Piques ilegales, un problema que parece no tener freno

Abril 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País.

Pese a permanentes operativos de las autoridades, los amantes de la velocidad se las ingenian para seguir corriendo. Radiografía.

[[nid:527883;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/04/piques.jpg;full;{En sus marcas, listos, fuera. Grupos de jóvenes se convocan por WhatsApp para correr en los piques, que en Cali son ilegales. La cita es en el Sur y la pista de carreras puede ser uno de los...Archivo de El País.}]]

Don Arturo Trujillo apura su última partida de parqués. Son casi las 11:00 p.m.  del jueves y junto a otros tres amigos, cerveza en mano, completa ya un buen tiempo entregado a este juego de mesa, en su pequeño kiosko de bebidas y mecato. 

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Lo hace para entretener las horas muertas que llegan cuando el mundo parece apagarse y este punto de la Avenida Cañasgordas, a pocos pasos del puente de La Viga, se vuelve solo un paso de autos que transitan hacia el sector de Alfaguara, en Jamundí.   

“Ya no demoran”, se le escucha decir al viejo sin apartar la vista del juego. “Usted siempre puede encontrar a esos muchachos los martes o los jueves, más o menos a esta hora. Llegan en sus carrazos y con jóvenes bonitas y, mientras no haya policía, arrancan a correr como alma que lleva el diablo”.

Eso, esta noche, tardará en ocurrir. Metros antes del kiosko de Arturo, que se levanta al final del Comfandi Pance, una veintena de carros de alta gama comienza a merodear por la Avenida Cañasgordas, todos piloteados por chicos que no superan los 25 años. Hay entre ellos un BMW, cuyo costo ronda los $130 millones. Se ven Nissan, Honda, Jeep y camionetas Toyota y hasta una Hammer.

El auto que está dispuesto a correr Carlos*, de 19 años, estudiante universitario, es un Mercedes Benz C250 modelo 2012. Dice que su padre, un reconocido empresario local, se lo presta bajo la excusa ingenua de que su hijo saldrá con su novia, un par de horas, a un bar de Ciudad Jardín. Pero aquí están los dos jóvenes, ansiosos: aguardando el momento oportuno para comenzar a ‘picar’.

Es que en las últimas semanas, cuenta Carlos, la Policía “ha estado encima. Llegan, nos piden la cédula y los papeles del carro. Y, como todo está en regla, nos preguntan qué hacemos parqueados sobre la vía. Que si vamos a ‘picar’, pero todos lo negamos. Les decimos que nos citamos aquí para mirar a dónde nos vamos de rumba. Pero cuando hay buen billete, reunimos entre todos, y les pasamos a los guardas $200.000 o $250.000. Así y todo no nos dejan tranquilos. Entonces, como les damos plata,  vuelven”.

El punto de encuentro es el McDonalds de la Avenida Cañasgordas. Esta noche de jueves, poco antes de las 11:00 p.m., se contaban 25 carros en el amplio parqueadero del local. Dos horas más tarde, sumaban 37. Sus ocupantes, en las noches de piques, parecen jugar al gato y al ratón con las autoridades, siempre atentos al menor descuido para cumplir con el propósito que los convoca: sentir el vértigo de 14, 15, 16,  17 segundos de adrenalina pura. Carros a toda velocidad que recorren 420 metros. Un pique de milla.

Llegaron después de citarse a través de grupos de WhatsApp a los que no puede entrar cualquiera. Debe ser recomendado por alguno de los integrantes para evitar ser infiltrados por las autoridades de tránsito. Manuel* explica que es la mejor vía para comunicarse. “No podemos ‘boletearnos’ por Facebook porque sabemos que esto es ilegal. Entonces, cuando hay buen clima y no vemos movimiento de la Policía, nos citamos para correr”.

El asunto es que tanto carro junto, parqueado sobre la Cañasgordas, una de las principales avenidas del extremo sur de Cali, termina por llamar la atención. “A veces logramos darnos cuenta de que la Policía nos va a caer porque varios de nosotros tienen infiltrado el sistema de radio y los escuchamos cuando van a hacer sus operativos. Entonces nos hacemos los locos, como si nada. Eso sí, apenas se vayan, arrancamos”.

El teniente Federico Rojas, que lidera el CAI de Ciudad Jardín, desmiente que en la zona se realicen piques ilegales. “Eso desapareció desde que tenemos dos fotomultas instaladas, una que está ubicada en la Calle 18 con 128, cerca a la escuela de entrenamiento de las divisiones menores del América, y la otra en la 18 con 136”.   

 Lo propio sostiene Willian Suki Goméz, comandante del grupo operativo de la Secretaría de Tránsito de Cali. Reconoce que el asunto es grave pues en un pique se infringen varias normas: “Se cierra una calle, lo que da de multa $380.000 pesos; se hacen maniobras peligrosas, hay exceso de velocidad e invasiones de carril”.

[[nid:527884;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/04/calib1abril18-16n1photo02.jpg;full;{Antes de los piques, la Policía pide documentos a los jóvenes que ve merodeando por la zona. Pero ellos esperan hasta que las autoridades se van.El País.}]]

Y sostiene que después de tantos operativos se han frenado los piques en la Cañagordas. “En un principio se acentuaban en la vía Cali Jamundí, desde la Hacienda El Castillo hasta Comfandi Pance. Y en la Vía Panorama. Pero de allí los sacaron y entonces comenzaron a citarse en Sameco, en la Bomba Texaco, entre las 11:00 p.m.  y 12:00 p.m.”.

Lo sabe bien Raúl*, un caleño que lleva practicando piques desde hace una década. Cuenta que la tradición en Cali comenzó hace 20 años, justo allí, en esa estación de gasolina de Sameco. Un pequeño grupo de amigos que se fue creciendo. Pero “las cosas se fueron dañando cuando comenzaron  a llegar tipos de motos porque ya ellos le metían drogas y alcohol. Y a veces hasta prostitutas. Entonces no hacían piques con la mística de nosotros: por amor a la velocidad y a nuestras máquinas, sino por retarse entre ellos a ver cuál de todos era el más loco encima de una moto”.

Cuenta Raúl que “la tradición de hacer piques de milla viene de Estados Unidos y Australia. Y varios nos fuimos contagiando de eso, del ‘autosport’, y comenzamos a engallar nuestros carros. Uno puede empezar metiéndole al carro un filtro de aire de $200.000, pero muchos le han invertido US$5.000”.

Se trata, advierte sin ruborizarse, de un “hobby bastante costoso”. Y explica que la inversión depende de la ‘categoría’ en la que se desee correr. Las categorías se manejan por tiempo: carros que hagan 18, 17 segundos, y de ahí para abajo. Lo ideal sería practicar esto de manera legal, tener unos cronómetros especiales, un semáforo, sensores y un juez, pero en Cali se han dedicado a perseguirnos y a no a estudiar con seriedad la posibilidad de que tengamos un autódromo”.

Cuenta que durante algún tiempo se realizaron algunos en Cavasa, “pero no eran profesionales y la pista no era muy buena”. Y plantea que Cali se abra a la misma posibilidad de Bogotá, donde los piques se practican sin restricción en el autódromo de Tocancipá, todos los jueves.

 Justamente esta noche de jueves siguió corriendo y ya son cerca de las 12. Falta una hora para que, por fin, todos estos improvisados pilotos puedan correr. Lo harán finalmente en un solitario callejón de Ciudad Jardín.

Manuel, que pilotea un BMW y se gana la vida importando ropa y tenis desde China, enseña las modificaciones que, a escondidas de sus papás, le ha hecho a su carro. Le cambió el motor, la suspensión, las llantas y los escapes. Hasta ahora suma $7 millones en esos caprichos. Dice no tener que usar cinturón de seguridad, pues en caso de un accidente es suficiente el moderno sistema de ‘airbag’.

 “Y, cuando me he chocado, lejos de asustarme, quedo con ganas de más. Entre más te choques, más aprendes. Eso sabemos todos los que corremos piques. ¿Para qué se mete uno en esto si va a sentir miedo?”.

AccidentesUno de los casos más graves  que dejaron los piques fue un ccidente en la Av. Cañasgordas en octubre de 2012, cuando un joven de 17 años murió tras perder el control de su vehículo, tumbando un poste de energía y cables de alta tensión. Los pilotos cuentan  que cuando se accidentan no reportan  a las aseguradoras para evitar sanciones y el no pago de los seguros.
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