciales como Jardín Plaza, Unicentro y Chipichape, los negocios con señal satelital de televisión no daban abasto.Ese día, en el barrio Granada, al norte de la ciudad, el bar Bourbon St. quedó a reventar, como el Santiago Bernabeu. Más de 250 caleños, hinchas de los dos equipos, se congregaron allí para ver el máximo duelo del balompié mundial. Mauricio Echeverry, dueño del bar, asegura que cuando se trata de un clásico entre América y Deportivo Cali, no se tiene ganancia. "Ni comparación. Se hace pero no pasa nada. Para un clásico local llegan si mucho 50 personas. Con este partido sí hay ganancias, con el clásico local es perder el tiempo", indicó Echeverry.Luis Fernando García, barcelonista a morir, llegó tarde al bar pero lo hizo como si hubiera arribado al mismísimo 'Camp Nou': con toda su familia vestida de 'blaugrana' y dispuesto a armar una fiesta: "¡oe, oe, oe, oe, 'Barça', 'Barça'!", fue el coro permanente del grupo durante gran parte de los 94 minutos de juego.García asegura que en Cali no es seguidor de ningún equipo porque vivió 10 años en España y desde entonces es hincha del conjunto de Guardiola. Su única pasión es ser 'blaugrana'. Y sí que se notó en el bar.En Cali, los seguidores de Barcelona y Real Madrid son muchos más de los que se creen. Una pasión cercana a la sentida por los equipos locales. Fabián Aristizábal, de la tienda deportiva Fabysport, asegura que mensualmente vende más de 100 camisetas entre ambos equipos, sin contar los llaveros, balones, tulas y medias que se llevan los seguidores.Además, Aristizábal asevera que en época de clásico las ventas se aumenta un 50%, cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que los precios de las camisetas de ambos conjuntos oscilan entre 30.000 pesos las réplicas y 230.000 pesos las originales."Algo que he visto es que casi siempre los que compran cosas del Madrid son del Cali y los que son hinchas del Barcelona son del América. Quién sabe por qué", expresa Aristizábal.Pero ¿Por qué los partidos entre Barcelona y Real Madrid se viven con tanto fervor en Cali?, ¿Cómo es posible que personas que viven a más de 8 mil kilómetros de España digan ser “hinchas” de equipos de ese país?La respuesta obvia ante los ojos de cualquiera, es que este partido es un clásico donde se enfrentan 22 de los mejores jugadores del mundo y que es imposible perdérselo. Sin embargo, algunos periodistas aventuran otras hipótesis al respecto.Willy Medina, por ejemplo, sostiene que en parte ese fervor se debe a la masificación de la información sobre el juego y la crisis que afronta el fútbol colombiano. "Antes, la referencia del fútbol europeo era mínima. Sólo la teníamos quienes trabajamos en esto. Hoy la tiene todo el mundo, gracias a la rapidez en la información. Además mientras la realidad de nuestro fútbol es de dramas, de deudas y de mal fútbol, la gente disfruta con el poder sentarse cómodamente, en familia, a ver al Barcelona y al Real Madrid, que son un verdadero espectáculo", dice Medina.Su colega, Javier Gutiérrez, manifiesta que "a raíz de la situación de los equipos y sus malos resultados en Colombia se ha creado un vacío en la afición, que lo llena con el fútbol del extranjero. Al ya no haber logros en las divisas locales, pues se buscan logros en las internacionales, gracias a la globalización"."En Cali, principalmente el aficionado es hincha del buen fútbol más que de la camiseta. La pasión por el fútbol en Colombia no ha muerto, y por eso escucha uno a personas diciendo cosas como 'soy del 'Barça'', cuando ni siquiera han ido a España o 'soy del Madrid' y sólo conocen esa ciudad por fotos", añade el periodista.Es cierto. El fútbol no tiene nada que ver con empresarios inescrupulosos que no les pagan a sus jugadores profesionales y prefieren llevar a un sacrificio público a su cantera. Tampoco tiene que ver con futbolistas perezosos que no sienten la camiseta. Ni con gente confundida que se cita en las estaciones del MIO para librar una batalla a punta de piedra y cuchillos, en nombre de dos camisetas.El fútbol, ante todo, es espectáculo, es magia, es fiesta. Quizá por eso, hay más hinchada frente al televisor que trae la señal de España, que en las tribunas locales. Quizá por eso, muchos prefieren pagar una gruesa suma en algún bar o restaurante de la ciudad, sólo para disfrutar 90 y algo minutos de esa pasión inexplicable, limpia y legítima que rueda con el balón. Quizá por eso, en Bourbon St., nadie hizo malacara cuando llegó la odiosa carpeta de cuero negro que traía la cuenta. Ver buen fútbol sale caro... pero vale la pena.

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