Opinión: Lecciones del Salsódromo 2016

Diciembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Ossiel Villada | Editor Online de El País
Opinión: Lecciones del Salsódromo 2016

Fueron 1.150 bailarines los que ofrecieron una descarga de salsa caleña sobre la Autopista Suroriental, en un recorrido que tuvo 600 metros adicionales a los 1.5 kilómetros de años pasados.

El tradicional desfile de apertura de la Feria enfrentó el desafío de un trayecto más largo. Aquí, un primer análisis de sus resultados.

La edición número 9 del Salsódromo de la Feria de Cali dejó, como ya es costumbre, un sin número de reflexiones y críticas entre los caleños. Muchas de ellas absolutamente justificadas y hechas con el ánimo de aportar para que el evento mejore. Y unas cuantas lanzadas desde ese territorio fangoso y maloliente en el que la ignorancia sobre los procesos de ciudad se fusiona con el odio hacia el alcalde de turno. Lea también: Un Salsódromo para festejar la paz: diez momentos clave del desfile. Pero es apenas lógico que así suceda con un evento muy niño, de apenas 9 años de ‘edad’, al que le hemos dado la enorme misión de abrir por todo lo alto una Feria que nos representa ante el mundo desde hace casi seis décadas. Desde el año 2008, cuando Jorge Iván Ospina y Andrea Buenaventura concibieron la idea y realizaron la primera edición, el Salsódromo de Cali no ha parado de evolucionar positivamente. En estos 9 años yo he sido testigo, directo e indirecto, de cómo las personas encargadas de su organización avanzaron siempre a partir de los aprendizajes logrados en cada versión. Sí, aún con todas las cosas que tiene por mejorar, el Salsódromo es un bello reflejo de esa maravillosa capacidad de los caleños para unirnos en torno a la celebración de la alegría, aportar lo mejor de cada uno y construir colectivamente lazos que nos hermanan.  Es allí, y no en la rumba circunstancial de una noche, donde radica su verdadera importancia para Cali. La edición de este año dejó  lecciones nuevas, de las que vale la pena mencionar aquí unas cuantas para empezar el análisis. La primera es que todos los artistas del Salsódromo, pero especialmente los bailarines y bailadores, merecerían que todavía hoy estuviéramos de pie ovacionándolos. Porque hay muchas formas de aportarle a la ciudad. Pero aportarle quebrándose el cuerpo y el alma sobre el duro asfalto, como ellos lo hicieron el pasado domingo, es algo que solo se puede retribuir con una actitud: RESPETO. Lograr que los directores de las escuelas de salsa entiendan que ese respeto debe ir acompañado de un mejor reconocimiento económico para sus artistas, sigue siendo un desafío para la organización.  La segunda es que no basta  con extender el recorrido, como lo pidió el alcalde Armitage con muy buena intención, para tener un  Salsódromo mejor y más incluyente. Se requiere, ante todo, un proceso que garantice que haya más bailarines  formados para responder a las características de un desfile más largo. Sé que el Alcalde lo entendió y actuará al respecto.  La movilidad del desfile, que este año se impactó debido al mayor esfuerzo físico al que fueron sometidos los artistas, es otro aspecto por  mejorar. Y resolver las dos variables anteriores es la única manera de evitar que haya graderías en las que el público se queje porque vieron a los artistas avanzar, pero no hacer show. Algo que no entienden quienes erradamente comparan el Salsódromo de Cali con el Sambódromo de Río, sin conocer las profundas diferencias  que hay entre ambos espectáculos. Por último,  el público asistente a la Autopista merece también un aplauso. Cada vez más son los caleños que aportan su   buena vibra para que el Salsódromo siga evolucionando.  Eso es lo que distingue a  esta nueva Cali que construimos como solo sabemos aquí: ¡trabajando duro y bailando rico! *Editor Online de El País y miembro del Comité Conceptual del Salsódromo. 

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