Soffy Arboleda, maestra insigne de la cultura caleña

Septiembre 30, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Claudia L. Bedoya | El País
Soffy Arboleda, maestra insigne de la cultura caleña

Su labor como educadora también la ha llevado a los terrenos de la culinaria, y desde el 27 de marzo de 1987, a través de su columna de El País, ha puesto el tema en boca de todos.

Soffy se distingue en el panorama de la cultura nacional, entre otras cosas, por ser la curadora de una exposición de Alejandro Obregón para el Museo Nacional de Colombia y hacer el inventario de la obra de Enrique Grau en Cali

Para Soffy Arboleda de Vega no hay preguntas bobas. Ella, como buena docente que trabajó durante 30 años en la facultad de Humanidades de la Universidad del Valle –de la cual fue cofundadora- siempre está presta a responder y a satisfacer curiosidades.“Si necesito el dato de un santo, la iconografía o algo relacionado con el arte colonial, que es una de sus pasiones, le consulto; o también si tengo que resolver un problema culinario. Siempre pone sus conocimientos al servicio de los demás”, dice Miguel González. Soffy se distingue en el panorama de la cultura nacional, entre otras cosas, por ser la curadora de una exposición de Alejandro Obregón para el Museo Nacional de Colombia y hacer el inventario de la obra de Enrique Grau en Cali.También le fascina que los lectores de su columna de cada viernes en este diario le escriban para pedirle consejos o para que les regale de nuevo un truco o una receta. Pero sus principales discípulos son sus nietos Lucas, de 13 años, y Matthias, de 10. Los instruye en el tema del arte y llega al punto de “tomarles la lección”, cuenta Paula Vega, mamá de los niños e hija de Soffy. “A mis nietos les enseño mucho arte, a veces por las buenas, a veces por las malas. Y busco para enseñarles cosas que tengan un tinte agradable: les muestro películas, les doy a ver libros y quedan aprendidos. El último artista del cual les enseñé fue de Toulouse-Lautrec”, cuenta.Cada vez que viaja no escatima en comprar ayudas didácticas para hacerles interesante el aprendizaje; aunque ella, en su estudio, aún conserva clasificadas y ordenadas las diapositivas que fueron sus fieles compañeras en sus clases de historia del arte en la Universidad del Valle.El cardiólogo Martín Wartenberg, quien fue su alumno, las recuerda bien: “Mostraba en clase las diapositivas con las grandes obras y eso nos creó a muchos de sus estudiantes un interés por el arte. En sus clases era estricta, pero a su vez amable y divertida”, recuerda el médico.Y aunque sus grupos eran numerosos, jamás dejó de ser exigente. Cuenta que en una ocasión uno de sus estudiantes se quedó dormido en clase. “Le pedí que se retirara, él no quería, y le dije: ‘Te sales tú o me salgo yo’. Salió y cuando terminé clase me estaba esperando para reclamarme y le dije: ‘No solo tengo que enseñarte, sino velar por tu salud. Ahí estabas durmiendo en mala posición, por eso te saqu钔.Su labor como educadora también la ha llevado a los terrenos de la culinaria, y desde el 27 de marzo de 1987, a través de su columna de El País, ha puesto el tema en boca de todos. Por eso, además de juez, “Soffy es indispensable en encuentros y actividades de tipo gastronómico porque de ella se aprende mucho, tiene espíritu de educadora y sigue siéndolo”, señala el investigador Germán Patiño. Él también reconoce en Soffy una mujer “con la misma curiosidad intelectual de cuando era joven”.Y ella lo admite: “Soy historiadora de arte y musicóloga, eso es lo que estudié y todavía estudio. Antes de escribir una columna investigo porque no me gusta hablar de lo que no sé. Además, respeto las profesiones y por eso digo que no soy periodista ni tampoco chef”.Pero Soffy también es buena instructora en el póker: “Es excelente. El póker tiene 20 ó 30 formas de ser jugado y ella nos ha enseñado como diez, es una maestra”, cuenta su amigo Jorge Restrepo Potes, con quien cada martes, después del almuerzo de la mesa liberal del Club Colombia, dedica tiempo al juego. Mariana Garcés Córdoba, ministra de Cultura, reconoce que para nutrirse de los conocimientos de Soffy, cualquier espacio vale: “Compartimos en la junta directiva del Teatro Municipal y en el consejo de programación de Telepacífico. Todos esperábamos que Soffy no faltara porque sus carantantas y demás delicias hacían parte de la felicidad de esas reuniones, además de sus aportes intelectuales. Hay que admirarle su rigor, su compromiso con el sector cultural, su permanente disposición para estudiar, la generosidad de compartir sus conocimientos y la verticalidad de sus ideas”.

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