Opinión: las caleñas que no quieren ser como las flores

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¿Por qué en la denominada 'Sucursal del cielo' las mujeres están siendo asesinadas en forma alarmante? Una socióloga caleña analiza lo que hay detrás del problema.

Opinión: las caleñas que no quieren ser como las flores

Marzo 08, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lizeth Daniela Villada Trejos l especial para El País

¿Por qué en la denominada 'Sucursal del cielo' las mujeres están siendo asesinadas en forma alarmante? Una socióloga caleña analiza lo que hay detrás del problema.

Cali, una ciudad de baile, dulce y calor. En esta ciudad que ha sido llamada la 'Sucursal del cielo', las mujeres están siendo asesinadas alarmantemente.Según informa El País en su edición digital, desde junio del año pasado hasta el 4 de marzo del 2016, se han registrado 28 homicidios, de los cuales al menos 6 figuran bajo el delito de feminicidio.

¿Quiénes son las víctimas de este crimen? mujeres jóvenes que decidieron dejar atrás una relación afectiva en la que ya no se sentían cómodas, cuyos victimarios fueron hombres que en algún momento les ofrecieron su amor y cariño, pero que relacionaban ambos sentimientos con la palabra “posesión”, y al ver que sus compañeras tomaron un camino sin ellos, acabaron con sus vidas.

Pese a la importancia de generar estadísticas que permitan tomar medidas ante los hechos violentos que enfrentan las mujeres, es importante que esta situación deje de quedar relegada a una mera cifra. Se deben fortalecer los procesos investigativos y penales en cada uno de los casos, pero ¿cómo lograr esto?

La violencia contra las mujeres se ha vuelto un tema más de la agenda en los medios. Todos los días al encender la televisión se conoce el caso de una mujer que ha sido agredida por su pareja o en el peor de los casos asesinada.

En un país donde las violaciones de derechos humanos son un asunto cotidiano, los feminicidios parecen no sorprender a nadie. ¿Cómo hacer un llamado de sensibilización a la ciudadanía para que estos hechos dejen de verse como una situación ajena?

Paradójicamente, el noticiero del canal expone el caso de una mujer maltratada y en la noche proyectan la novela que reproduce estos estereotipos sexistas donde las mujeres están relegadas al ámbito privado o sus cuerpos son cosificados para el consumo y la masculinidad se expresa meramente a través de la fuerza física y la agresividad.

Niñas y niños están creciendo con unos referentes culturales violentos que no sólo se refuerzan a través de las novelas, sino también de la publicidad.

Es aquí donde se debe enfocar la atención, entrar a cuestionar cuáles son aquellas prácticas que a largo plazo pueden dar como resultado una persona machista: chistes misóginos, relaciones de pareja basadas en el control y la nulidad del espacio propio, justificar casos de agresión a mujeres por motivos como la hora, la compañía o la ropa que llevase puesta, emplear la palabra niña como un insulto, etc.

Al reflexionar sobre estos ejemplos, se encuentra relación con los altos índices de violencia basados en el género, es decir aquellas que se perpetúan en los cuerpos de las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres.

Tomar conciencia de estas situaciones que muchas veces se reproducen de manera mecánica, podría dar como resultado el surgimiento de apuestas que vayan en contravía de ese machismo imperante que anula las diversas formas de asumir el ser hombre o de ser una mujer, o en algunos casos, de no querer ser ni lo uno ni la otra.

El pasado 23 de enero fueron asesinadas 4 mujeres en diferentes municipios. ¿Cuáles son las garantías que tienen las colombianas para llevar una vida libre de violencias? En este país de normas, la institucionalidad estatal parece creer que entre más leyes se promulguen, más soluciones se le brinda a los problemas.

El año pasado entró en vigencia la ley 1761 que tipifica el feminicidio como un delito autónomo, es decir, que desde el derecho penal colombiano se reconoce el asesinato de una mujer por razones de género. Sumado a ello, la ley 1257 de 2008 imparte responsabilidades y rutas de atención para la prevención, erradicación y atención de la violencia contra las mujeres.

Sin embargo a pesar de contar con un marco normativo tan amplio, es evidente la falta de voluntad política por parte de las instituciones estatales, que se ve reflejada en el alto nivel de impunidad que tienen los feminicidios y las violencias sexuales, en el poco conocimiento que tienen funcionarias/os en los protocolos y rutas de atención, en la casi inexistente presencia de las casas refugio para mujeres víctimas de violencia y el subsidio de manutención temporal para quienes lo solicitan, etc.

Este país está lleno de profesionales, académicas y activistas que día a día trabajan de manera autónoma en la construcción de un país más justo y menos violento para las mujeres, desde la exigencia a un salario más equitativo con relación al masculino, hasta la defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

Sin embargo, las ONG´s, fundaciones y otras iniciativas no son las responsables de hacer cumplir las normas. Es el Estado quien debe comprometerse en trabajar desde diferentes espacios en la erradicación de las violencias basadas en género.

¿De qué sirve citar a una reunión en un hotel lujoso para presentar un informe, balance o propuesta relacionada con los derechos de las mujeres, si aquellas que están en mayor condición de vulnerabilidad ni si quiera saben la existencia de una norma que las cobija?

Es necesario salir de estos espacios para comenzar un trabajo contundente en la deconstrucción de imaginarios que refuerzan esas agresiones; es necesario llevar estos avances legislativos a los barrios, veredas y sectores donde viven aquellas mujeres que están en riesgo de femincidio; es necesario que el Estado garantice el derecho a un trabajo digno, a una salud integral, al acceso a métodos anticonceptivos, a procesos de formación, a una educación de calidad, al empoderamiento económico.

Si todos estos pasos se cumplieran podría hablarse de una vida plena para las mujeres, pues las violencias de género están altamente relacionadas a la violencia estructural producida por el mismo Estado.

En el tiempo que demore la institucionalidad para desarrollar acciones concretas por la defensa de los derechos humanos de las mujeres, hay muchas que se niegan a quedarse cruzadas de brazo viendo como las más pobres mueren por abortos inseguros, cómo las más valientes que decidieron soltar una relación dañina son asesinadas por sus ex compañeros bajo la excusa de que “si no era de él, no era de nadie”, mientras la vecina de al lado es mal tratada por su esposo, mientras las niñas y adolescentes son agredidas sexualmente, mientras los medios siguen hablando de “crímenes pasionales”, mientras la mujer más preparada de una empresa no alcanza un cargo de dirección por el sólo hecho de ser mujer, mientras la secretaria es acosada sexualmente por su jefe.

Pese a ese panorama que a veces parece verse bastante negativo, hay quienes se oponen a darle la espalda a una realidad que llama a la construcción colectiva en pro de una sociedad más justa.

Parafraseando a Piper Pimienta, en Cali las flores se están marchitando, están siendo arrojadas en medio de las calles y los cañaduzales por causa de un odio que no acepta su autonomía. En Cali, las caleñas ya no quieren ser como las flores, no quieren ser reducidas a un objeto de adorno, a una existencia efímera y débil.

En Cali nos hacen falta 28 mujeres y no queremos seguir llevando la cuenta de una violencia que lastima y anula la existencia cuando no se lleva una “feminidad” de acuerdo a los parámetros machistas.

* Lizeth Daniela Villada Trejos es Socióloga de la Universidad del Valle e integrante de la organización Católicas por el Derecho a Decidir - Colombia

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