Secretos del ángel de Nueva York

Agosto 19, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Estuvo en Cali Jorge Muñoz, el palmirano al que labriegos latinos llaman ‘Ángel de Queens’. Antes de que regresara a Nueva York, El País conoció detalles inéditos de su vida.

Para este momento, después de aquella foto en la que salió abrazado con el presidente Obama, muchas cosas se saben de Jorge Muñoz, el colombiano de 46 años que el pasado 4 de agosto recibió de manos del presidente de los Estados Unidos la segunda condecoración civil más alta que otorga el gobierno norteamericano: la Medalla Ciudadanos. Se sabe que lo llaman ‘El Ángel de Queens’. Que todas las noches alimenta a 146 jornaleros latinos mordidos por el hambre en las calles de Nueva York. Que desde hace seis años empezó con esa labor que también ha alcanzado para ayudar a indigentes gringos, emigrantes extraviados, ancianos lisiados. Que maneja un bus escolar. Que todo empezó un día cuando vio cómo desechaban alimentos en una proveedora de raciones para aviones. Que en todo este tiempo ha entregado más de cien mil platos de comida. Que este año, junto a él, había otros seis mil nominados. Que es el tercer hispano en recibir la condecoración. Que es palmirano.Pero hay otras cosas. Detalles desconocidos que, aún, pueden hacer más sorprendente la historia. Pocos saben, por ejemplo, que este hombre presentado por Obama como “uno de los ejemplos más brillantes de lo que significa ser estadounidense”, entró a ese país por el hueco. Es un asunto pasado; y jurídicamente solucionado (se acogió a la amnistía del 86 que permitió la legalización de tres millones de indocumentados); lo que pasa es que el dato resulta una bella paradoja ahora que en esa nación se promulgan leyes odiosas en contra de los emigrantes, como la discutida Ley Arizona. Obama, mientras le entregaba la medalla, le dijo que él, justo él, era una inspiración para su pueblo. Jorge, esa noche, casi nadie lo sabe, fue a la Casa Blanca vestido de pies a cabeza con ropa colombiana. El traje, la corbata, los zapatos, los compró en Arturo Calle. El Ángel de Queens es un tipo patriota. El caso de su migración es como uno de tantos. Una de esas historias repetidas que hablan de ilusiones conjugadas en inglés y de sueños alentados por ratones risueños de orejas largas. El viaje fue a mediados de los 80, dos años después de que su mamá se hubiera ido a trabajar como niñera. Su padre había muerto en un accidente en Pereira y en Colombia poca gente podía tenderles la mano a él y a su hermana. Así que se fueron como lo han hecho tantos: en un vuelo a Centroamérica, pagando coyotes, atravesando el río Bravo con la ropa empacada en bolsas de basura, corriendo. Y entonces llegaron esos primeros años. Esos años de frío, de tanto frío. De heladas que hacían que Nueva York pareciera un monstruo capaz de tragarse a la gente como si tan sólo se tratara de cubitos de hielo. Cuando Jorge habla con tanta insistencia de aquel frío, de sus manos heladas, cuesta entender cómo fue que terminó estudiando mantenimiento de aires acondicionados. Pero cuando habla con tanta calidez de su mamá y su hermana, esas mujeres amorosas y valientes que evitaron Nueva York se lo tragara entero, se entiende que lo hizo para poder ayudar a pagar los estudios de computación de su hermana. Sí, Jorge es un ángel. El tipo, un hombre menudo y pequeño, de ojos negros, siempre brillantes, que de niño anhelaba pilotear aviones y helicópteros, se convirtió también en conductor de bus para ayudar en su casa. Y fue así, cuando parado en una esquina mientras esperaba a los niños de la escuela estatal con la que había empezado a trabajar, como cayó en cuenta de toda la comida que se iba a la basura mientras el hambre mataba gente en las calles de aquella ciudad, vaya ironía, a la que llaman Gran ManzanaHan pasado 2.190 días desde entonces. Lo ha condecorado en la Casa Blanca y la cadena de noticias CNN. El New York Times le ha dedicado páginas enteras. Lo han tentado con la política. Y mientras todo eso pasa, mientras le entregan distinciones aquí y allá (la semana pasada estuvo en Cali recibiendo una exaltación de la Asamblea del Valle), pocos saben que él, lo único que quiere, es seguir manejando el bus escolar y entregando comidas a hombres y mujeres que no conoce, con la única intención de ayudar para que aquella ciudad voraz, no se los trague enteros. Ese, dice con un acento colombiano lleno de vocablos contrahechos, es su sueño americano.Finalmente pelear con la muerte es una tarea que él bien conoce. Hace 16 años, cuando trabajaba reparando aires acondicionados, le fue detectado cáncer en los testículos. El asbesto y la fibra de vidrio de los ductos en los que debía hundirse, fueron afectándolo poco a poco. Primero fue una molestia, luego el dolor, más tarde algo creciendo sobre el testículo izquierdo. Cuando los médicos lo atendieron ya era tarde. Y tuvieron que extirpar. El Ángel de Queens sólo tiene un testículo. La hombría, aunque muchos crean lo contrario, no es cosa de números.Datos clavesLa primera vez, Jorge consiguió que la proveedora de comidas para avión le donara varias raciones. Con su mamá, encontraron destinatarios en Jackson Heights. El día anterior a la entrevista con El País, su fundación entregó 147 cenas.La fundación An Angel in Queens fue montada para canalizar ayudas. En este momento cuatro restaurantes colombianos le ayudan con insumos. Semanalmente, Jorge invierte 650 dólares en el alimento de los labriegos. 120, salen de su bolsillo.

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