Cali se alista para tener 500 gestores de paz desde este mes

Mayo 07, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Evelyn Rosero Ramírez / Editora de Cali 
La secretaria de Paz y Cultura Ciudadana, Rocío Gutiérrez

La secretaria de Paz y Cultura Ciudadana, Rocío Gutiérrez.

Foto: El País

La vinculación de gestores de cultura ciudadana para la paz es una de las iniciativas bandera de la secretaria de Paz y Cultura Ciudadana, Rocío Gutiérrez Cely, en busca de rescatar a población vulnerable de contextos violentos para volverla multiplicadora de un mensaje de reconciliación en la ciudad. ¿Cómo lo hará? La funcionaria habló con El País de este y otros programas que apuntan a este propósito.

Recientemente se generó una polémica por la realización del partido entre Cortuluá y Atlético Nacional en Cali por temor a problemas de seguridad, ¿cómo avanzan los procesos de convivencia con las barras locales para que la opción no sea cerrar puertas del estadio sino generar más tolerancia como ciudad?

Desde la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana venimos trabajando una apuesta conjunta que se llama barrismo social, que hace parte de un programa para generar una adhesión desde la lógica del fútbol en territorios de alta vulnerabilidad con niños y jóvenes de las diferentes barras que encuentran en este espacio alguna justificación para acceder a acciones violentas.

En ese marco se implementa el programa ‘Rueda la bola, rueda la paz’, que busca trabajar de manera directa con estos jóvenes bajo el liderazgo de las barras oficiales (Frente Radical Verdiblanco y Barón Rojo Sur). Está ligado a un grupo de jóvenes que quieren, a través de la gráfica urbana, generar procesos de transformación en sus territorios.
También está el ‘saco de emociones’ para llevar una opción deportiva, en este caso artes marciales, a los territorios en riesgo de violencia, donde hay jóvenes de varias barras.

Pero, ¿qué buscan concretamente estas acciones?

Con el programa de gráfica futbolera, apoyado por algunas universidades de la ciudad, estamos llegando a los territorios donde se están concentrando los jóvenes que desde el escenario de la barra generan acciones violentas, para identificar cómo llegarles a través del arte urbano. Lo que hemos encontrado es que los jóvenes responden positivamente a esta estrategia.

Estoy enganchándolos a un proceso que tiene que ver con arte y reconciliación, porque nosotros no solo le damos la pared y la lata de pintura sino que hay un proceso de acompañamiento integral que permite identificar la realidad de vida de este joven.

Lo que pasa es que para la gente se convierte en un círculo vicioso que cuando hay partido, como clásicos, se genere desorden. Por eso la insistencia en ¿qué se está haciendo para crear escenarios de tolerancia y mejorar estos comportamientos?

No podemos desconocer que se han venido generando avances. Una problemática de carácter social con las dimensiones que han tomado las barras en Colombia no se transforma de un día para otro. Es una problemática sobre la que hay que trabajar mucho y generar una incidencia directa en términos sociales para que se puedan empezar a ver resultados. Nuestra apuesta como Alcaldía. Es buscar que los procesos sean sostenibles y allí existe un acuerdo firmado entre dos barras que ha sido exitoso, hemos tenido tres clásicos sin ningún incidente.

A los caleños se nos facilita mucho criticar sobre la falta de gestión de las autoridades para resolver los problemas de ciudad pero se nos dificulta realizar acciones para ayudar a en ese propósito, ¿qué se está haciendo para vincular más a la ciudadanía en la resolución de conflictos?

Como Administración estamos convencidos de que es precisamente la cultura ciudadana el insumo que va a permitir generar acciones de transformación en la manera como los caleños nos relacionamos, nos percibimos, nos enfrentamos y confrontamos con la ciudad.

Hay una apuesta inicial que tiene que ver con una premisa del Alcalde y es que debe haber apertura en la generación de ingresos y oportunidades para que disminuya la violencia. Pero desde la lógica de paz y cultura ciudadana estamos trabajando en un proceso integral de articulación con pandillas, un proceso de articulación integral con jóvenes en condición de alto riesgo.

Puntualmente, ¿cómo se está captando al ciudadano de a pie para que se vincule a los escenarios de participación ciudadana? La percepción es que hay falta de comunicación a nivel de instancias como las JAL y las JAC, que no hay espacios claros de participación y otros no tienen confianza en la Administración Municipal

La razón por la cual hablo de las pandillas es porque desde allí nace uno de los programas pioneros de la Secretaría de Paz y Cultura Ciudadana. Se trata de los gestores de cultura ciudadana para la paz.

Estamos hablando de 500 personas, entre jóvenes en condición de alto riesgo, víctimas del conflicto armado, desmovilizados en proceso de reintegración y líderes de las comunidades, que están recibiendo una formación y acompañamiento integral, además de una remuneración condicionada, para salir a la calle a hacer pedagogía.

Estamos convencidos que el tema de resocialización tiene que pasar por un componente humano y no restrictivo. A Colombia un preso le cuesta 16 millones de pesos y ¿cuál es el nivel de reincidencia? De cada 10 personas que salen de una cárcel, 9 vuelven a delinquir y una permanece en la legalidad.

En cambio en este país, por ejemplo, un proceso de reintegración como el que tienen los desmovilizados cuesta 4,5 millones de pesos anuales al país y de cada diez personas que salen ocho permanecen en la legalidad.

Entonces una de las apuestas es decir: “Listo tenemos una población en un alto nivel de vulnerabilidad, cojámosla pero además convirtámosla en herramienta para retribuirle a la cuidad”.

Y ¿desde cuándo comienzan a verse estos gestores en la ciudad?

A partir del 18 de mayo vamos a tener en la calle a los gestores en las estaciones del MÍO, en los puntos neurálgicos de movilidad y los puntos donde hay necesidades especiales de población en condiciones de discapacidad. en los territorios donde hay jóvenes y niños que efectivamente están en la lógica de moverse entre el delito y el colegio.
Los gestores son una de las principales herramientas para llegar al ciudadano de a pie con mensajes que nos ayuden a generar conciencia alrededor de la responsabilidad que todos tenemos frente a temas de convivencia, resolución de conflicto y reconciliación.

Y ¿qué van a hacer puntualmente en la ciudad? ¿cuál es el mensaje que van a entregar?

Ellos están siendo entrenados bajo un modelo que tiene Colombia y es el de reintegración. Pero no van a estar parados pasando un papelito sino que van a estar generando una intervención desde la perspectiva del arte y la cultura, generando impacto en la ciudad.

Las horas de su día de trabajo están en función de su transformación individual pero también de su devolución a la ciudad haciendo pedagogía.

Llegar a hablar sobre cultura ciudadana no es improvisado. Hay todo un ejercicio conceptual estructurado que se les está transfiriendo y que ellos a su vez le van a transferir a la ciudadanía.

¿Cuánto tiempo estarían vinculados estos gestores a la labor y cómo serán remunerados?

No es un tema ligado al empleo. En este momento están vinculados a un proceso a través de un organismo internacional que es quien los está respaldando; en este caso la OIM con recursos de Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), que también vio en la propuesta de Cali una alternativa muy interesante de transformación, de construcción de paz.

Nuestra apuesta es que los gestores acompañen toda la Administración actual pero obviamente tal vez no los mismos. La intención de nosotros es que la mayoría de ellos puedan pasar al sector privado y otras condiciones de vida ya con unas competencias individuales establecidas para que se puedan habilitar cupos y lleguen otros nuevos.

¿Cuánto invirtió el Municipio en este proceso?

El programa de gestores cuesta unos cinco mil millones de pesos, de los cuales el Municipio puso el 70 % y el organismo de cooperación el 30 %, con la salvedad que el organismo de cooperación está adicionándonos otros componentes como el tema de sistematización y monitoreo.

Es decir, estamos haciendo medición en territorios para saber cómo disminuye la violencia a medida que retiramos a los gestores del contexto violento y los intervenimos. Hay de todas las edades, sobre todo adultos mayores. La mayoría de las comunas 21, 14. 15, 20, 18, 12, 1 y la 6.

Una de sus grandes propuestas es consolidar el Museo Regional de Memoria Histórica y Reconciliación para el Pacífico, ¿cómo avanza este proyecto?

Es un desafío grandísimo. Cali tiene 189 mil víctimas del conflicto armado registradas en la ciudad y de esas el 70 % son desplazadas, quiere decir que no podemos desconocer que somos una ciudad de migraciones donde el conflicto tiene un impacto fuerte.

El museo quedará en el edificio Coltabaco. Estamos en dos fases de trabajo: la primera es todo el alistamiento de la apropiación social, es decir el levantamiento de la información que se va a reflejar en el museo, y una de nuestras apuestas es que el museo no sea una oda a la muerte sino un componente de resistencia y resiliencia de las comunidades. Y en paralelo, estamos en el ejercicio jurídico y administrativo de definición de pliegos para el concurso público que va a permitirnos que los diseños museológicos respondan a unas dinámicas de región. El museo abrirá puertas en 2019.

En la preparación de Cali para el posconflicto se viene trabajando desde el año pasado, ¿se hicieron ajustes a la estrategia?

Hemos hecho ajustes en la vinculación de todo el componente de cultura ciudadana. Si bien nosotros veníamos trabajando en temas de convivencia y reconciliación enfocados en actores o territorios en condiciones de vulnerabilidad, en este momento nuestra apuesta es el gerente del banco, el estudiante universitario o la ama de casa. Eso nos permitirá tener un resultado de mayor impacto.

Sobre Medítale a la Paz

El primero es el trabajo con niños y se llama ‘La paz es mi cuento’, donde intervenimos los territorios en los que hay mayores condiciones de riesgo para los niños, con quienes se trabaja en resolución de conflictos.

Ellos realizan cuentos y dibujos, que permiten la elaboración de una cartilla, la cual canjeamos trimestralmente por juguetes bélicos.

El siguiente nivel es ‘Sumar paz y restar violencias’, con adolescentes en condiciones de alto riesgo, con quienes hay un proceso de formación alrededor de la reconciliación y convivencia pacífica. Ellos son certificados como facilitadores de paz. Hoy en Cali hay más de 1400.

Luego está ‘Yo no parí para la muerte’, dirigido a madres, padres y cuidadores de niños de alto riesgo. Busca empoderarlos y brindarles herramientas para saber qué hacer con sus hijos.

Se suma de manera transversal el programa ‘Paz a la lata’, que busca que todos estos tres actores se conviertan en transformadores de territorios específicos de la ciudad a través del arte y enlucimiento de espacios.

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