Mujeres víctimas de ataques con sustancias químicas cuentan su calvario

Mujeres víctimas de ataques con sustancias químicas cuentan su calvario

Febrero 22, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo | Editora Equipo de Domingo.
Mujeres víctimas de ataques con sustancias químicas cuentan su calvario

Bangladesh, India y Pakistán son los países, a escala mundial, donde más se suceden episodios de mujeres agredidas con sustancias químicas.

Las mujeres víctimas de ataques con sustancias químicas no solo deben afrontar las deformidades físicas que sufren especialmente en sus rostros, sino batallar contra secuelas sicológicas y la discriminación de la sociedad.

Otro caso aberrante. Esta vez fue en Medellín, el pasado fin de semana. Édgar Antonio Úsuga discutía acaloradamente con su mujer cuando de repente sacó de su chaqueta un frasco y le aventó un químico a la cara. La mujer, Marinela Martínez, de 36 años, fue trasladada a la Clínica de Saludcoop, del barrio Belén, con quemaduras en su rostro y su cuerpo. Con graves quemaduras en el rostro, cuello, las extremidades y el tórax y la pérdida de visión en uno de sus ojos se encuentra aún en la Unidad de Quemados del Hospital Universitario del Valle (H.U.V.) Yolima, una de las dos mujeres agredidas con una sustancia química en enero pasado en el barrio Los Chorros, de Cali. Sus casos se suman a los de las aproximadamente 78 personas quemadas con agentes químicos en Colombia durante 2013, 48 de las cuales (el 61 %) fueron mujeres, como lo reportó a El País, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Pocos colombianos alcanzan a imaginar el calvario que deben vivir estas mujeres, en su mayoría jóvenes y atractivas, desde el momento mismo de la agresión: una quemazón, un ardor y dolor insoportables que las hace sentir en el mismo infierno.En el centro hospitalario al que lleguen no pueden calmar sus dolores anestesiándolas porque hay que ganar tiempo y lo más importante en esos momentos es lavar sus lesiones con agua por dos horas para garantizar barrer completamente el químico.De acuerdo con el doctor Juan Pablo Tróchez, cirujano de la Unidad de Quemados del Hospital Universitario del Valle, H.U.V., las intervenciones que le hacen a la víctima dependen de la profundidad de la herida, de la concentración del químico y del tiempo en que estuvo expuesta a este.Después de meses hospitalizadas, “pueden pasar cuatro o cinco años tratando de dejar más o menos aceptable la recontrucción de estas pacientes, porque no es fácil reconstruir, además, a pesar de todos los procedimientos que uno pueda hacer, muchas veces no hay garantía de que vayan a quedar igual”, añade Tróchez. Son pacientes de alto costo, pues no solamente necesitan 20, 30 o más de 50 intervenciones quirúrgicas, sino un manejo multidisciplinario que genera muchos gastos. En cada uno de estos pacientes, calcula el doctor Tróchez, se puede estar invirtiendo entre $200 y $300 millones en rehabilitación integral.Secuelas físicas y emocionalesAdemás de ver su rostro desfigurado, que las hace sentirse con la autoestima por el piso, muertas en vida, como es el propósito de sus agresores, estas mujeres deben afrontar otras secuelas de tipo físico y funcional, además de las sicológicas. “La vida da un giro de 180 grados”, comenta Gina Potes, agredida con un agente químico cuando tenía 20 años y quien en 17 años ha debido soportar “26 intervenciones quirúrgicas”. Para Gina, quien lidera una fundación en Bogotá que ayuda a este tipo de víctimas (ver nota anexa), la mayoría de las agresiones son en el rostro porque la pretensión de los autores es desfigurarlas, borrarlas, por ese imaginario de que si no somos para ellos no somos para nadie. “Entonces las partes que resultan más afectadas son la cara, el cuello, los labios; hay mujeres que han perdido sus ojos, la nariz, el cuero cabelludo, sus orejas, es algo muy complicado”, comenta Gina. Tan complicado es que, como explica la fisioterapeuta María Isabel Pavas, de la Unidada de Medicina Física y Rehabilitación del HUV, se les puede dificultar llevar a cabo actividades básicas como abrir y cerrar los ojos, lo que les limita su campo visual; masticar, gesticular, hablar, tomar aire, mover el cuello, en fin, secuelas que perjudican la funcionalidad de sus órganos.Rabia, deseos de venganza, minusvalía e incluso, culpa, son los sentimientos que las embargan en un principio y con los que deben luchar con ayuda sicológica. Lo mismo que con la depresión y esa negativa a dejarse ver de su pareja o de sus hijos por temor al rechazo. Tiempo después, agrega la sicóloga Lucely Obando Cabezas, de la Unidad de Quemados, del HUV, cuando salen de la hospitalización a su vida cotidiana deben enfrentarse al miedo, al estrés que les produce salir, porque sienten temor a ser nuevamente atacadas, por eso se aíslan en su casa.Así lo hizo Ángela, recuerda el cirujano plástico Alan González, una chica de 16 años que al parecer, fue atacada por su novio, una vez terminó con él. “Ella iba en décimo grado, dejó de estudiar, se refugió en su casa, no salía de su cuarto, su vida se volvió una tragedia: le quemó la cara y parte del cuello”. La asesoría sicológica, que en muchas ocasiones no las siguen recibiendo ellas por su propia iniciativa o por las trabas que les ponen las EPS para asignarles las citas, son indispensables para que salgan adelante. Incluso para que aprendan a no sentirse avergonzadas al tener que salir a la calle con la licra, una especie de máscara que les cubre toda la cara y les ayuda a atenuar la cicatriz. Que aprendan a no dejarse amilanar por esas miradas fisgonas o esas preguntas imprudentes como ¿a usted qué le pasó? ¿Por qué tiene la cara así? y que las hacen sentir muy mal.Cada una se va a encontrar con situaciones como esas o que un niño al mirarla diga, ¡ay, tan fea!, asegura la sicóloga Obando. “De ahí que siempre les digo a estas pacientes, nosotras no podemos controlar el mundo, es imposible, pero tú si puedes controlar lo que sientes ante esas miradas extrañas o ante ese alguien que no quiera estar cerca de ti”.Esa asesoría sicológica fue en gran parte lo que ayudó a *Martha, caleña que atendía público en una entidad financiera y que quedó con una cicatriz grande en la frente y media cabeza sin cabellera.Aunque la cambiaron de puesto en su lugar de trabajo (ya no atendía público) ella no se sintió rechazada, “con las herramientas sicológicas que adquirió entendió la situación y aceptó sin problema su nuevo cargo”, comenta la sicóloga. Martha, quien fue agredida estando embarazada y permaneció hospitalizada en el HUV tres meses, tuvo su bebé, quien desde su nacimiento se convirtió en su más grande motivación para vivir.La sicóloga recuerda cómo tiempo después Martha la visitaba en el HUV para mostrarle las fotos de su niño y se veía perfecta: con pañoletas del mismo color de su ropa; el cabello tirado hacia un costado para tapar el lado de la cabeza en que no le salía cabello, con unas gafas divinas. “Se le veía sonriente, ilusionada, con ganas de vivir”. Ya no era una muerta en vida.Ella es Gina Potes y su afiche promocional.El gran aliado de las mujeres quemadas con agentes químicos.Conozca la ley que permite castigar a los agresores de ácido.

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