Natalia Ponce de León, una mujer que tuvo el poder de perdonar para sanar

Natalia Ponce de León, una mujer que tuvo el poder de perdonar para sanar

Abril 20, 2018 - 11:55 p.m. Por:
Valentina Echeverry Segura / Reportera de El País
Natalia Ponce de León

Natalia Ponce de León sufrió un ataque con un agente químico en marzo del 2014. Ahora es líder en temas de violencia de género y ayuda a otras personas.

Especial para El País

Sin imaginarse que la violencia iba a tocar la puerta de su casa, ella estaba ahí, en el Hospital Simón Bolívar, en Bogotá. Sin poder pararse. Sin poder ver. Sin poder comer.

La acababan de atacar con un litro de ácido sulfúrico en su cara y en gran parte de su cuerpo. Y no fue en la calle, fue en la recepción de su propia casa. Por parte de un hombre que ni siquiera conocía.

Mientras tanto, miles de personas afuera del hospital con globos rosados le enviaban sus mayores energías. Dándole, desde lejos, fuerzas para luchar. Para salir de ese calvario al que había entrado tan de repente sin haberlo sospechado alguna vez.

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Hoy, cuatro años después de ese momento, esas personas ya no están frente al Simón Bolívar esperando su recuperación. Ahora es Natalia Ponce de León quien está frente a ellas contando su historia de vida. Con una sonrisa que está por encima de la adversidad y del pasado que no la atormenta.

En el escenario en el que estaba Natalia había 400 personas sentadas en sillas blancas bajo unas luces cálidas. El 90 % de los asistentes eran mujeres. Curioso para ella, decía, pues son los hombres, en la mayoría de los casos, los que atacan a las mujeres.

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Sin embargo, esas mujeres eran las que más se sentían identificadas con su historia. Y no porque les haya sucedido lo mismo, sino porque tal vez ninguna ha llegado a pensar que una tragedia así pueda estar tan cerca de sus vidas. Natalia tampoco lo pensó.

Al menos así lo demostró el video con el que arrancó su conferencia ‘El poder de la mente y el amor propio’. Una charla que ofreció este jueves en el Salón del Lago del Club Campestre.

Ese video era como ver un collage con fotos de su infancia. Una niña con ojos pequeños, cejas pobladas y sonrisa grande. Demostraba que se la pasaba sonriendo y compartiendo con sus amigos y familia. Así eran las imágenes que reprodujo Natalia durante más de 2 minutos en ese salón. Momentos que disfrutó y gozó antes de que su vida cambiara.

Ese 27 de marzo del 2014, cuando la atacaron con un agente químico en en el edificio en el que ella vivía al norte de Bogotá, representó la salida de una burbuja y la entrada a una nueva vida llena de lucha y esperanza, en la que logró incluso, incluir en la ley.

La Ley 1773 de 2016, o como se le conoce, Ley Natalia Ponce de León, que contempla duras sanciones para los agresores de estos casos.
“Pasar de ser víctima a victoriosa”, es esa su frase de la noche que resumió la transición que ha tenido en su vida.

No solo logró quitarse la máscara frente a semejante público y contar su historia sin misterio alguno, sino que lo lleva haciendo desde el día del ataque. Fue en esa fecha cuando entendió que debía arrebatar todos los estigmas que se tejen en la sociedad y enforcarse en una sola persona: ella.

En la conferencia, Natalia suspiraba durante cada diálogo. Se tomaba el tiempo para pensar. Era precisa con cada palabra. Segura de sí misma.
El público, por su parte, tenía la mirada fija hacia ella. Su concentración era incluso de admirar. En ese momento no importaban las 36 cirugías que carga Natalia Ponce de León, sino su discurso y su admirable forma de llevar las cosas a otra dimensión.

Puede que la intención de esa persona que la agredió haya sido deteriorar su físico, pero su alma no alcanzó a quemarla. Estuvo muy lejos de ese objetivo. Como ella misma lo dijo.


Esa noche lluviosa se convirtió en una noche llena de enseñanzas. Natalia, un sinónimo de fortaleza y valentía, no solo en Colombia sino en el mundo entero, llegó a Cali para demostrar que es un milagro.
El perdón fue uno de sus más grandes mensajes en la conferencia. Dijo que perdonar no era fácil. Sin embargo, lo importante es dejar que la página pase y el camino continúe.

El dolor no llegó a su vida para hacérsela más difícil sino para enseñarle algo. Aprendió que lo más importante no es perdonar al otro sino perdonarse a ella misma.

Como cualquier ser humano, tuvo en su momento ganas de vengarse, de expresar toda su ira, de devolverle a aquella persona todo el daño que le había hecho, pero finalmente entendió que eso no trae nada bueno.
Y eso era lo que reflejaba. Una mujer empoderada. Vestida de negro con accesorios relucientes. Sin miedo a mostrar sus cicatrices.

Su discurso duró alrededor de 2 horas, pero se sintió como una charla de tan solo 5 minutos.

En el foro abrieron un espacio de preguntas para el público. La mayoría alzaba la mano pidiendo el micrófono. Algunos tenían dudas. Otros simplemente querían agradecerle por su visita y por ser un ejemplo de vida.

Fueron 15 minutos en los que Natalia tuvo la oportunidad de relacionarse con las personas que han seguido su proceso y que ahora solo pueden decirle ¡gracias!, gracias por ser un ejemplo de vida, un ejemplo de lucha y de fortaleza. Gracias por venir a Cali a demostrar que en el perdón está la sanación y que con el poder de la mente y el amor propio se pueden superar los obstáculos.


Nadie quería que se acabara ese momento. El final fue conmovedor. Todos se pusieron de pie y la aplaudieron durante varios minutos. Ella solo sonreía. Ahora continúa su camino de lucha dando pasos de gigante, pero sobre todo convencida de quién es y qué es lo que merece.

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