Santiago de Cali, una sala de operaciones de nivel mundial

Santiago de Cali, una sala de operaciones de nivel mundial

Mayo 26, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Por: Alda Mera, reportera de El País
Santiago de Cali, una sala  de  operaciones de nivel mundial

En el nuevo POS quedan excluidos algunos servicios relacionados con cirugía estética con fines de embellecimiento, los tratamientos nutricionales con objetivos estéticos, los diagnósticos y tratamientos para la infertilidad, medicamentos para la disfunción eréctil, así como tratamientos capilares.

La capital del valle del Cauca es pionera en procedimientos innovadores. Le presentamos cuatro historias de quirófano con rostro, oído, cadera y cerebro gracias a médicos colombianos que hacen 'magia' en los quirófanos caleños.

Cali es pionera en procedimientos innovadores. Historias de quirófano con rostro, oído, cadera y cerebro gracias a médicos colombianos.Caminar sin dolor y sin cirugíaHasta finales de los años 90, para un paciente de artrosis (daño del cartílago en la articulación de la cadera), la única opción era una cirugía de reemplazo de cadera por una prótesis de platino.Con ese diagnóstico llegó Ramón Atehortúa, rector del colegio Santa Librada, al consultorio del ortopedista Bernardo Aguilera, del Centro Médico Imbanaco. Había pasado por muy buenos ortopedistas, pero sólo le planteaban abrir entre 15 y 20 cms., extraer la cadera y reemplazarla.Aguilera, especialista en cadera y rodilla, venía desde 2005 aprendiendo la técnica “cadera no artrósica” recién desarrollada en 2002 por el médico suizo R. Ganz, quien descubrió que los cartílagos se dañan y causan dolor con la fricción del movimiento cuando el acetábulo del fémur (punta redondeada del hueso) no coincide ni encaja perfecto con la cavidad del ilíaco (cadera).Así que Ganz ideó la forma de interve- nir la cadera ingresando por pequeños orificios con microcámaras y un microbisturí especializado para pulir esas áreas y corregir esa discordancia ósea sin cirugía abierta. Para ello, el paciente es sometido a una tracción de las piernas y lograr abrir un espacio de 1 cm. por donde trabaja el cirujano.Cuando Aguilera comenzó a presentar sus resultados, la comunidad médica se oponía. “Sólo faltó que me lanzaran tomates”, dice él, pero con los 250 casos exitosos realizados en estos cinco años, ahora todos le dan la razón.“Los pacientes venían cansados de las terapias y las infiltraciones y ahora están contentos de recuperar su calidad de vida conservando su cadera natural, en vez de llevar una prótesis. Es más, Atehortúa quería que le operara la otra cadera sin causa justa”, dice sonriente el doctor Aguilera.Reconstruyendo rostros y vidasVivir 22 años con un rostro destrozado no es fácil. Menos para Jenny Beatriz Navarro Mosquera, una joven chocoana que a los 8 meses de edad le extrajeron su ojo izquierdo por un tumor maligno. El cáncer le invadió la órbita y los huesos adyacentes que forman el pómulo, dejándole un hundimiento en el que cabía casi su propia mano cerrada.La niña creció escuchando las burlas de los niños de la escuela –sólo hizo séptimo grado–, e incluso las de los adultos que la apodaban “pirata” por usar un parche para disimular su deformidad. Con su rostro de tragedia pasó por donde varios médicos, que trataron de rellenar “ese vacío” con grasa de su propio cuerpo, con resultados temporales. “Me dijeron que debía esperar que vinieran unos médicos gringos para operarme y quedaron en llamarme, pero todavía estoy esperando la llamada”, recuerda. Hasta que llegó donde el cirujano plástico Diego José Caycedo, del Hospital Universitario del Valle, HUV, a quien le preguntó de muy mal genio: “¿Y usted sí me va a hacer algo que sirva?”.Después de los estudios previos con el grupo interdisciplinario del HUV, incluyendo el psicólogo, el especialista empezó el proceso: enviar por mail a un laboratorio en los Estados Unidos una escanografía tridimensional del cráneo de la paciente con los huesos destruidos o faltantes. Y el laboratorio le retorna al especialista al menos seis opciones de diseño de implante aloplástico específico para paciente PCI.Caycedo elige cuál de las opciones le sirve más a su paciente, autoriza la importación del implante y con su equipo de residentes del HUV, de la Universidad del Valle y el apoyo de Corpomédica, van a quirófano. La cirugía es una incisión en forma de diadema (coronal) sobre el cráneo para implantar la prótesis y fijarla a los huesos aledaños con tornillos y placas de titanio. La intervención demora seis horas.Desde hace doce días Jenny, su mamá, su familia, están felices. Pero no son los únicos: Viviana García y Manuel Imboll vivieron el mismo proceso. “A Viviana le devolvimos el rostro semidestruido con arma de fuego en 2007 y a Manuel, por un trauma en accidente de tránsito en 2008. Ellos demuestran que los cirujanos plásticos no somos sólo puchecólogos o lipólogos. Y sin esperar que vinieran médicos gringos”, dice con humor el doctor Caycedo.Rayos gamma al cerebroDesaparecer un tumor cerebral sin necesidad de abrir el cráneo no es una fantasía de Julio Verne.En el Centro Médico Imbanaco, CMI, los médicos neurocirujanos Bernardo Pérez y Gerardo Hernández con su equipo de radiocirugía y la tecnología Gamma Knife, logran resecar o destruir la lesión tumoral en una sola sesión, sin cirugía invasiva.El procedimiento consiste en irradiar simultáneamente 250 haces de rayos gamma en una intensidad programada según el caso del paciente, en el punto preciso donde está la lesión y sin afectar los demás tejidos o estructuras vecinas sanas.Lo mejor de esta técnica del ‘bisturí gamma’ es que puede llegar, sin los riesgos de una cirugía invasiva, con el bisturí convencional, a lesiones profundas y de difícil acceso en el cerebro. 409 casos en dos años les dan el aval a los neurocirujanos Pérez y Hernández y al grupo interdisciplinario del CMI, que con la tecnología de punta Gamma Knife, pueden prolongar la expectativa de vida de pacientes que llegan con un pronóstico de “no le quedan sino tres meses de vida”.Para que nos escuches mejorCon un dispositivo de sólo 4.57 cms. de largo, el más pequeño del mundo, y 25% más delgado que los implantes cocleares que se viene implantando desde 1992 en Colombia, el niño John Alexánder Toro, a sus 3 años de vida, nació para el canto de los pájaros, el ruido de los carros, el ladrido de su mascota y la voz de su madre.Se trata del implante coclear de última generación, realizado en la Fundación Clínica Valle del Lili de Cali, y el primero de su tipo en Colombia y en América Latina, por los otólogos José Antonio Rivas y Susana Santamaría y el otorrino Tomás Andrade. Ahora el niño y su familia entrarán en una fase de terapia del lenguaje para entrar al mundo de las palabras. Así podrá bailar, cantar, comunicarse y hasta hablar otro idioma distinto al materno, porque este implante coclear bilateral (en los dos oídos porque su caso era extremo) de alta tecnología le permitirá discriminar mejor los sonidos, las palabras, los ruidos. Este implante coclear es tan pequeño con relación a los existentes que aquellos requerían que el cirujano otólogo tallara una pequeña cavidad sobre el hueso del cráneo para instalarlo. Para el implante coclear Concerto sólo se necesita una pequeña incisión y va bajo la membrana que recubre el cráneo, lo que reduce el tiempo de la cirugía en al menos hora y media.Tras un minucioso estudio con audiólogos, psicólogos, otólogos y de trabajo psicosocial, se decide si un paciente es candidato para recibir el implante. “Como es un proceso muy costoso (la evaluación y preparación prequirúrgica, el implante, la cirugía, la terapia), se necesita saber si la familia está capacitada y comprometida para continuar con la terapia del lenguaje mínimo tres años y así el implante sea aprovechado al máximo”, dice la otóloga Santamaría. En otras palabras, es una inversión de más de $50 millones que no se puede echar a perder y por lo tanto son los otólogos quienes deben tomar una decisión muy juiciosa, explica Santamaría, quien es médico otorrinolaringóloga egresada de la Universidad del Rosario, y otóloga de la Fundación Universitaria Ciencias de la Salud, con entrenamiento en implante coclear en Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos. Los implantes cocleares le cambian la vida a niños, como a una menor que fue implantada y hoy ya asiste a la escuela formal, habla normal y es independiente. O a adultos mayores como una señora de 77 años que a los 75 esta maravilla tecnológica le devolvió su capacidad de captar los sonidos más remotos y hablar por celular.La otóloga cirujana Susana Santamaría, coordinadora del grupo interdisciplinario de implante coclear de la Fundación Clínica Valle del Lili, cuenta ya 20 pacientes reimplantados, doce de ellos niños capaces de escuchar y responder al estímulo auditivo. Tanto que los más pequeños cuando sus mamás los regañan, se los quitan. Así de eficientes son.

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