Opinión: Cicatrices negras

Noviembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Paola Andrea Gómez | Jefe de Información El País

Mucho antes de que estallara la tormenta, o mejor, el huracán por el caso del soldado Micolta, que ha despertado las más viscerales reflexiones, vengo oyendo una y otra vez esta canción titulada 'Cicatrices'.

"Como la gente que vino de África es de raza negra,la misma que usted que no es negro le llama morena,tal vez por pena, tal vez por decencia busque la manera,de no herir a este negro que un día fue puesto en cadenas. Su actitud la perdono más no comparto con ella.pues hay otros que sin conocerme se estrellan, qué penaQue me llamen negrito lo acepto, lo acepto a poquitos.Exploto, formo el alboroto, depende el tonito...”. Mucho antes de que estallara la tormenta, o mejor, el huracán por el caso del soldado Micolta, que ha despertado las más viscerales reflexiones, vengo oyendo una y otra vez esta canción titulada ‘Cicatrices’, escrita e interpretada por Jairo Varela en el álbum ‘Triunfo’, de 1985 y bellamente retomada en ‘Niche: 35 aniversario’, en la voz de Elvis Magno, con arreglos del maestro Jose Aguirre.   Con algunas frases de la canción, “no puedo evitar que los ojos se me agüen”. No soy una activista, pero sí defensora de la igualdad de derechos, sin diferencias de estratos, razas, ni inclinación sexual. Así me educaron. Y tengo tanto que agradecerle a negros que han marcado mi historia… De niña conocí a la familia Possú; gente buena, valiosa. Uno de sus hijos, Jezer, ha entrenado a cientos de niños beisbolistas; otro, Addo Obed, es el alquimista de instrumentos del Pacífico; Benjamín, uno más, les enseña a bailar a los suizos en Lucerna. La persona que me trajo a El País es Esaud Urrutia, un maestro del oficio que me enseñó mucho de lo que soy. El vendedor de este diario al que más aprecio es Jairo Emilio Rodríguez, porque es gente, porque está orgulloso de su piel, como Esaud, como los Possú. Me apasionan los testimonios de luchas por la reivindicación, muchos de las cuales he conocido como reportera. Amo a Buenaventura, porque siendo adolescente la visite decenas de veces e hice tantos amigos allí… Amo la gastronomía, los bailes, los sonidos del Pacífico. Amo a Herencia de Timbiquí, Niche, Guayacán, los Lebrón, Willy García,  Junior Jein,  Andy Montañez,  Cheo Feliciano,  Roberto Roena,  Willy Rosario... Siempre les digo a muchos que me rodean, que en este cofre de piel blanca y cabello rojo vive una negra.   Hace un par de años, en un almacén  de Jardín Plaza donde trabajaba una negra bella y elegante, tuvimos una anécdota que no olvidaré. Mi esposo, al verla, le dijo a mi hijo, “mira, Sammy, ¿qué bonita ella cierto?”, a lo que el niño contestó: “Pero es negra”.  Eso de que  los pequeños aprenden todo de los padres no es cierto. En mi casa jamás ha habido racismo, porque sin ser activistas (muchos activismos terminan cayendo en radicalismos)  creemos en la igualdad de derechos y en el respeto como base de la convivencia. Mi reto fue desaparecer esa opinión de Samuel, que tanto me golpeó. Debo enseñarle mucho aún, pero esa diferencia de colores ya no marca su discurso, ni sus afectos. Jamás volví a escucharle una expresión racista. Traigo esto a colación porque pienso que el debate  debe volver a la raíz del asunto, para ver cuán racistas somos a diario y cómo estamos educando a nuestros hijos. Para que nos miremos hacia adentro y hacia afuera. Porque el problema  no se queda en la manida discusión de si  decimos afros o negros. Porque como dice Jairo Varela en su canción, el problema no es que les digan ‘negritos’; el problema es ‘el tonito’, el trato.  No me gustaba el personaje del soldado Micolta, pero sé que muchos de ustedes lo defienden y lo respeto, como espero que ustedes respeten que no me gustara. Tampoco me voy a detener en la polémica sobre el estilo  de Ray Charrupí y Chao Racismo. Creo que ahora, reposados los ánimos,  debemos  reflexionar sobre qué estamos haciendo para que esta sea una sociedad  más respetuosa, más tolerante y más sensible frente al otro. Y que toda esa vehemencia con que hemos oficiado como jueces o defensores en este álgido debate, la transformemos en una actitud comprometida y sincera para abolir el racismo, en una ciudad negra como la nuestra.  No más  ‘Cicatrices’ negras.  Hay que sanar las heridas. Y cierro con una frase más del citado himno, que cuando suena, en ese golpe de sinfonía negra, siempre me hace soltar una lágrima:  “A dónde parará. El tiempo lo dirá,uno que mi herida sana y otro la destapa más.Yo le he pedido a Changó; a Changó y a Yemanyá,que no cambien mi pigmento,porque esto se va acabar, tiene que acabar”. [inline_video:youtube:cmqxFvNILWc:0:Video de la canción 'Cicatrices' del Grupo Niche, grabada en 1985. ]

 

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad