¿Por qué en Cali ellas ganan un 30% menos que ellos?

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
¿Por qué en Cali ellas ganan un 30% menos que ellos?

11% en promedio es el desempleo entre las mujeres, mientras que en los hombre es de 6.4%.

En su día, las mujeres caleñas tienen muchos motivos para preocuparse. La discriminación sigue campeando. ¿Por qué ellas se han quedado 'dormidas' ante la situación?

María Teresa Arizabaleta, una feminista caleña que luchó por el derecho al voto de  la mujer a finales de los 50 y que ahora dirige la Ruta Pacífica, organización integrada por  víctimas de la violencia, hizo la pregunta a 35 mujeres que se encontraban reunidas hace un par de semanas: ¿se han sentido excluidas laboralmente en Cali? Lea también la columna de opinión: Equidad laboral Las 35 mujeres dijeron que sí. Explicaron que se trata de una exclusión sutil. En algunas empresas, las preguntas que les hacen para ser contratadas no son las mismas que les hacen a los hombres, dijeron. Algunas de esas preguntas son:  ¿Tiene hijos?; si es así, ¿cuánto tiempo les dedica en las mañanas? ¿Debe llevarlos usted al colegio? ¿Tiene a alguien que le ayude en las tareas domésticas?La ‘cáscara’ de los interrogantes está en que las mujeres deben hacer mucho más trabajo no remunerado que los hombres y eso lo tienen en cuenta ciertas compañías a la hora de una contratación. Lo dice Beatriz Quintero, Directora de la Red Nacional de Mujeres. Es decir: la mujer debe dedicarle más tiempo a las tareas de la casa, el desayuno, la ropa, el oficio, los hijos, que los hombres. Eso las pone en desventaja en el mercado laboral. La posibilidad de que una mujer se embarace es otra de las razones por las cuáles algunas empresas preferirían contratar hombres y así no tener que lidiar con obligaciones como la licencia de maternidad. Beatriz Quintero asegura que incluso hay empresas que exigen que las mujeres presenten el certificado de que no están embarazadas para contratarlas. “El problema es que no hay control. Todo el mundo sabe que eso sucede, pero no pasa nada”. María Fernanda Ortiz, de Asomucaf, una organización de mujeres artesanas de Cali, ha notado otra forma de discriminación sutil. A las mujeres artesanas les pagan menos por sus productos que a los hombres. Como si el comprador, inconscientemente, supusiera que la mujer debe ganar menos, pues al fin y al cabo el proveedor es el hombre y el trabajo de la mujer es, digamos, accesorio.Quizá la misma lógica de quien le compra una artesanía a una mujer la aplican algunas  empresas. “En Colombia, las mujeres ganan entre un 13 y un 23% menos de lo que ganan los hombres, así tengan los mismos niveles  educativos. Culturalmente aún se tiende a pensar que el hombre debe ganar más por ser el proveedor del hogar, cuando eso está desvirtuado en el mundo de hoy”, comenta Beatriz Quintero. En realidad, pensándolo bien, esa forma de discriminar no es tan sutil como pareciera, aunque hay casos más directos de discriminación. Le sucedió a Emilia Eneyda Valencia, líder de Amafrocol, una asociación de mujeres afro.A Emilia, en un colegio, la quisieron sacar por la forma como se peinaba, con trenzas. “A la mujer afro la excluyen por ser mujer y por el color de su piel, su cultura. Padecemos de una doble discriminación”. Hace unos meses apenas, de hecho, un reumatólogo de la Clínica Farallones publicó un clasificado solicitando una médica de “piel blanca”. “Médica cirujana titulada, práctica en inscripción de clínicas. De 25 a 30 años de edad, piel blanca. Necesitase entrevista personal Dr. Guarín”, decía el clasificado. “Es muy difícil que una mujer negra ocupe un cargo importante, a no ser que tenga una ‘palanca’ política”, continúa Emilia y las estadísticas la respaldan. Según el Centro Nacional de Consultoría, menos del 5% de los empleados en el país son negros e indígenas. Marianella Ortiz Montes, coordinadora del Observatorio de Políticas Públicas Polis) de la Universidad Icesi, asegura además que las mujeres afrodescendientes se enfrentan a peores condiciones laborales. Por ejemplo, la mayoría de las mujeres afro están ocupadas en actividades domésticas en comparación a las no afro. Mientras que en el 2013 en Cali alrededor del 5% de las mujeres no afro eran empleadas domésticas, 12% de las mujeres afro ejercían esta actividad.“Múltiples estudios, no solo en Colombia sino a nivel mundial, han mostrado que las mujeres afrodescendientes ganan menos que las mujeres no afro. Según la encuesta de empleo y calidad de vida realizada en Cali, en el 2013 el salario mensual promedio de una mujer negra era $180.000 menos que el de una mujer no afro. Al ganar menos una mujer negra no solo va a tener menos recursos para invertir en su propia educación, por ejemplo, sino también para la de sus hijos, lo cual hace que persistan los círculos de pobreza”. María Teresa Arizabaleta asegura de otro lado  que en Cali se continúa dando lo que los estudios de género llaman ‘techo de cristal’: limitación velada del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones. Es decir: pueden llegar hasta cierto punto, hasta ciertos cargos, nunca más arriba. Aquello promueve, según María Teresa, el acoso sexual. No es extraño que un superior busque tener relaciones con una mujer con la promesa fallida de un ascenso. Pero eso no se denuncia, al menos no lo suficiente, luego es como si no sucediera. Tampoco se denuncian las diferencias salariales. En la historia jurídica del país,  dice la abogada y docente de la Universidad Icesi Lina Buchely, solo se ha dado un litigio por inequidad salarial. Ocurrió en 1999. “La inequidad salarial entre mujeres y hombres poco se denuncia porque tenemos un problema para hacerlo: los datos de los salarios son confidenciales. Si quisieras hacer un litigio estratégico para visibilizar las brechas salariales, las instituciones te argumentan esa confidencialidad para no entregar la información. Lo que sí es posible documentar son los techos de cristal, esta forma de distribución de poder extraña en las jerarquías de las empresas”. Para Beatriz Quintero, de la Red Nacional de Mujeres, esos techos de cristal y  el país entero se ve reflejado en lo que pasa en el Congreso, donde apenas el 23% de sus integrantes son  mujeres. Es decir: no se cumple la ley de cuotas que exige que el 30% de los administradores públicos sean mujeres. “Así pasa en todo lo otro. El Congreso es una muestra del nivel de democracia que es aceptado en Colombia”.Pero además del  techo de cristal, hay otras malas noticias para las mujeres. Entre los desempleados, son mayoría. El desempleo en su caso es un 11% más alto que entre los hombres en todo el país. En Cali, según el Dane, la tasa de desempleo entre octubre y diciembre de 2014 fue de 12.9% para las mujeres, mientras que para los hombres fue de 9.7%. Con un agravante: las mujeres tardan más tiempo en conseguir trabajo. Entre tres y cuatro meses más que los hombres. Aquello lo comprobó  John James Mora, docente de economía de la Universidad Icesi, tras un estudio sobre equidad laboral de la ciudad que advirtió otro dato: mientras que en el país las mujeres ganan en promedio un 23% menos que los hombres, en Cali la cifra llega al 30%.“Los hombres que viven en la Comuna 13 ganan un 32.1% más que las mujeres; en la Comuna 14 ganan un 28.4% más y en la Comuna 21 un 26.8%. Sin embargo, no es un problema único en las comunas del Distrito de  Aguablanca. Por ejemplo, en la Comuna 22 - Ciudad Jardín – los trabajadores hombres ganan un 33.2% más que ellas”.La Organización Mundial del Trabajo asegura, sin embargo, que Colombia es uno de los países donde hay más mujeres en cargos directivos. Después de estudiar datos de 108 países, la OIT concluyó que Jamaica es donde más mujeres hay en estos cargos, seguido de Colombia. A la socióloga Florence Thomas le sorprendió el dato, en un país en que, recuerda con insistencia,  aún no ha logrado cumplir la Ley de Cuotas.“Ha habido avances sin duda en el tema de los derechos de las mujeres y su participación en la economía si comparamos décadas anteriores, pero las brechas laborales siguen siendo muy amplias”.Esos avances, agrega María Teresa Arizabaleta, se deben a la conciencia que generó la mujer en la década del 50 sobre la importancia de ingresar a la universidad. Según un estudio del Ministerio de Educación, en los últimos diez años las mujeres han representado el 54,1 % del total de graduados del país. “Lo que sucede es que las  mujeres han aumentado, por esfuerzo propio, una mayor participación en la economía del país, en el trabajo. En los años 90 la participación laboral de las mujeres era del 39%, mientras que en 2014 es de 58/%. Sin embargo, se requiere de políticas públicas y cambios culturales para cerrar las inequidades laborales”, dice Beatriz Quintero, mientras que María Teresa Arizabaleta hace un llamado “urgente”: mujer, despierta. “Las mujeres como que se me acostaron a dormir después de las luchas por el derecho al voto y la constituyente. Debemos despertar para seguir defendiendo nuestros derechos. El más reciente libro que escribí se llama así: ‘Mujer, despierta’.  Desde  las organizaciones a las que pertenezco tenemos  la ilusión de crear la Universidad Política de la Mujer y también el partido de la Tercera Fuerza. Todo el mundo me dice que estoy loca, pero si la guerrilla ha tenido partido político, ¿por qué las mujeres no? Eso es democracia. Si la mujer tiene un partido, puede llegar a los puestos de decisión”.

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