Mototaxismo, flagelo que amenaza al sistema de transporte de Cali

Junio 30, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | El País
Mototaxismo, flagelo que  amenaza al sistema de transporte de Cali

María del Pilar Rodríguez, presidenta de Metrocali, asegura que el mototaxismo no es un modelo de desarrollo sostenible para la ciudad. El flagelo, dice, es una especie de condena: genera inseguridad, desorden vial, problemas de salud pública, contaminación.

Tras el mototaxismo no solo hay gente sin trabajo. También se ocultan mafias, políticos que buscan votos, gente que alquila motos para lucrarse. En Cali el fenómeno ha crecido debido a las debilidades del MÍO. Un senador pretende formalizarlos. ¿Qué piensan los piratas?

Los hombres, de pie, conversan sobre sus buenas noticias. El trabajo se ha incrementado, anuncian. Desde que en Cali los buses de transporte público salieron de circulación, son ellos los que están “llenando ese hueco”. Pero no solo eso. El Sistema Integrado de Transporte no da abasto para cubrir toda la ciudad, por lo menos no por ahora, y eso también los beneficia. En estos lares – barrio Meléndez – comentan, hay zonas en donde el MÍO no llega o se demora demasiado y gracias a eso trabajan más. Las debilidades de los buses azules, están seguros, son su mayor fortaleza, la mejor publicidad para su negocio, no interesa que lo llamen ilegal. Sus clientes son, por ejemplo, empleadas del servicio doméstico que laboran en sitios tan lejanos como las casas ubicadas cerca a los tanques de Ciudad Jardín. Hasta allá no llega el MÍO, ellos sí y las dejan en la puerta. “Muchos nos prefieren”, dicen convencidos. Todos tienen las llaves de sus motos en la mano. Juegan con ellas. Aseguran tener otros clientes exclusivos, fijos: los que trabajan en los centros comerciales del sur y salen tarde, 11:30 de la noche. Guardas de seguridad, aseadoras, meseros, cocineros, tantos. Como a esa hora no hay servicio del MÍO, los mototaxistas se convierten, por descarte, en la única manera para transportarse, por lo menos la que resulta más económica. No todos los que salen tarde de los centros comerciales tienen cómo pagar un taxi. Su carrera mínima, en cambio, la cobran como pasaje de bus: $2.000, incluyendo en ese caso el recargo nocturno ($500). El transporte pirata tiene sus leyes: no tener horarios, trabajar hasta la madrugada de ser necesario, cobrar solo un poco más por ello. Por jornada de trabajo - ahora hacen cuentas - cada uno gana entre $40.000 y $60.000. Y la competencia entre ellos es brutal, sobre todo, repiten, desde que salieron de circulación los buses de transporte público y el MÍO empezó a retrasarse, a desesperar a muchos. La tardanza de una ruta los promueve, se incrementa la demanda de mototaxis. Sí: los piratas de dos ruedas cada vez son más en la ciudad y eso, en parte, se debe a las fallas del transporte legal. En esta esquina de Cali, por ejemplo, carrera 94 entre calles 4 y 5, vía Meléndez, se parquean 60 mototaxistas, aunque sumando los de todo el barrio pasan, calculan, de 100. Eso sin contar los otros puntos de la ciudad donde también se ubican: vía La Buitrera, esquina de Holguines Trade Center, El Bosque, Normandía, Terrón Colorado, Menga, Nápoles. Nadie, sin embargo, sabe cuántos son en total. Ni la Secretaría de Tránsito, ni Metrocali, ni ellos mismos. Que nadie conozca su crecimiento exacto es otra ventaja para el negocio.IILos mototaxistas siguen conversando, hacen confesiones: incumplen, a veces, las normas. Transportan parrilleros hombres, por ejemplo, pero solo en calles internas, en el barrio, nunca en el resto de la ciudad, porque eso sería demasiado estúpido, aceptan. La multa, si los atrapan, es de $1.200.000, casi lo que vale la moto. Si además se accidentan con un pasajero, la multa sería tan cuantiosa que prefieren no hablar de eso, ni siquiera pensarlo. Muchos no tienen seguridad social y eso que por estar en una moto en jornadas de más de 12 horas como son las suyas se empieza a padecer problemas de columna, riñones, enfermedades respiratorias, hay un riesgo altísimo de contraer cáncer de piel debido a la exposición al sol. No tener seguridad social es entonces otro problema serio en caso de accidentes. Ellos no lo dicen, pero en la Secretaría de Tránsito de Cali lo saben: algunos mototaxistas accidentados han preferido fugarse.El Secretario Alberto Hadad agrega otro dato: en el primer semestre de 2013 se han inmovilizado 98 motocicletas de mototaxistas. Varias de ellas tenían deficiencias en sus sistemas de frenos, luces, llantas lisas. Coincidencialmente el mototaxismo se incrementó, los accidentes de motos también. Entre enero y marzo de 2013 en Cali se contabilizaron 2.794 de estos accidentes, 824 más que en el mismo periodo de 2012.Los riesgos de montarse en una mototaxi, entonces, son elevados. Y aunque se pretenda controlarlos, dice Wilmer Tabares, guarda de tránsito, no es tan sencillo. Para multarlos hay que demostrar que efectivamente están transportando gente de manera irregular. Y los mototaxistas se escabullen. Hacen carnés con logos de empresas, se lo entregan al pasajero, le advierten que en caso de retén deben decir que son compañeros de trabajo. Otros tratan al pasajero como un familiar. Un pirata se delató cuando llegó al extremo de darle un beso en la boca a una mujer y ella abrió los ojos, aterrada. El pirata juraba que era su esposa. La mayoría, cuentan ahora los mototaxistas, se dedica al oficio por el desempleo. Rubén Ordoñez es en realidad locutor. Trabajaba en una emisora comunitaria cristiana. Sin embargo, las lluvias quemaron el transmisor y no ha habido con qué repararlo. Jorge González, 36 años, es bachiller y dice que el único trabajo que ha encontrado para llevar la comida a la casa es este. Lo mismo narra Javier Molina, aunque mientras hablan aseguran que algunas de las motos de sus compañeros son alquiladas.Es decir: hay gente que compra motos y las pone a disposición del mototaxismo. A diario les deben hacer una entrega de $20.000 promedio. Es decir: no todos los que se lucran de este transporte pirata es gente sin trabajo.IIITras el mototaxismo también hay mafias, carteles. Manuel Virgüez, senador del Movimiento Mira, asegura que existen grupos especializados en trámites que les están ofreciendo a los mototaxistas la compra del Seguro Obligatorio, Soat. A cambio de los $300,000 que en promedio cuesta, piden copia de los documentos: cédula, tarjeta de propiedad de la moto, el mismo Soat, la licencia de conducción. Con esos papeles, y en complicidad con autoridades de tránsito y algunas EPS, los delincuentes simulan accidentes para cobrar la prima que ofrece el Seguro: 800 salarios mínimos vigentes, $47 millones. Para lograrlo elaboran un croquis falso de del falso accidente, certificados de ingresos a los hospitales, toda la historia clínica del caso. Se aseguran, además, de que los costos de hospitalización que reporten no superen esa prima que entrega el Soat para cubrirlos. En ese caso los gastos los seguiría asumiendo las EPS, los descubrirían. Al interior de las secretarías de tránsito se han identificado además carteles que estarían persiguiendo a los mototaxistas para multarlos, incrementar el recaudo, y sin embargo los dineros no permanecen en las cuentas de esas dependencias. Según Manuel Virgüez, la plata termina en la caja menor de las campañas electorales.A los mototaxistas, ese es otro asunto, los utilizan en épocas de elecciones. Algunos políticos les prometen beneficios, permitirles trabajar, a cambio de votos. En todo el país, es el cálculo, existen cuatro millones de motociclistas, un millón de ellos son mototaxistas, tantos que podrían elegir senadores, concejales, ser decisivos en la elección de alcaldes, gobernadores. Tantos, que en ciudades como Sincelejo, los taxis y las busetas están condenadas a desaparecer. La capital de Sucre se convirtió en la principal receptora de los desplazados de la guerra entre paramilitares, la guerrilla y el Ejército en Los Montes de María. Esas víctimas no tuvieron dónde emplearse, algunas compraron una moto para transportar pasajeros. El negocio fue tan rentable que empresarios con dinero también las compraron para que otros la manejaran. No hubo control. En 2011, de 800 busetas que había en Sincelejo, quedaron 180. Cada vez son menos. Algo parecido está empezando a suceder en el resto del país. El mototaxismo surgió tras la desmovilización de grupos armados en la Costa Caribe. Muchachos que recibieron $10 millones y no sabían qué hacer, decidieron comprar motos para hacerle competencia al transporte legal sin necesidad de pagar impuestos. En otras ciudades vieron el ejemplo, el mototaxismo se extendió, impulsado también por las facilidades de financiación de las motos. Y no es solo una competencia desleal. Las autoridades sospechan que algunos mototaxistas se aliaron con la delincuencia para promover delitos como el micro tráfico de drogas. En zonas con presencia de guerrilla como San Vicente del Caguán son también campaneros de las Farc, vigilan los movimientos del pueblo. En las grandes ciudades, dice Wilmer Tabares, guarda de tránsito, se han reportado robos a pasajeros cometidos por algunos mototaxistas. Y se ríe pero es en serio: el mototaxismo ha generado problemas de salud pública. Epidemias de piojos debido a ese casco que se ponen tantos. En Cartagena, otra ciudad de mototaxistas, los dermatólogos reportaron aumento en el número de pacientes con enfermedades en la piel y el cuero cabelludo.IVRubén, Jorge, Javier, siguen conversando en esta esquina, reconocen que parte de lo que se dice de ellos es cierto. Pero explican: hay gente disfrazada de mototaxistas que hace daño. En este oficio los buenos son víctimas de falsos mototaxistas. Por eso se cuidan. Para estar aquí cuadrado hay que ser conocido en el barrio, dicen. El que no lo sea no puede trabajar como mototaxista, no se lo permiten. La mayoría vive en Meléndez o en sectores cercanos como Polvorines. Y aunque rentable el negocio, por lo menos desde que el MÍO se retrasa, vivir perseguidos por los guardas y señalados de piratas no es que resulte muy grato. Siempre hay zozobra. Esta semana no más protestaron, hubo disturbios, seis heridos, cinco buses del MÍO averiados, dos estaciones, una ciudad que los rechaza por esas reacciones, el miedo. Para trabajar tranquilos, dicen, estarían dispuestos a escuchar una propuesta hecha en Bogotá precisamente por el senador Manuel Virgüez: formalizar a los mototaxistas de Colombia no para promover el oficio, sino para desmontarlo.El senador tiene una idea: censar a los mototaxistas para saber quiénes son en realidad, cuántos. Después, capacitarlos para vincularlos con contratos a empresas, todo eso con la ayuda del Estado. Y formar a un grupo de mototaxistas, uniformarlos, carnetizarlos, afiliarlos a la seguridad social para que, solamente en las zonas a las que no llega el sistema de transporte masivo como las laderas, se les permita trabajar. Funcionarían como alimentadores de las estaciones. Así, dice el senador, se mejoraría la eficacia de los sistemas, se les protegería económicamente.Rubén, Jorge, Javier lo piensan, dicen que sí, que escucharían. Por lo pronto hay que abrir los ojos. Les avisaron que es día de operativos contra ellos. En Terrón Colorado hay despliegue de guardas de tránsito. También en El Bosque. Los dragones, las grúas, están por todas partes. Siguen con las llaves de sus motos en la mano.

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