Siloé observa a Cali con orgullo desde su nuevo 'balcón'

Siloé observa a Cali con orgullo desde su nuevo 'balcón'

Febrero 20, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz, reportero de El País

Siloé también es un paraíso. Ayer la comunidad inauguró un mirador desde donde se ve a Cali en todo su esplendor. Esta es la primera parte de un gran sueño: convertir a la ladera sur en un nuevo centro turístico. Le contamos de qué se trata.

Aquí se aprecia la ciudad como si se estuviera parado en un balcón sostenido en el cielo. Aquí, en el nuevo mirador de Siloé que, quien lo creyera, parece ser el sitio ideal para dos enamorados: hay caminitos recién construidos, jardines cuidados, plazoletas para sentarse a conversar, la Sucursal del Cielo allá abajo como telón de fondo. Y no es metáfora. Acá se está más cerca del cielo. Acá arriba el viento pega más duro en la cara y el sol calienta con más vehemencia la piel y se está tan alto que se ve toda Cali, hasta las casas más alejadas del oriente de la ciudad, el río Cauca, los campos verdes de más allá. Así, imagino, debe ser la vista de Dios. El nuevo mirador está ubicado entre unas zonas conocidas como La Play Boy y la Mina. Para llegar hay que subir calles tan inclinadas que en realidad parecen paredes grises. Por eso muchos llegan a pie. O, como si todavía estuviéramos en el siglo pasado,a lomo de mula. O en gualas, los jeeps, únicos vehículos capaces de transportar a los habitantes de Siloé hasta la cima de la montaña. Cuando se está llegando al mirador por los caminitos recién construidos aparece un muro gigante pintado de verde que hay que mirarlo con el cuello inclinado totalmente hacia arriba. En el muro está escrita una pregunta en letras blancas: Yo amo a Siloé. ¿Y usted?La proclama de amor por el barrio tiene su sentido. David Gómez, un líder comunal, tal vez lo más parecido que tiene Cali a El Quijote, asegura que el principal problema de los casi 27.000 habitantes que tiene Siloé es que no se sienten orgullosos de vivir aquí.Así, por ejemplo, si en una cita de amor les preguntan en dónde viven, dicen el nombre del barrio de algún familiar. Lo mismo pasa si entregan una hoja de vida. En este caso —aclara David— no es por falta de amor que los habitantes niegan a Siloé sino por necesidad. El barrio está estigmatizado en Cali por ser uno de los más violentos y a su gente, pasa, la rechazan de los puestos de trabajo por vivir acá. Por ese estigma, precisamente, se completa el resto de la frase: ¿Y usted? La pregunta va dirigida al caleño que mira a Siloé desde lejos para que, ojalá, cambie la percepción del barrio. Nadie niega que durante la historia la zona ha sido violenta. Pero muchos no saben, por ejemplo, que Siloé le ha aportado a Cali deportistas como la luchadora Jackeline Rentería, medallista de bronce en los Olímpicos de 2008, o jugadores de fútbol como el ‘Barby’ Ortiz, o gente menos famosa como los señores que todos los días bajan de la ladera a custodiar la ciudad. La mayoría de los habitantes de Siloé trabajan como vigilantes de edificios, de empresas, de colegios. Otros trabajan como constructores. Otros venden mercancía en el famoso rebusque. Siloé no es sólo pandillas. Pero este mirador da para que todos acá saquen pecho: tiene 6.500 metros cuadrados. Cuenta con un teatrino con capacidad para 300 personas, plazoletas para juegos de mesas, dos áreas de juegos para niños, jardines, una escultura tributo a un minero, uno que es de Marmato, Caldas, que fueron los mineros que llegaron a Cali en 1905 para vivir por siempre en esta montaña.Una larga historiaLa construcción del mirador empezó hace dos años. Se trata de un proyecto en el que participó toda la comunidad, incluidos muchachos pandilleros que no se podían ver y que al final, algunos, zanjaron diferencias. Ellos estuvieron respaldados por la Fundación Sidoc, que desde hace cinco años viene adelantado programas sociales en Siloé, la Fundación Nueva Luz y el Centro Cultural La Red, Accr.Fue, al principio, una idea difícil de concretar. La razón es que el terreno en donde se logró levantar el mirador era un muladar de terrenos inestables, en donde incluso llegaron a construirse ranchos que fueron sepultados por deslizamientos de tierra y desprendimientos de rocas. Eso pasó en marzo y noviembre de 1997 y en los hechos murieron Alejandrina Urrea, una anciana de 96 años; Pércides y Pedro Tello; el niño Julián Salazar y la bebé Marcela Rosero Valencia. ¿Cómo construir en esa cumbre débil un mirador firme? Nadie sabía, al principio. Pero era necesario hacerlo. El muladar que era antes ese terreno dividía dos zonas: la Play Boy y la Mina. Pasar de un lado a otro era imposible. Y ambas zonas, o mejor, las pandillas de ambas zonas, mantenían, mantienen, en conflicto. Quizá con el mirador, que funciona como vaso comunicante entre los dos sectores y propicia espacios de encuentro, de diálogo, de esparcimiento, cambie el panorama. Pero todavía hay que esperar para ver los resultados. El hecho es que la construcción inició y ese terreno endeble se aseguró con muros de contención. Y en general toda la estructura del mirador, la obra como tal, explica la arquitecta que diseñó el proyecto, Ximena Zamorano, funciona como muro de contención en la ladera.Es decir: además de ofrecer la vista más bella que se pueda disfrutar de Cali, el mirador evitará tragedias. Y eso no es poco en este país que a cada rato lamenta la muerte de colombianos por deslizamientos de tierra. Otra dificultad para terminar la obra tuvo que ver con el transporte de los materiales. Hasta el mirador no llega una volqueta con arena o cemento ni un camión con hierro o ladrillos. Entonces se recurrió a las mulas, al caballo. En los tiempos del metro, Siloé sigue siendo conquistado a caballo.El Estado, en deudaEste sábado 19 de febrero se inauguró el mirador. Con toques de tambores que provenían de la orquesta juvenil Tambores de Siloé. Con una bandera de Colombia que, dicen, es la más grande que existe en el país. Mide 40 metros y hoy se está ondeando allá arriba, en un mástil, como símbolo de victoria, de que los sueños que parecen imposibles a veces se cumplen.También hubo una caravana de gualas que partió desde la Plaza de Toros. A esa caravana la bautizaron como “la caravana de la transformación”. Y es que con el mirador lo que se pretende es eso: ayudar a transformar a Siloé en un polo de desarrollo turístico y si se puede, en una montaña de paz. Ese, por ahora, es otro sueño que parece imposible de cumplir. Por ahora. Imposible, piensa Héctor Fabio Ospina, presidente de la Junta de Acción Comunal, porque a Siloé, asegura, no lo han volteado a mirar desde las alcaldías de Cali. “Aquí ha faltado la inversión del Estado en programas que generen empleo”, dice. Pasa que en Siloé se siente un agradecimiento sincero por el apoyo que está recibiendo el barrio de empresas privadas como Sidoc o Fanalca. Para comprobarlo basta caminar un rato con Vivian Armitage, la directora de la Fundación Sidoc. La quieren tanto que puede dejar su carro en cualquier parte de Siloé, abierto, y cuando vuelve está todo intacto y el carro lavado y brillado. Algunos le dicen la ‘loca’ por haberse interesado en Siloé. Después la abrazan, la miman. Pero por otro lado la gente de Siloé siente que desde los gobiernos de turno los han dejado solos. Por eso reclaman. Porque el barrio aún sigue en dificultades y para superarlas quizá no es suficiente el esfuerzo de la empresa privada, sino la unión de varios esfuerzos. Según el Observatorio Social, Siloé sigue estando entre los cinco barrios con el mayor número de homicidios. El año pasado, para dar sólo un dato, acá mataron a 42 personas. (En 2005, cuando empresas como Sidoc empezaron a trabajar en la ladera, Siloé era el barrio más violento de Cali. Desde entonces, aunque se sigue manteniendo en los primeros puestos de la triste tabla, nunca volvió a ser el primero).Y, por otro lado, el desempleo sigue acechando y los muchachos, los que terminan el bachillerato, no tienen cómo acceder a la universidad. Según José Darwin Lenis, subsecretario de Desarrollo Pedagógico de la Secretaría de Educación, de 360 jóvenes que se gradúan de las escuelas de Siloé, sólo 35 pueden acceder a estudios superiores. Eso, los que logran terminar el bachillerato. Por ese panorama es que desde el mirador los habitantes reclaman el apoyo del Estado para Siloé. ¿Podrá un día verse a Cali como un cielo verdadero en el que todos puedan acceder a la ciudad, a sus universidades, a sus empresas, a las posibilidades de desarrollo?

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