Más de 34.000 menores de la capital del Valle del Cauca viven en el ocio

Más de 34.000 menores de la capital del Valle del Cauca viven en el ocio

Julio 04, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Más de 34.000 menores de la capital del Valle del Cauca viven en el ocio

Según estadísticas del Dane, 16.000 jóvenes entre los 15 y 18 años no estudian ni trabajan en Cali. Especialistas en el tema aseguran, sin embargo, que la cifra puede ser mayor.

Jóvenes señalan que hay dificultads de acceso a centros educativos y oportunidades laborales. Alrededor de 16.000 están entre los 15 y los 18 años de edad, así lo reveló un reciente estudio del Dane otorgado por Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf.

Un total de 34.368 menores caleños entre los 5 y 18 años no asiste a ningún centro educativo, no trabaja y tampoco busca empleo. De ellos, alrededor de 16.000 están entre los 15 y los 18 años de edad, así lo reveló un reciente estudio del Dane otorgado por Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf.“Muchos de estos jóvenes son los que se han convertido hoy en delincuentes, adictos a las drogas e integrantes de pandillas, y a pesar que desde la Alcaldía se gestionan proyectos sociales, culturales y deportivos para ellos, con el fin de ocupar su tiempo libre, es una cifra que nos preocupa”, dijo Mariluz Zuluaga, secretaria de Bienestar Social de Cali.Sumado a esto, Luz A. Grisales, coordinadora de proyectos del Centro de Capacitación Don Bosco, entidad religiosa sin ánimo de lucro, opina que los jóvenes sin acceso a educación y trabajo son más de los que revela el estudio.“Las filas para lograr un cupo en Don Bosco superan las 3.000 personas. Sólo aquí trabajamos anualmente con 1.900 jóvenes de estratos 1 y 2, la mayoría del oriente de Cali, ¿dónde están los del resto de la ciudad?”, cuestionó Grisales.Añadió que este problema no sólo esta relacionado con la falta de oportunidades laborales sino con la cultura del dinero fácil, la ausencia de orientación vocacional en la educación media y el acompañamiento de la familia.“Las familias modernas se han despreocupado por la formación de los jóvenes delegando esta tarea únicamente a la escuela, lo que los hace más vulnerables a los placeres del dinero o la rumba”, señaló Jennifer Betancourt, profesional del Centro Don Bosco.Agregó que en Colombia se ha desprestigiado a las carreras técnicas y tecnológicas, por lo que los jóvenes que no ingresan a la universidad creen que entonces no pueden hacer nada más.“Siempre pensamos en ser médicos, abogados e ingenieros pero muchos no pueden pagarlo o las vacantes son pocas. A usted en la casa nunca le preguntan ¿quieres ser un reparador de gasodomésticos?, oficio, como muchos otros, que pocos practican”, complementó.Los jóvenes hablan de esta problemáticaFrente a tal panorama, Jonathan Velásquez, integrante del Consejo Municipal de Juventud, opina que hay una ausencia de políticas públicas claras para los jóvenes.“Constantemente invitamos a los jóvenes para que se vinculen a los debates de participación ciudadana; pero en Cali se hacen proyectos desarticulados, mientras la Secretaría de Cultura hace una cosa con jóvenes, Gobierno hace otra, y Deportes otra. No nos sentamos en una mesa de trabajo a diseñar propuestas que cumplan necesidades reales”, explicó.Y aunque hay grandes vacíos en las oportunidades de educación y empleo para los jóvenes de la ciudad, otros como Javier Pérez han logrado combatir los obstáculos para salir adelante.“Cuando terminé el bachillerato no tuve forma de continuar con mis estudios por los recursos de mi familia; me inscribí al Sena pero no quedaba, las listas eran larguísimas y ni modo de pensar en la Universidad del Valle porque no tenía ni para los pasajes”, comentó.Poco a poco logró finalizar una carrera técnica en Don Bosco, que ahora está validando en una universidad, pues como él mismo afirma “no hay que quedarse sentado, todo es cuestión de voluntad”.Francia Elena Caicedo quedó en embarazo a los 15 años mientras cursaba octavo año de secundaria, lo que la obligó a abandonar los estudios. Para sostener su vida y la de su hijo trabajó como empleada de oficios varios en una casa de familia.“Me humillaban tanto que me cansé, pensé que era muy jóven como para quedarme en eso. Retomé los estudios, me capacité y ahora todo está cambiando”.

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