¿Qué hacer para frenar el descontrol de las motos en Cali?

Noviembre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
¿Qué hacer para frenar el descontrol de las motos en Cali?

Son baratas, fáciles de comprar, la mayoría no paga impuestos y no tienen 'pico y placa'. Pero pasaron de ser solución a problema. ¿Cuál es la salida?

Cali es una ciudad de motos. Según el Registro Único Nacional de Tránsito, Runt, en la ciudad hay registrados 210.825 de estos aparatos, pero en realidad circulan en promedio 450.000. La razón  es que en Cali la mitad de las motos  están registradas en municipios cercanos: Jamundí, Palmira, Guacarí, Buga, y aquello se debe  a que es más barato y rápido hacer los papeles afuera. Por cada 1000 habitantes, en la ciudad hay 370 motocicletas. En el Valle de hecho son más las motos que los carros, y lo mismo sucede en todo el país. En el caso de Cali el clima cálido es una buena razón para comprar moto, pero sobre todo se adquieren  debido a las deficiencias del transporte público. Mientras que en una moto el tiempo promedio de viaje es de 35 minutos, en el MÍO, con suerte,  es  de casi el doble: 65 minutos.   Lea también: Opinión: Me mamé de las motos. Hay otras ventajas, por supuesto. En esta ciudad donde el 45 % de sus habitantes es, según el Dane, clase media (el 30.6 % pertenece al estrato 3), es más asequible comprar una moto que un carro. Incluso, el 73 % de los motociclistas de la ciudad obtienen apenas entre uno y dos salarios mínimos legales vigentes y solo el 1 %  la utilizan por diversión; recorrer América, digamos,   o planes por el estilo. En la mayoría de los casos, la moto es utilizada como el medio de transporte principal, herramienta de trabajo. A la moto la hace atractiva también sus exenciones: no tiene pico y placa, no paga peajes. Encima, sus impuestos son menores que los de los autos. En 2012, las motos de hasta 250 centímetros cúbicos  fueron excluidas del impuesto al consumo. Solo las  que superen ese cilindraje deben pagar un impuesto del 8 %.  Sin embargo, según la Asociación Colombiana de Vehículos Automotores, Andemos, el 98 % de las motos registradas en el país son precisamente de hasta 250 centímetros cúbicos, “causando un fuerte desbalance en el recaudo tributario”. En los cálculos de Andemos, el Estado está dejando de percibir $200.000  millones al año con esta exención, mientras que los colombianos siguen comprando motos cero kilómetros: hasta octubre se habían vendido este año 476.825 en  el país, el doble que carros: 197.815. Son tantos los que viajan en moto  que los riesgos  se incrementan. En la mayoría de los choques  está implicada una moto. La Secretaría de Tránsito de Cali ha reportado 246 personas muertas en lo que va del año por “eventos de tránsito”; el 48,3 % de los  fallecidos fueron motociclistas y parrilleros, es decir 119 personas.  Lea también: Estas son las medidas que prepara la Alcaldía para meter en cintura las motos. El 33 % fueron peatones: 83. En  toda Colombia han muerto en este 2016 2564 usuarios de moto, 422 más que en 2015, reporta Medicina Legal. Y además los motociclistas encabezan las infracciones. Hasta octubre, dijo el secretario de Tránsito de Cali,  Juan Carlos Orobio, se han impuesto 82.000 comparendos, solo a las motos, aunque muchos se salvan: como lo constató este diario (ver fotos) los motociclistas invaden tranquila y masivamente los carriles del MÍO, transitan por andenes, ciclorutas, parques, llevan niños sin casco, conducen en contravía. Por eso en la ciudad nos preguntamos  qué se debe hacer para organizar  las motos. Por ello y por lo que pasó en Halloween: un grupo de motociclistas disfrazados bloqueó la movilidad en  el hundimiento de la Avenida Colombia, que fue utilizado como pista de acrobacias.   ¿Cacería de brujas? Carlos Felipe Dorado es motero. Motero es una manera de llamar a los aficionados a las motos. El club que integra Carlos se llama  Clan Moteros Cali. Él, junto a un grupo de líderes de los demás clubes de motocicletas,  se reunieron el pasado jueves en el Parque de las Banderas, “para informarle a Cali lo que en realidad pasó en el hundimiento de la Avenida Colombia. Nosotros le estamos poniendo el pecho a una situación en la que no tuvimos nada que ver”.  Carlos fue  uno de los ‘carrileros’ de una de las caravanas que se organizaron en Halloween. Porque hubo varias y no son nuevas, dice. Se organizan desde hace años. La primera caravana de este 2016 fue el jueves, de la tienda Super Store. La caravana se cumplió sin problemas. El viernes sucedió la caravana que causó el caos en el hundimiento. Fue organizada por grupos de Stunt. –  deporte extremo de acrobacias -  y de motos de dos tiempos; las que hacen  más ruido...   El sábado se hizo la caravana de la tienda Potenza, la más grande.   El destino final fue el Club San Fernando. Era la caravana que tenía el visto bueno de la Alcaldía y el acompañamiento de la Policía. Al tiempo se hizo  otra, de Fuerza Motera, con destino a Palmira. Esta pasó por el hundimiento, siguió de largo.    Carlos, es lo que pretende decir, explica que los confundieron. Que relacionaron las caravanas de los clubes de motos de la ciudad con los que bloquearon el hundimiento y practicaron stunt en él.  Lea también: ¿Por qué la motocicleta es la ‘reina’ de las vías en Cali?  “Nosotros como clubes rechazamos lo que pasó en el hundimiento. Algunos de los organizadores de esa caravana  dicen que fue una protesta porque les quitaron el espacio donde practican stunt en el coliseo El Pueblo.  Los clubes apoyamos la práctica del stunt, que es un deporte muy lindo, pero no compartimos que se haya bloqueado el hundimiento y que se practicaran acrobacias ahí. No es el espacio  para hacerlo. Los organizadores de esa caravana  no saben lo que destruyeron: una confianza que los clubes de motos  hemos venido tejiendo  con la ciudadanía, las autoridades y la empresa privada, que apoya el deporte y la afición a las motos, pero  que no respaldaría jamás los desmanes  en el hundimiento, como algunos concejales  lo han dicho”. Carlos teme que justo en estos días de Halloween  se inicie una “cacería de brujas” contra los motociclistas organizados. De hecho, sospecha que ya empezó a hacerse realidad. El pasado lunes la tienda Yamotos iba a realizar una caravana, pero la Secretaría de Tránsito parqueó grúas a las afueras del establecimiento para impedirlo.  “Se han tomado represalias contra nosotros porque la sensación que quedó en la ciudad es que a los motociclistas nos la van a aplicar con toda. Pero lo que queremos decir es que  estamos del lado de las autoridades. Los clubes hemos trabajado junto a la Policía, por ejemplo, para frenar el hurto de motos. Los moteros somos gente que amamos la ciudad, hacemos mucho por ella, les inculcamos a nuestros asociados el cumplimento de la norma”.  Paola Sánchez es también motera. Integra el Club Pulsar Fénix. Dice que ella, junto a otros líderes, van a designar un vocero de los clubes para solicitar esta semana    una reunión con la Alcaldía, con la Policía, con el Tránsito. Que los escuchen.  “Una de las tareas de los clubes es educar a la gente y a nuestros asociados en normas de tránsito. Además, damos clases de manejo de motos, de primeros auxilios, tenemos una red para ayudar a los motociclistas en caso de accidente. No somos ajenos a la ciudad, y nuestra intención es ayudar a mejorar la movilidad en las calles”. Pero claro: no todos los moticiclistas piensan de la misma manera. Una fuente de este diario que pidió la reserva de su nombre confirmó que el jueves pasado se hicieron piques ilegales tanto de motos como de carros en Palmaseca, vía Cali – Palmira. Para evitar ser cazados por las autoridades, los organizadores abrieron un grupo en WhatsApp. Una hora antes de los piques, confirmaron por ese medio el lugar exacto para encontrarse.  La misma fuente denunció que existe una red de corrupción que permite  obtener un pase de moto sin necesidad de saber conducir.  Algunas escuelas de conducción venden las cartas que certifican que una persona hizo un curso, sin haberlo realizado, por supuesto. “En Cali hace falta autoridad” La profesora Janeth Mosquera, investigadora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle, considera  que la problemática de la movilidad  en Cali se explica por la  falta de regulación y estricto cumplimiento de las normas de tránsito, no solo por parte de los motociclistas, sino de los usuarios de la vía en general. “El ciudadano siente que  hay flexibilidad, que no le va a pasar nada si incumple las normas. Por eso la gente se está comportando como quiere. Eso pasa con motociclistas, taxistas, con todo el mundo. Lo que se ganó con el anterior secretario de Tránsito,  Alberto Hadad, fue un reconocimiento de la autoridad que hoy hemos perdido y eso está generando violencia. Como no hay control en las vías, el ciudadano está asumiendo esa tarea por su cuenta, peleando con el que le atravesó la moto o el taxi”.  William Vallejo, consultor en temas de movilidad y seguridad vial, comparte esa opinión.    “El problema que tiene Cali con las motos no es exclusivo de la ciudad, es una problemática de todo el país. Ahora, las  motos no son malas. El problema es que entre los usuarios, hay muchos irresponsables manejando y la ciudad no se puede llenar de policías o agentes para controlarlos. Una manera de cuidar a la gente es siendo más estrictos con el cumplimiento de las normas. De ahí que una de las medidas que propongo es la implantación del sistema de puntos  en la licencia de conducción. En la medida en que la persona va acumulando puntos en la licencia por infracciones, esos puntos ocasionan que el seguro obligatorio de accidentes sea más costoso. Y por cierto número de puntos, la licencia se suspende. Eso es parte de las propuestas, porque realmente la movilidad  se debe trabajar desde cuatro aspectos: ingeniería, es decir, diseñar vías que no inviten a la velocidad sino que amorticen el error humano; educación: campañas para concientizar a los actores viales sobre  el impacto que pueden traer las decisiones riesgosas; control: afianzar operativos que reduzcan los comportamientos peligrosos  y  legislación: cambios en la normativa que rige tanto el diseño como la operación de vehículos para acoplarlos con las necesidades de movilidad de las ciudades modernas”. Sin embargo, habla ahora James Gómez, también experto en movilidad, la ciudad necesita, ya,  un plan de choque en la movilidad. “La Secretaría de Tránsito debería retomar las fotomultas itinerantes para inhibir los malos comportamientos.  La otra medida es revertir esa ambigüedad con la que el alcalde Armitage planteó el tema de las velocidades en las vías. Retomaría las velocidades máximas de 60 kilómetros por hora. Y por último, haría una gran convocatoria al sector privado, las escuelas de conducción, las secretarías de Educación, Cultura y Tránsito, para trabajar en un gran programa de educación vial que la ciudad necesita con urgencia”. En todo caso un contratista del Estado que pidió no ser citado considera  que el centro del debate quizá es otro: en la ley colombiana, tanto los carros como las motos pertenecen a la categoría de transporte privado. Y el transporte privado no tiene prioridad en el uso de la vía; la prioridad es del peatón y del transporte público.  Lo dice la ley 1083 de 2006.Es decir, que el transporte privado no solo debe ser regulado, sino, y sobre todo,  desestimulado. Por eso no  se entiende que las motos estén exentas de medidas como pico y placa, el pago de peajes, cuando ocupan tanto espacio como los carros, contaminan por igual y apenas movilizan, máximo, a dos personas.  “Hay un desequilibrio que hace que comprar una moto sea muy atractivo. El argumento de que son los más humildes los que andan en ellas y por eso las exenciones es  populista. Ante la ley no hay ricos ni pobres, y en el caso de las motos son las que más muertos están poniendo. Por eso lo que Cali y el país debe hacer es garantizarle la movilidad a toda la gente, incluidos a los que no tienen ni para comprarse una moto,  con un transporte público eficiente. Es, además, lo que dice la ley: la apuesta es consolidar el transporte público masivo como en las grandes ciudades”.

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