Murió el empresario y filántropo Antonio Obeso de Mendiola

Murió el empresario y filántropo Antonio Obeso de Mendiola

Febrero 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co
Murió el empresario y filántropo Antonio Obeso de Mendiola

El fallecido empresario y expresidente de la Junta Directiva de la Fundación Valle del Lili, Antonio Obeso de Mendiola, junto a su esposa Luz Mejía de Obeso.

El expresidente de la Junta Directiva de la Fundación Valle del Lili y de Unicáncer, Antonio Obeso de Mendiola, murió en la tarde de este domingo a los 99 años en la Clínica Valle del Lili.

Profundo pesar produjo en la sociedad caleña la noticia de la muerte del señor Antonio Obeso de Mendiola, quien fuera presidente de la Junta Directiva de la Fundación Valle del Lili y de Unicáncer.Obeso, quien tenía 99 años de edad, fue recluido en la Clínica Valle del Lili, tras sufrir un accidente. Su salud se fue deteriorando hasta que la muerte le sobrevino en la tarde de este domingo. Aunque nació en Costa Rica, residió en Cali la mayor parte de su vida. Se destacó como empresario pero, por encima de todo, por su generosidad con lasmás diversas causad sociales. Junto a su esposa, doña Luz Mejía de Obesso quien le sobrevive, fundó y sostuvo hasta su muerte la Casita de Belén un hogar para niños desamparados. Además fue benefactor de muchas otras obras de apoyo a los más necesitados.Estudió Administración de Negocios en Estados Unidos y al regresar, en 1934, encontró el amor de su vida, Luz Mejía, y una buena plaza para lo que más le gustaba: los caballos, el trabajo y la ayuda a los demás.Recorrió el Suroccidente del país como supervisor de ventas de General Motors, desde Ipiales hasta Ibagué y el Eje Cafetero. Y luego, se dedicó a negocios de propiedades y arrendamientos y a apoyar obras sociales como La Casita de Belén y la Fundación Clínica Valle del Lili.Su amor por Colombia, como por su esposa, fueron a primera vista. Por eso, desde la época de Mariano Ospina Pérez había solicitado la nacionalidad colombiana, siguiendo el ejemplo de su padre, quien fue nacionalizado en 1940 por el presidente Eduardo Santos.Como cualquier habitante del Cali Viejo, en su juventud se bañó en los charcos de El Burro y de La Estaca, y a sus 60 años se graduó de abogado en la Universidad de San Buenaventura.Antonio Obeso es recordado por sus amigos como un hombre caritativo y de gran sentido social.Martin Wartenberg, exdirector médico de la Fundación Valle del Lili y uno de los gestores de ese centro asistencial, recordó a Obeso como un gran filántropo. “Tuvo una vida entregada a la comunidad de Cali y se preocupó por ayudar a los demás a través de las obras sociales, entre ellas la Fundación Casita de Belén, donde, junto a su esposa, Luz Mejía de Obeso, ayudaban a los niños más necesitados”, dijo.Su aporte a la Fundación Valle del Lili fue fundamental. “Él ayudó con la donación del segundo equipo de radioterapia en 1996 y por eso la sala de unidad de Cáncer lleva el nombre de su esposa Luz Mejía. No en vano el edificio de urgencias de la Clínica lleva el nombre de Antonio Obeso Mendiola”, acotó Wartenberg.También fue miembro de la Fundación Plaza de Toros, pues era amante de la fiesta taurina y un asiduo asistente a la temporada decembrina. Su ausencia fue notable entre los aficionados en la pasada temporada de Cañaveralejo.Su amiga Soffy Arboleda recuerda que fue su maestra de arte cuando Obeso decidió, a los 60 años, ingresar a la Universidad San Buenaventura a estudiar derecho. “Era una persona inquieta que cumplía con todos sus deberes y faenas como estudiante sin pedir ningún trato especial ni benevolencia”, señaló.La historiadora de arte lo recuerda además como un ‘dandy’: “Era un hombre que siempre estaba bien vestido para cada ocasión, su figura se destacaba entre todos. Era fundamental en todos los actos de la sociedad caleña, a los que asistía en compañía de su esposa Luz”.Fue además un amante de los caballos y un destacado jinete. Aprendió a montar desde muy joven y cuando adquirió su finca en San Miguel construyó una pesebrera en donde tuvo cría de caballos árabes. Hasta esos ambientes campestres se extendían sus cualidades de gran anfitrión, pues los domingos solía organizar grandes cabalgatas entre sus amigos, en las que llegaban hasta La Elvira, San Pablo o el Kilómetro 18. Eran estos los momentos que él disfrutaba enormemente, montando a Vulcano, uno de sus primeros ejemplares.Una de sus sobrinas, Manuela Espinal, recuerda esos recorridos que al final se remataban con un buen plato de fríjoles negros o ajiaco. “Era una alegría inmensa la que le producían estos paseos. Tanto así que hace años, cuando se quebró la cadera, puso todo de su parte para recuperarse lo más pronto posible. A los ocho meses ya estaba montado en su caballo de nuevo”. Arquímedes Villada, su montador durante los últimos 22 años, cuenta que los visitaba todos los fines de semana, les daba panela, los consentía. Si bien siempre se inclinó por los caballos de trote, en sus últimos años optó por un trochador criollo, Otelo, el mismo que, a pesar de su avanzada edad, Antonio montó por última vez hace seis meses en un recorrido que llegó hasta La Elvira. Con su esposa Luz Mejía tuvo un ejemplar matrimonio de 73 años. No tuvieron hijos; fueron el uno para el otro.A Luz la conoció cuando ella vino a Cali a coronar una reina, luego de haber sido elegida como la mujer más bella de Medellín. La dama antioqueña contó alguna vez que “cuando terminó la ceremonia de coronación, comenzaron a presentarme a los invitados y entre ellos estaba Antonio, un joven muy elegante; desde ese día nos gustamos, pero yo vivía en Medellín y él en Cali, así que las cosas no estaban como para entusiasmarnos”.Por fortuna, las llamadas telefónicas y las cartas de amor se encargaron de hacerla creer lo contrario. En ellas, don Antonio le decía que su amor era sincero. Le rogaba que volviera. Finalmente, tras cuatro años de correspondencia, la antioqueña dio el sí definitivo.Durante muchos años disfrutaron juntos de su afición por los caballos, el tenis y la natación, actividades que ayudaron a consolidar un matrimonio lleno de respeto y comprensión. El País lamenta profundamente el fallecimiento de este ciudadano ejemplar y envía sus condolencias a sus sobrinos y demás familiares, así como a sus allegados y amigos.

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