Sobreprotección: dañina obsesión

Mayo 08, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Sobreprotección: dañina obsesión

Cuidar en exceso a sus hijos y pretender tenerlos en una urna de cristal puede hacer de ellos personas inseguras, incapaces de decidir y posibles víctimas del matoneo escolar. A conquistar el mundo!

Dicen que en el amor todo se vale. Sin embargo, hay padres que en nombre del amor que sienten por sus hijos levantan murallas para protegerlos o los preservan dentro de una urna de cristal a prueba de todo. Esta posición sobreprotectora le impide al niño exponerse a cientos de situaciones que hacen parte de la vida real y que, de ser afrontadas, podrían aportar a su formación en valores, a su sociabilidad, a la formación de su carácter y a su capacidad para resolver situaciones. Annie de Acevedo, psicóloga de familia, cuenta que ha conocido casos de padres que al segundo episodio de resfriado de su hijo en el preescolar deciden retirarlo “porque no quieren que el niño sufra”, cuando esa vivencia, al igual que golpearse o caerse, viene en el paquete de enfrentar la realidad. Ante tales situaciones compañías como Nestlé adelantan una campaña nacional para concientizar a los padres de los efectos de la sobreprotección, que en opinión de Acevedo “es una protección innecesaria cuando el hijo ya puede hacer algo por sí solo pero el padre insiste en seguir ayudando”.Con los conceptos de Annie de Acevedo, experta en temas de crianza; y Lenore Skenazy del programa ‘Sobreprotegidos’ (Discovery Home & Health) y autora del libro ‘Free range kids’ (‘Niños al aire libre’) El País muestra cómo el exceso de amor puede ser nocivo para el desarrollo de su hijo. Los mensajes subliminales de la sobreprotección Según Annie de Acevedo cuando hay sobreprotección, “el niño puede entender uno de dos mensajes: 1. ‘Algo malo pasa conmigo, pues me tienen que proteger más que a los demás’. El niño duda de sus capacidades y se siente menos que los demás. 2. ‘Hay algo allá afuera que es hostil, duro y difícil’. Cuando hace carrera esta interpretación el menor se vuelve asustadizo y temeroso”. En cualquiera de los dos escenarios, el niño crece con temor y se convierte en la mejor víctima del matoneo escolar, porque suelen ser obedientes y sometidos; además, no tienen una sana autoestima. A la hora de tomar decisiones, resultan ser personas dependientes porque otros siempre deciden por ellos; y cuando por fin lo hacen, sus decisiones pueden ser equivocadas porque no saben hacerlo. Lenore Skenazy expresa en su libro que para garantizar que ellos tomen decisiones “hay que prepararlos para la realidad, enseñarles o hacer una lista de aquellas cosas que son peligrosas o están mal”. De esta manera, se sugiere dejar que el niño se enfrente al mundo: dejarlo que llore de bebé, dejarlo expresar qué quiere, dejar que él recoja sus juguetes, que aprenda a ir solo al baño, que tenga contacto con otros niños, así como licencia para ir solo a algunas fiestas. Gritos de independenciaLa sobreprotección puede empezar desde el momento en que la mujer se embaraza o cuando el bebé nace. La primera instancia en la que el niño sienta su postura ante un papá sobreprotector se da a los 2 años cuando dice ‘Yo solito’. “Esa es la pimera adolescencia, es la primera búsqueda de la identidad, del ‘quién soy yo’. Al empezar a movilizarse ve que puede desprenderse de los padres y como ya ha tenido que enfrentarse al sistema represivo de ‘No comas’, ‘No toques’ ‘No hagas’, él aprende a decir ‘No’ a muchas cosas”, dice Acevedo. Desde su experiencia como mamá, Lenore Skenazy dice que a medida que crecen los niños “hay que escucharlos porque ellos no quieren ser tratados como bebés” y sugiere darles responsabilidades y oportunidades de participar en actividades conforme a su edad.Para garantizar un buen aprendizaje se sugiere seguir tres pasos: 1. Que él observe cómo lo hacemos. 2. Que lo hagamos juntos. 3. Que él lo haga solo. La cadena sí se rompe Así un papá se empeñe en ser sobreprotector de seguro fallará en su intento cuando el hijo llegue a la adolescencia. Para Acevedo “entre más sobreprotegido sea el niño, más intensa va a ser su adolescencia porque él buscará su identidad a la fuerza”.

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