Perlaza y Padilla: una faena inolvidable en Cañaveralejo

Perlaza y Padilla: una faena inolvidable en Cañaveralejo

Diciembre 30, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Víctor Diusabá Rojas I Especial para El País
Perlaza y Padilla: una faena inolvidable en Cañaveralejo

Juan José Padilla, el 'Pirata', perdió su ojo y su oído izquierdos en una corrida de toros.

El torero colombiano Paco Perlaza cortó dos orejas y salió por la puerta grande de Cañaveralejo. El 'Pirata' Juan José Padilla conmovió con un séptimo toro de regalo.

Dos caras de una misma cruz. Dos hombres, y dos nombres, obligados a ganarle al destino. Dos puertas grandes y una misma corona. Paco Perlaza y Juan José Padilla, cada uno a su manera, encontraron el premio mayor de la cuarta de abono de la feria, en una tarde que fue todo, menos fácil.Se trabajó de sol a sol, ante un encierro que pareció encontrar el grado de distinción muy temprano, con la vuelta al ruedo al buen segundo de la tarde, pero que luego se tapó detrás de la voluntad de los toreros. Y es que aparte de ese capítulo de gloria, a la corrida de Fuentelapeña le asomaron la mansedumbre y el genio, en esa larga segunda parte que comenzó en el tercer ejemplar y se extendió hasta el de regalo, séptimo, a cargo de Padilla.Paco Perlaza hizo mucho por sacar adelante el de su primer turno y encontró la victoria. Justo de presentación, el ejemplar deambuló durante el primer tercio y dejó más interrogantes que certezas. Lo dejó casi crudo en el caballo y soportó los que parecían ser arreones. Y ahí estuvo el mérito de Perlaza, en la fe de carbonero para esperar, mientras aprovechaba el viaje del animal para dejar que entrara en confianza.Una vez lo tuvo claro, el hombre que se cuaja en el año a punta de tentaderos, marcó la distancia y ajustó la muleta para permitir que las series tomaran, en principio, forma, y luego adquirieran el carácter de piezas que, encajadas, dieran la sensación de ligarse unas a otras hasta convertir todo en una faena de madurez.Por su parte, el toro creció para olvidar su pasado. No hubo manchas sobre ninguna de las dos manos y la muleta baja hizo ver mejor el cuadro. Al final, cuando el toro quiso tirar para los adentros, Paco entendió que no valía la pena extenderse ni oír algunas voces insensatas de pretender algún trofeo mayor que esas dos orejas que le esperaban. La espada hizo efecto inmediato y el toro recibió la vuelta al ruedo como medalla a esos instantes en que fue otro. Dos orejas.En el quinto de la corrida, no pasó nada diferente a la inútil búsqueda de resultados del torero local. Tardo, sin emoción y siempre la defensiva, el toro se marchó en silencio.Por el lado de Padilla, el ‘Pirata’ debió pagar dos penitencias antes de llegar a sus gozos. El primero de la tarde, alto y hecho para arriba, tuvo tranco de salida. Pero luego bajó de revoluciones hasta no transmitir más que pena. La lidia, poca y sustanciosa, recibió palmas.El otro, cuarto, fue un manso de libro que pretendió escapar de cuanto le pusieron por delante. Sus huidas ni siquiera pararon a la hora de la verdad, hasta convertir la suerte suprema en una persecución individual que alcanzó frutos tardíos cuando ya sonaba el tercer aviso, Ovación.El séptimo, o toro de regalo, sirvió de consuelo. Para la gente, pero no menos para Juan José, dispuesto a cobrar algún trofeo sin pararse en mientes. Largas cambiadas, chicuelinas, faroles, banderillas al encuentro y al violín, muletazos de todos los tonos, entrega aquí y allá, y algún par de derechazos y un natural con sabor, fueron la partitura que puso a delirar los tendidos de Cañaveralejo, empeñados también en la lucha para llevar al ‘Pirata’ a buen puerto. Dos orejas coronaron la batalla que brindó a Adriana Eslava.Miguel Ángel Perera no tuvo un lote de gusto. Es decir, pronto descubrió que los toros estaban lejos de sus expectativas. Sin embargo, con su primero, cortó una oreja, fruto del poder de sus manos que lograron que el animal se moviera, por encima de lo que a simple vista se veía. En el sexto hubo aún menos posibilidades. El genio se montó sobre los demás genes y las miradas amenazantes trajeron más de un susto.

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