Pólvora, un elemento prohibido que 'explota' en todo Cali

Diciembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Luiyith Melo García, reportero de El País
Pólvora, un elemento prohibido que 'explota' en todo Cali

Tras la prohibición para su expendio público, los vendedores callejeros se las ingenian para expender pólvora. La encaletan en las ventas de velas.

Vendedores de velas la expenden bajo cuerda. Es un negocio tan rentable como el microtráfico.

El centro de Cali parece un 'volcán' a punto de estallar. Como si de repente se hubiese acabado de vaciar un estadio y todo el mundo hubiera salido a la calle a la vez. La gente se atropella por pasar, le cierra el paso a los carros, los andenes están repletos de ventas de todo tipo de mercancías navideñas. Hay ruido por todas partes. El sopor aumenta. Hay fiebre de Navidad.Una carreta asoma a la bocacalle de la Carrera 8 con Calle 13. Lleva encima un tendido del doble de su tamaño repleto de velas de todos los colores, formas y tamaños; faroles en cartón de esos que se cuelgan con las velas para el alumbrado del 7 de diciembre.-Busco unas velitas, pero no de estas, sino de las que hacen chispitas, le digo a la señora que lleva la carreta. -Y también unos volcanes y petacas, ¿usted tiene?, le pregunto. La señora me mira entre sorprendida y desconfiada y me dice que no, que la pólvora está prohibida por la Alcaldía, que eso ya no se consigue por ahí. Sin embargo, yo insisto y le digo que no hay fiesta sin pólvora y ella me mira entre dubitativa y calculadora. Me lamento de que no tenga pólvora y le pido que me venda, entonces, unos paquetes de velas, de esas de parafina, para el alumbrado del domingo. La señora le hace una seña con las cejas a un hombre que aparece en escena y este me pregunta que cuántas chispitas y volcanes necesito.Rápidamente levanta el parapeto de la carreta donde se exhibe la mercancía no prohibida y saca del fondo una bolsa negra grande; me pasa las velitas romanas o chispitas, los volcanes y veo que tiene otros productos de pólvora que no me quiere enseñar, tal vez porque tiene afán de cerrar la venta en medio de la multitud.Le digo que necesito más pólvora, petacas, tumbarranchos, tronantes, diablitos para ponerle a un año viejo y me dice que vaya a La Novena, por el Taiwán (un centro comercial), que “allí están los muchachos y ellos tienen de todo”.En la Carrera 9 entre calles 13 y 14 veo una docena de ventas callejeras de velas, similares a la de la señora donde hace pocos minutos compré pólvora. Están entreveradas con los puestos de la galería del Calvario que aún funciona en el sector, y en medio de las ventas de ropa, juguetes y cacharrería que ocupan los andenes y las entradas de los almacenes. En esa sola cuadra hay media docena de pasajes comerciales que parecen verdaderos laberintos en su interior.Pregunto por pólvora en un puesto de velas a una joven y duda un instante. Me dice que vaya al frente. -“¿Ve esa camiseta de la Selección Colombia?, allí, pregúntele a la señora”...La camiseta cuelga de lo más alto de un pórtico. Al lado está la señora que vende velas para el alumbrado. Una niña de unos 7 años duerme sobre la base de un ventanal que llega cerca al piso. -¿Tiene volcanes, tiene pólvora?, le pregunto. -¿Qué necesita?, me responde. -¿Qué tiene?, le contrapregunto. Entonces se vuelve hacia el ventanal y grita: “Natalí, levántese de allí, levántese que hay una venta. La niña está profunda, no oye. Dos adolescentes que parecen ser sus hermanos la alzan a la fuerza. La madre levanta una lámina de madera con colchoneta donde dormía la niña y saca la pólvora de la caleta que hay adentro. Lo hace con afán, no quiere ofrecer más, teme ser descubierta en esa operación de venta ilegal de una sustancia peligrosa que está proscrita en el comercio caleño.Alguien me dice que si quiero comprar más pólvora debo decirle a alguno de los muchachos que andan por ahí, y ellos van a la bodega y me la traen. Pero los muchachos son desconfiados y parecen conocer su clientela. “Eso por aquí no hay”, me dice uno de ellos.*****La Novena es la calle de la pólvora en el centro de Cali. Y aunque este año no se ve una petaca, un volcán o una velita romana sobre las carretas de ventas callejeras, la gente sabe que aún es posible comprar pólvora ‘por debajo de cuerda’ en ese lugar. Sin embargo, las autoridades municipales dicen que el control al expendio de pólvora en el centro de Cali es todo un éxito, porque en un operativo conjunto de Gobierno, Dagma, Policía y otras autoridades realizado en esa zona el pasado martes, no se encontró una sola petaca.Leonela Mazuera, coordinadora de operativos de espacio público de la Secretaría de Gobierno de Cali, sospecha que puede haber pólvora guardada en bodegas del centro, como en años anteriores, pero no se han podido detectar. Hace dos años -recuerda- se hallaron 250 kilos de pólvora almacenada en el Pasaje Comercial Cali 2 y hubo una explosión en una carreta que no dejó víctimas.A unas cuadras del centro, en una casa del barrio Junín ubicada en la Carrera 20 con Calle 11, donde funciona un negocio de reciclaje, también se expende pólvora. “Los niños del barrio ya saben, van y le compran al señor totes y otras cosas, él vende a toda hora”, denuncia una vecina.“Lo que nos da miedo -dice la señora- es que esa pólvora se le estalle en la casa, que está llena de papeles, tarros y basura; no queremos que pase una tragedia como la de la zona industrial o como la de esas polvorerías que han estallado y que han matado gente”. “Estamos cansados de denunciarlo a la Policía y no van; uno no se explica por qué le dicen a uno que denuncie si no hacen nada”, se queja.En Navarro, Ciudad Modelo y Mariano Ramos también hay expendios de pólvora. Incluso, se rumora que existen fábricas artesanales de ese material que ponen en riesgo la vida de todo un vecindario. Y es que el pasado 7 de noviembre en Ciudad Modelo dos personas murieron y cuatro más quedaron heridas al explotar una polvorería clandestina que funcionaba en el tercer piso de una edificación de la Carrera 39 con Calle 29. Los vecinos dijeron que veían personas, como obreros, entrar y salir todos los días de esa casa. Que sacaban cajas y se sentía el olor dulzón a pólvora. Pero nunca denunciaron, dice la Policía. Con cierta ingenuidad, el padre de un joven que perdió dos falanges manipulando pólvora dijo que “si hubiera sabido que eso era tan peligroso no le hubiera comprado a mi hijo esa petaca”. En el oriente de Cali, en casas formales e invasiones, se facturan de manera ilegal sustancias explosivas. Este 21 de noviembre, la Policía incautó dos cargamentos de pólvora en Mariano Ramos y en Navarro. 12.500 petacas, 22 kilos de pólvora negra y 300 metros de mecha pirotécnica dejaron de circular en la ciudad gracias a esta incautación.El problema, como dijo Rodrigo Zamorano, coordinador de Gestión del Riesgo del Municipio, es que la pólvora “es una sustancia muy inestable que se excita fácilmente con el calor, con el frío, con los golpes, con todo”. De allí el peligro que comporta almacenarla sin cuidado y venderla en la calle, bajo el intenso calor del día. Pero el comercio ilegal de pólvora no para, pese a la prohibición. Es tan terco como el microtráfico. Las bodegas ocultas de pasajes comerciales aún abastecen los expendios callejeros del centro de la ciudad, tan caliente como un volcán.Rutas de la pólvoraUn investigador de la Sijín dijo que la pólvora tiene varias rutas de entrada a la ciudad. Una empieza en el municipio de La Cumbre, a 30 kilómetros de Cali. En la vereda Obreros de Cristo de esa población, sus 200 habitantes se dedican a la fabricación de pólvora. Son como una logia que no permite la entrada de nadie a la vereda ni le venden pólvora a cualquiera, solo a los intermediarios habituales y a conocidos. Se estima que esa vereda provee el 60 % de la pólvora que se comercializa en Cali y su área metropolitana. Buena parte de la sustancia llega a Cali camuflada en bultos de alimentos bien empacados y es transportada en taxis y buses de servicio público. La materia prima se ubica en fábricas clandestinas del suroriente como la que explotó hace un mes en Ciudad Modelo para fabricar totes, petacas, volcanes, tumbarranchos y otros productos. Luego, estos se llevan al centro para su expendio. Es tan rentable este negocio que, con la venta al menudeo, sus ganancias se multiplican por diez frente a la inversión. Cien mil pesos de pólvora negra pueden rentar un millón de pesos en pirotecnia. Por eso ya compite con el microtráfico de alucinógenos, dice la fuente.Otra ruta es el desvío de pólvora importada legalmente de Ecuador, Panamá y China. Hay fábricas en Yumbo y Cali que la traen legalmente para sus procesos industriales, pero, al parecer, parte de la sustancia se desvía en el camino y va a parar a estas fábricas clandestinas de productos pirotécnicos, advierte Rodrigo Zamorano, coordinador del Comité de Gestión del Riesgo de Cali.

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