¿Su niño es inquieto o hiperactivo? Entérese cómo saberlo

Abril 27, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
¿Su niño es inquieto o hiperactivo? Entérese cómo saberlo

El 30 % y 65 % de aquellos a los que se les diagnosticó el trastorno de déficit de atención e hiperactividad en la infancia, lo sufrirán también en la edad adulta.

Esté alerta a los comportamientos de su hijo, podría presentar el trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Un software puede llegar a validar el diagnóstico de esta enfermedad.

A menudo, los padres y profesores se perturban por el mal comportamiento de los niños inquietos que suelen ser catalogados como necios, y hay una tendencia alta a que estos sean diagnosticados con el déficit de atención o hiperactividad, sin acudir a especialistas.En Colombia el último estudio de salud mental realizado en el 2003 por el Ministerio de Protección Social indicó que el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, TDA/H, es uno de los trastornos que presenta la edad de aparición más temprana (5 años) y se estima una prevalencia del 5 al 7 % de la población escolar.Al respecto, Francisco Pereira, director del Diplomado en Avances en Detección, Diagnóstico y Tratamiento del TDA/H de la Universidad El Bosque, de Bogotá, aclara que este es un trastorno que inicia en la infancia y comprende un patrón de conductas de desatención, hiperactividad e impulsividad. Estas conductas tienen una mayor frecuencia e intensidad de lo que es habitual según la edad y el desarrollo del niño e interfieren de forma significativa en el rendimiento escolar y en las actividades de la vida diaria del niño.La complejidad de este trastorno ha generado errores que pueden dejar secuelas permanentes en niños que han sido mal diagnosticados o que los padres dejan pasar los síntomas por inadvertidos. Frente a esto, la sicóloga Mara Tamayo, especialista en dificultades del desarrollo infantil, cuenta que los principales síntomas que presenta un niño con déficit es la facilidad para distraerse, dejar tareas inconclusas, el cambio frecuente de actividades y aburrimiento en ellas. Igualmente, resalta que la hiperactividad, aunque es diferente al déficit de atención, presenta los mismos síntomas más la constante actividad que le impide al niño quedarse quieto. Asimismo, la especialista destaca las causas por las que se presenta este tipo de enfermedad en los niños. “El déficit de atención se da principalmente por problemas emocionales o por el entorno en el que se forma el niño, como conflicto entre los padres. Mientras que el hiperactivo presenta una disfunción cerebral mínima”, afirma Tamayo. Aquellos que tienen este tipo de trastorno presentan un mayor riesgo de fracaso escolar, acompañado de otras secuelas, entre las que están la baja autoestima, inferioridad, aislamiento y dificultades para relacionarse. En varias ocasiones este trastorno está mal diagnosticado en niños que simplemente presentan mal comportamiento y lo más preocupante que señala Pereira es que, estos menores reciben medicamentos y con ello su salud y desarrollo personal se ven afectados, dejando además secuelas a largo plazo.Por ello, la sicóloga Tamayo destaca la importancia de un buen diagnóstico que, acompañado de un tratamiento adecuado para el niño, el apoyo total y acompañamiento de los padres y maestros, ayudará a la pronta recuperación del pequeño, la cual puede demorar de tres a cuatro meses.Para un diagnóstico apropiado, en la Universidad El Bosque, se está avanzando con el desarrollo de un software que permite codificar la información y tener una interpretación de los datos de manera mucho más acertada.Con este software se puede llegar a validar el diagnóstico de trastorno de déficit de atención o hiperactividad, contemplando todas las dimensiones de la vida de los niños, basándose en un sistema experto de lógica que identifica a los pequeños hiperactivos y les permite a las familias y especialistas tener una mayor seguridad para tratar a tiempo esta enfermedad.El sicólogo Francisco Pereira concluye que todos los adultos tienen responsabilidad en la salud mental de los niños, de modo que “debemos evitar poner etiquetas o clasificarlos entre buenos o malos y dejar tanto el diagnóstico como el tratamiento en manos de profesionales expertos y estar atentos de su salud y velar por el pleno desarrollo de su vida”.

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