Talento caleño se lanza a la industria de los videojuegos

Talento caleño se lanza a la industria de los videojuegos

Febrero 27, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos, reportero de El País.
Talento caleño se lanza a la industria de los videojuegos

Este es el equipo de Flamin Lab. Luis Felipe Rodríguez (celular en la mano) es su fundador.

Flamin Lab es un laboratorio caleño que diseña juegos para iPad y iPhone. ¿Puede hacerse un videojuego exitoso en un país que apenas descubre una industria?

En un apartamento convertido en oficina, ubicado en el Oeste de Cali frente a una panadería famosa, se gestó una revolución. Las cucarachas decidieron tomar el control del mundo. Somos más que los humanos, pensaron. Es justo vengarse de tantas pisoteadas. Llegó el momento de atacar. Usted, sí usted, deberá luchar contra ellas para salvar la humanidad.IIEl apartamento convertido en oficina es de paredes rojas. Hay cuatro hombres, una mujer. Trabajan frente a computadores MAC. Son ellos los culpables de la revolución de las cucarachas. También crearon un monstruo que está a punto de salir a las calles. Vomita y se tira pedos como defensa contra todo aquel que lo quiera bañar. El monstruo ama la suciedad y así quiere permanecer. Usted deberá ayudarlo. Y hay un hipopótamo que corre por un desierto. Un ejército lo quiere capturar a como dé lugar. Utilizan camperos con metralletas y hasta tanques de guerra que le lanzan misiles. Los cuatro hombres y la mujer del apartamento convertido en oficina quieren que el hipopótamo escape. Usted, ¿quién más acaso?, es el elegido para guiarlo hasta su salvación. IIISucedió en 2010. Un diseñador gráfico apodado por su padre Chispas debido a una suerte de hiperactividad pensaba: ¿cómo hacer un videojuego? ¿Cómo hacer una empresa de videojuegos en Cali, una ciudad que los consume pero que no los fabrica, una ciudad que apenas descubre esa industria?Chispas, Luis Felipe Rodríguez, 28 años, le daba vueltas al asunto. Era definitivo, la definición del destino de un hombre. Ya había sido empleado, reflexionaba, y no quería pasar el resto de sus días cumpliendo un horario, recibiendo órdenes, ganando un salario seguro pero escaso. Quería, definitivamente, hacer empresa, el riesgo, lanzarse al vacío. Y que esa empresa estuviera relacionada con la pasión que tuvo desde niño: Mario Bros, Resident Evil, Silent Hill, los videojuegos. Lanzarse al vacío sin paracaídas, hacer empresa en una industria poco explorada. Chispas empezó a investigar cómo se hacían los videojuegos. Tardó 8 meses. Había estudiado diseño gráfico en Bellas Artes Cali, primero, y después una especialización en gestión estratégica de diseño en la Universidad de Buenos Aires. En ninguno de los dos sitios le habían enseñado. El caso es que tras los ocho meses de investigación, se encontró con Germán Vallejo, un programador. Y en los videojuegos, el programador es Dios. Determina cuánto daño hace un arma, la rapidez con la que camina un personaje, la manera en que debe reaccionar un balón de fútbol al ser pateado. Un programador le da vida a la idea de los diseñadores. Chispas, diseñador, habló con Germán Vallejo, programador. ¿Por qué no hacemos un videojuego? Sí: en los días actuales, tras los avances tecnológicos, hacer un videojuego apenas requiere de una idea y dos personas para empezar la aventura, no importa que se esté en un país que apenas descubre la industria. Aquel fue el nacimiento de Flamin Lab. Flamin, claro, viene de Chispas. Flaming, en inglés, significa llameante. IVFlamin Lab es un laboratorio de videojuegos. Chispas, Germán Vallejo, Mario Romero, diseñador multimedial, Guillermo Álvarez, artista 3D, Yamileth Villegas, contadora, los diseñan y los comercializan para iPad y iPhone incluso en 3D. Sus descargas ya se cuentan por miles y desde países tan lejanos como China. Mag Trap, por ejemplo, fue el primer juego que lanzaron, exclusivamente para iPad. Es un acelerómetro con nivel infinito. La idea es sencilla pero divertida: mover el Ipad en varias direcciones para introducir una bola en distintos orificios. Roach n' Roll fue el segundo. Se trata de la revolución de las cucarachas. Hay que aplastarlas. Las de agua son las más difíciles de matar. Hay que ponerles el dedo encima de la pantalla una y otra vez, como el pie en la vida real. Destruir, en los videojuegos, tiene su encanto. A veces recreamos lo que hacemos en la cotidianidad, matar cucarachas. Otras veces, la mayoría, destruimos lo que en la realidad no podemos. Entonces nos creemos soldados que disparan bazucas y manejan tanques, guerreros que parten demonios, agentes que acaban zombies. Y siempre por una gran causa: salvar al mundo. Preferimos ser superhéroes que destruyen para salvar el planeta que dioses que lo crean. Roach n' Roll es uno de los juegos más elaborados de Flamin. Tardaron tres meses, invirtieron casi $14 millones en salarios, programas, un trailer, publicidad. Y ambos juegos, el acelerómetro y las cucarachas, se descargan de manera gratuita en la tienda Apple. Lo mismo, es la idea, sucederá con los próximos lanzamientos, el juego del hipopótamo que huye, el monstruo que vomita.¿Cómo, entonces, ganar dinero? Las aplicaciones que más obtienen ganancias son justamente las gratuitas. Chispas lo sabe.VFlamin Lab tiene una especie de modelo económico que sigue a rajatabla: hacer buenos juegos que no sean costosos en su elaboración. Algo sencillo pero que le guste a miles, ojalá a millones. Como Angry Birds, ese juego de pájaros que destruyen fortalezas para recuperar el nido que les robaron los cerdos. Es la manera más rápida de recuperar la inversión, obtener ganancias. Ese modelo, justamente, fue la propuesta que presentó Chispas y su equipo en 2012 al Fondo Emprender del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena. Ganaron. Fueron $50 millones que recibieron a través de ese Fondo estatal que financia iniciativas empresariales. El Ministerio de Cultura también hizo su aporte. Con ese dinero, sobre todo, se están pagando los sueldos. También algunos equipos. Pero no solo de apoyos vive la industria de los videojuegos local. Chispas tiene claro el negocio. Hay muchas maneras de monetizar un juego gratuito. El juego de las cucarachas se monetiza gracias a la publicidad. Cada que se abre Roach n' Roll el usuario ve un banner publicitario. Si le da click, Flamin Lab gana dinero.Con el juego del monstruo tira pedos se tiene pensado utilizar un sistema de créditos. El usuario, con 99 centavos de dolar, por ejemplo, puede adquirir nuevos niveles, nuevos jefes para enfrentar. Y quizá en Colombia aún no, pero en países como Estados Unidos sí existe la cultura de pasar la tarjeta de crédito para mejorar los personajes, las posibilidades de los juegos. Es otra forma de ganar utilidades, aunque aún en esa jungla web hay un mundo por descubrir. VI¿Cómo se hace un videojuego? Chispas dice que todo parte de una idea. Puede ser un personaje, una historia, un hecho. Después hay que resolver una pregunta. ¿Cómo hacemos esto jugable? La jugabilidad, como los gráficos, son las claves del éxito. La jugabilidad es algo así como las reglas de funcionamiento de un juego. Si esas reglas son sencillas para el usuario, si responden como el usuario espera que funcionen, el éxito se acerca. Después se realiza un prototipo. Es un nivel básico de juego. Se ensaya una y otra vez para detectar fallas en la jugabilidad. Si funciona llega la etapa de arte. Es ahí donde se diseñan los objetos del juego, las armas, los paisajes, los diseños, los enemigos, los tesoros, las pócimas mágicas, los poderes, los personajes. Justo después llega la etapa de producción. El programador le da vida a la idea que tienen en mente los diseñadores, ensambla todo los componentes. En Flamin Lab utilizan un motor gráfico llamado Unity 3d. Una vez listo, se sube a la tienda de Apple. Para tener el permiso se requiere ser desarrollador de la empresa de la manzana, y eso se logra comprando una membresía anual. VIIFlamin Lab pretende internacionalizarse, hacer juegos para grandes clientes, buscar inversores. Chispas ríe. Sueña con ese futuro. Sigue en su salto al vacío sin paracaídas y aún sobrevive. Habla de cifras. Los videojuegos venden más que el cine y la música. Todo porque la mayoría de los que tenemos 30 crecimos con las consolas. Esperábamos en Navidad, en los cumpleaños, que nos regalaran juegos. Ahora que tenemos trabajo, ahora que somos responsables, los compramos y aquello nos supone una inversión obligada, jamás un gasto. Y esa tradición la heredará la generación que viene. El éxito de la industria de los videojuegos está más que asegurado. Chispas, mientras tanto, toma su Ipad, juega.

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