Talentos Fútbol Club, la escuela que rescata jóvenes de la violencia

Julio 16, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lina Uribe | Reportera de El País
Talentos Fútbol Club, la escuela que rescata jóvenes de la violencia

Jhon Jaider Biojó está seguro de que el deporte es un camino para rescatar a los jóvenes de la violencia. “Con esto yo muero, no sin antes gritar algún gol de mis muchachos en un equipo profesional”, dice.

En Potrero Grande, niños y jóvenes eligen el deporte como una opción de vida.

En el  oriente de  Cali, barrio Potrero Grande, hay un grupo de 40 niños y jóvenes que se reúnen todos los días con un objetivo común, el mismo que los hace quizá menos propensos a las problemáticas que aquejan al sector: el fútbol.

El profesor Jhon Jaider Biojó es el cómplice de esta aventura. Hijo de Tumaco, llegó a Cali hace 12 años y en el 2008 decidió crear una escuela de fútbol para enseñar aquello que había entrenado en su tierra. No obstante, las precarias condiciones le hicieron desistir de su idea tan solo un año después. No tenían ni uniformes ni apoyos de ningún tipo. A veces sus muchachos debían jugar con las camisetas sudadas que habían usado otros equipos.

Sin embargo,  en los cinco meses que transcurrieron luego de haber cancelado los entrenos, varios de sus exfutbolistas fueron asesinados debido a sus nexos con  las pandillas. Para esos jóvenes, la opción de enfocar sus sueños y sus energías en el fútbol se había desvanecido.

Tal panorama hizo que Jhon Jaider reflexionara sobre lo importante que era su labor; en el 2011, el profe decidió retomar los entrenamientos y creó Talentos Fútbol Club, la escuela con la que logra a diario, según cuenta, formar personas de bien.

Dos arcos sin malla reposan en un terreno  ubicado en el extremo sur oriental de Potrero Grande. Aunque  el pasto crece por sectores, es ese el sitio donde los jóvenes le hacen honor al nombre del club de fútbol al que pertenecen. 

De martes a viernes, los futbolistas se encuentran un par de cuadras antes de la cancha, en la sede  del equipo. El lugar es pequeño y los jugadores quedan un tanto apretados cuando entran al mismo tiempo, pero hay un espacio sagrado en el que se exhiben los trofeos y las medallas que han ganado en campeonatos de la zona. 

En una de las paredes reposa un cartel  en el que se detallan las  reglas que deben cumplir quienes pertenecen al equipo. En el segundo piso hay otro recinto que  pronto se convertirá en el gimnasio gracias a que alguien donó unas máquinas. Ahí mismo, en la sede, antes de cada entreno se realiza una charla que sirve para comentar si ha habido algún error, si algún compañero tuvo inconvenientes, si hay motivos para celebrar o si, por el contrario, hay algo por lo que se le deba pedir  a Dios. Este encuentro  también se da al final de cada entrenamiento, justo antes de que los muchachos regresen a sus casas. 

Uno de los motivos de celebración más recientes es que Carlos sacó unas notas excelentes en el colegio. ¿Y por qué el profe está enterado de esto? Porque más que un entrenador, es un amigo y un formador. “Ellos son míos dentro y fuera de la cancha…  soy como su sombra. Si estamos en etapa escolar y veo que algún jugador no fue al colegio,  le pregunto el motivo. También mantengo pendiente de las calificaciones. Cada que hay entrega de notas me traen una copia. A algunos les queda grande esa disciplina, pero no puedo cambiar  porque la meta es formarlos como personas de bien que le aporten a la sociedad y que empiecen a ser el cambio de nuestra comunidad”.

-¿Cuántos de ustedes sueñan con convertirse en futbolistas profesionales? -pregunto con la certeza de que algún jovencito levantará la mano.

- Yo –responden al unísono, con una fuerza que no deja duda alguna.

Ese sueño llamado fútbol es el mismo que ha llevado a los cuatro hombres de la familia Escobar, de 7, 10, 12 y 16 años, a entrenar  sin falta con el profe Biojó. Jhon Frederman, el mayor de los hermanos, se encuentra en periodo de prueba en Cyclones, un club deportivo. “A mí me consta que él y  su familia han hecho hasta lo imposible para que esté donde está. Es un muchacho con mucho talento y sé que va a llegar muy lejos”, augura el profe.  

 Sin embargo, otros chicos no han tenido la misma disciplina o no han corrido con tal suerte. Jhon Jaider recuerda a dos de sus mejores jugadores, aquellos que entrenaba en 2008. Aunque tuvieron la posibilidad de hacer parte de divisiones menores de algunos equipos, se quedaron en el camino por inconvenientes tan simples pero tan decisivos como no tener dinero para transportarse.

Y aunque esta vez el profe Biojó ha logrado conseguir más apoyos, siguen siendo escasos. Por fortuna, desde hace un tiempo Bienestar Familiar se comprometió a llevar refrigerios  para los muchachos. También han recibido aportes de personas que se solidarizan con la causa, pero estos no son constantes.

 Ahora, uno de los sueños más grandes de Jhon Jaider y su equipo es tener un computador en el que puedan sistematizar toda la información de Talentos F.C. y, a su vez, que sirva como herramienta para que los jóvenes puedan investigar y realizar sus tareas escolares.

“Es algo muy loco, pero yo sueño con tener un computador en la sede. Constantemente veo que los muchachos andan embolatados con tareas y los padres no tienen para darle lo que cuesta una hora en una cabina de internet. Yo lo pondría a disposición de todos para que busquen sin tener que pagar, aunque sé que me tocaría rebuscarme lo de pagar el internet”, dice Jhon Jaider.

Para que no suceda lo mismo que le pasó con sus muchachos en  2008, el profe Biojó hizo la promesa de no abandonar nunca su escuela de talentos. “Con esto yo muero, no sin antes gritar algún gol de mis muchachos en un equipo profesional”, dice decidido.

Quienes deseen ponerse en contacto con la escuela deportiva Talentos Fútbol Club pueden llamar al profesor Jhon Jaider Biojó  al 321 887 5172

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