Cali, pionero en rehabilitación de consumidoras de drogas

Cali, pionero en rehabilitación de consumidoras de drogas

Noviembre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Cali, pionero en rehabilitación de consumidoras de drogas

Mediante acuerdos, el programa lleva a que la paciente se reconozca como mujer, se ame y se respete, y así, no caiga en actos que atenten contra sí misma. Aquí la coordinadora Kelly Lorena Ruiz le explica a una de las pacientes.

La Fundación Yolima abrió un centro para tratar solo a mujeres consumidoras de sustancias psicoactivas, proyecto único en el país.

Después de 27 años de consumo de drogas y pasar por todos los modelos de centros de rehabilitación mixtos, Adriana Mora dijo ‘ya no más, hay que hacer algo diferente’.Recuerda un centro donde debía compartir habitación con la otra única mujer recluida, una paciente adicta-esquizofrénica, donde debían amanecer encerradas bajo cadena y candado. En otros, veía que algunas internas accedían a favores sexuales con los líderes de los centros, que casi siempre son hombres, a cambio de obtener privilegios dentro del internado.Ella vivió estas duras realidades en carne propia y otras inequidades de estos programas mixtos, en los cuales siempre la proporción es de 80 o hasta 90 hombres y dos mujeres, máximo cinco. De hecho, la respuesta de las consumidoras a los programas de rehabilitación es casi del 1 % y la deserción alta.Adriana Mora, quien se capacitó como terapeuta y ahora trabaja en rehabilitación de consumidoras, pensó que urgía la necesidad de crear un modelo de atención para resolver estas desigualdades e injusticias y atendiera única y exclusivamente las necesidades y los derechos de las mujeres con problemas de adicción. Idea que acogió Yolima Escobar Abadía, quien desde 2007 lidera la Fundación Yolima, que rehabilita consumidores de sustancias psicoactivas, hombres mujeres.También se sumaron a la iniciativa la neuropsicóloga Nataly González y la sicóloga Luz Adriana Gil y en conjunto, presentaron un proyecto con enfoque de género a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, UNODC. Hace siete meses ya es una realidad.En una casa del barrio Laureano Gómez, al oriente de Cali, en mayo abrió el Centro de Renacimiento a la Vida Yolima, bajo la coordinación de la sicóloga Kelly Lorena Ortiz, el primero en Colombia enfocado en rehabilitar mujeres de la farmacodependencia.Allí llegan adictas de hasta 67 años, pero también jovencitas atrapadas en las drogas desde temprana edad. Una de ellas es la chiquilla de 13 años, que hace 9 meses las probó influenciada “por unos supuestos amigos”, según su propia expresión. “Consumía todo lo que me encontrara, pero hace tres meses empecé a venir a este centro y ya no consumo, aunque tengo mis deslices”, admite esta admiradora de James Rodríguez que juega de número 10 en una escuela de fútbol y quiere salir de las drogas para volver a entrar a las canchas.La niña estuvo recluida en un centro mixto, donde “más que todo hablaban con los muchachos. Obvio, me sentía apartada”, confiesa. “En cambio acá, nos dicen lo que nos hace daño en el cerebro, en el cuerpo; en enero vuelvo a entrar a estudiar, porque siempre he querido ser una cirujana”, dice en señal de que está retomando su camino.Su colega de rehabilitación es una espigada artista de 17 años. “Bailé en la Feria de Cali, canté en el Petronio y he salido en televisión”, dice, pero dejó todo hace dos años cuando pasó a ser madre soltera y cayó en el túnel de las drogas.“La mayor dificultad con la mujer consumidora de sustancias psicoactivas, SPA, es que difícilmente se pueden internar para desarrollar un proceso de recuperación eficaz, incluso que puedan comprometerse con un tratamiento ambulatorio”, dice Kelly.“Cuando es un hombre, toda la familia lo rodea, lo apoya y la mamá le hace los trámites, lo visita, pero cuando es una mujer la señalan de abandonar el hogar, los hijos, ese es el mayor obstáculo”, añade la sicóloga Luz Adriana.Esa es la innovación de este modelo que apuesta por el fortalecimiento de la identidad femenina, les entrega las herramientas para superar el consumo y además, les facilita resolver su problema de identidad y de proyecto de vida.“Un consumidor hombre se rebusca con el trapo rojo, pero una mujer está en riesgo de vender su cuerpo; la adicción en ellas está muy asociada a la explotación sexual y son muy vulnerables al abuso sexual y/o violación”, argumenta Kelly Lorena.Adriana Mora insiste en que en el modelo tradicional o conductual priman el regaño, la recompensa, el castigo, la confrontación y autoridad. Algo injusto e inconveniente, en su opinión, porque “a las mujeres adictas la sociedad nos juzga de una manera cruel, nos convertimos en la desgracia y en la deshonra de la familia”. Además, muchas han sido víctimas de maltrato familiar, de abuso sexual y/o violación, y con ese método las hacen sentir peor y culpables.Adriana es quien enfatiza en los talleres sobre identidad femenina y género, porque este modelo de intervención está diseñado exclusivamente para mujeres con problemas de consumo. “Los modelos antiguos son muy drásticos, porque recurren a la férrea disciplina, que es lo primero que se pierde cuando se está en el consumo y por eso las pacientes desertan tanto de los progamas”. En cambio en este nuevo centro, “buscamos que puedan hablar de sus experiencias sin ser juzgadas, y como las mujeres primero comprendemos y luego asimilamos, se les explica todos los riesgos y daños del consumo, y luego ellas deciden si aceptan o no”, explica.La neuropsicóloga se enfoca en mostrarles cómo se afectan las funciones superiores o ejecutivas del cerebro, por ejemplo, la toma de decisiones. Por eso, en una crisis el adicto la única solución que ve es la del consumo o se le olvida que le hace daño porque afecta la memoria. “Su única visión es la visión túnel, el consumo”, afirma.Adriana Mora, quien lleva recuperada ya dos años y medio, se muestra complacida de haber consolidado por fin el espacio alternativo para muchas mujeres que vivieron lo que ella sintió en muchos centros mixtos, donde la mujer también es excluida e invisibilizada.Reflejo de lo que se da en los círculos de la familia, de los amigos, del mismo grupo de consumo y obvio, en los centros de rehabilitación del modelo tradicional. “Hay un discurso cultural tan fuerte que la misma mujer tiene ese concepto de que ella no vale nada y no merece ayuda. En cambio, este nuevo modelo está basado en el amor y el respeto, aquí se les exige asumir su responsabilidad, pero con dignidad”, concluye.

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