Maltrato a las mujeres de Cali, drama que sigue siendo increíble

Maltrato a las mujeres de Cali, drama que sigue siendo increíble

Junio 10, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas
Maltrato a las mujeres de Cali, drama que sigue siendo increíble

Cerca de 469 mujeres maltratadas en lo que va corrido del año en Cali.

Crónica de una visita hospitalaria a la persistencia de una sobreviviente. Tatiana Lloreda, Deyamira Cuan, rostros reales de un drama que, aunque repetido, sigue siendo constante en todo el país.

Levántate. Tienes que hacerlo. Estoy escribiéndote a ti, Tatiana, tal como se lo prometí a tu mamá este jueves, cuando fui a visitarte. Te escribo para que ella te lea mientras te peina como hace todos los días desde que estás allí, en la clínica, luchando por quedarte en éste, el lado de los vivos.No te preocupes; aunque haya pasado todo un mes, ese día en que fui a verte a la cama 23 de la unidad de cuidados intensivos, tu pelo seguía siendo bello. Se que te importa y por eso empiezo diciéndote esto: no es como han asegurado algunos; pese al coma en el que estás sumida, a tu conciencia suspendida en esa dimensión lejana, no eres un jardín abandonado en ruinas. Creelo, Tatiana, hay una chispa que aun florece en ti. Levántate, tienes que hacerlo. El jueves vi tus ojos negros dando la pelea. Vi tus intentos por enfocar la cara de tu mamá cada que habla de tu hijo, ese chico de 16 años por el que te partes la espalda trabajando como manicurista. Te vi moverlos cuando oyes voces que dan cuenta de esa vida que espera por ti y vi tu pecho estremecido cada tanto, cuando parece que tomas más aire del que aguantan tus pulmones perforados por las balas. Es como si de repente quisieras respirar por ti misma, olvidarte de todas esa máquinas y esas mangueras que entran y salen de tu cuerpo, para al fin pararte de ahí. Lo vi cuando tu mamá te puso medias en tus pies talla 35 para quitarte el frío y tu, seguro en agradecimiento, moviste tus párpados con delicada urgencia, como el aleteo de una mariposa bajo la lluvia. Estás viva, muchacha, pese a todo lo que te pasó ese 13 de abril.El caso de Tatiana, uno entre muchos másEntrar en detalles de lo que ese día le sucedió a Tatiana Lloreda bajo el puente de Calimío ya no tiene caso. Y no porque haya que olvidarlo. Al contrario, lo que pasó es un asunto que no puede seguir inadvertido: víctima de un hombre que abusó de ella y luego le disparó cuatro veces en el abdomen, Tatiana es sólo una de las 469 mujeres que en lo corrido del año han sido maltratadas en la ciudad. 469 mujeres: tantas que si se pararan juntas, una tras otra en la calle, ocuparían cinco cuadras seguidas; la mitad del Teatro Municipal, desbordarían la capacidad de la capilla de San Antonio. ¿Cómo es que un pecado de este tamaño sigue ocurriendo ante la vista de todo el mundo? La historia de Tatiana, además, engrosa la lista de los más de cien ataques sexuales que se han registrado en este 2012. De acuerdo con Medicina Legal, en este periodo se han realizado 5.191 exámenes médico legales por presunto delito sexual en todo el Valle del Cauca. Después de Bogotá y Antioquia, el departamento aparece como la región en la que se han hecho más pruebas de este tipo en todo el país.En 1.871 oportunidades, el agresor fue un familiar de la víctima. Los maltratadores, pues, no sólo son esposos celosos o novios enfermos; ni tampoco desconocidos. En más del 30% de los casos, los victimarios fueron padres, hermanos, suegros, hijos.Andrés Santamaría, personero municipal, asegura que la situación puede ser aun más grave de lo que evidencian las cifras porque las mujeres siguen presas del miedo a la hora de exponer su situación ante las autoridades. De acuerdo con él, un porcentaje importante de las mujeres asesinadas este año habían intentado denunciar maltratos previos pero, por una y otra cosa, las denuncias no fueron radicadas. Entre enero y abril, la Fiscalía de Cali registró 110 asesinatos y 33 tentativas de homicidio contra mujeres.Una de las razones para que esas denuncias no se hayan efectuado, afirma el Personero, son las limitaciones del aparato judicial: la ciudad sólo cuenta con catorce fiscales de vida; catorce personas encargadas de todos los homicidios, tentativas, suicidios, muertes con responsabilidad médica que ocurren aquí. Hasta abril pasado, esos 14 fiscales tenían bajo su cargo 4.245 casos, lo que significa que cada uno de ellos tiene bajo su responsabilidad 303 procesos. Según Elmer Montaña, ex fiscal de la Casa de Justicia de Aguablanca, la resolución de un caso de tentativa de homicidio puede tardarse ocho meses.Un hogar al cual pedir ayudaEn esta ciudad golpeada, sin embargo, funciona desde el 2010 un modelo de atención replicado de ciudades como Sao Paulo y Barcelona. Es una casa donde las mujeres afectadas reciben asesoría sicólogica, apoyo jurídico y alojamiento mientras resuelven su situación. Aunque según los protocolos de acompañamiento determinados por la Ley, las autoridades deben velar porque el agresor abandone la residencia de la víctima en el mismo momento en que ella busca ayuda, la verdad es que rara vez pasa. Incluso, la ley 1257 del 2008 reglamenta que las EPS dispongan de sitios para que las agredidas se instalen, pero eso tampoco sucede. La casa, una iniciativa de la Secretaría de Bienestar Social del Muncipio, se llama Hogar de Acogida y funciona en el barrio San Fernando. Es una construcción de fachada blanca y techo a dos aguas que en este tiempo ha atendido el drama de 480 familias.Sonia Robles, la coordinadora del lugar, dice que muchas de las mujeres que han llegado hasta allí lo han hecho decenas de veces después de haber denunciado, con la fe casi perdida y, a veces, casi a punto de dejar de ser víctimas para convertirse en victimarias. Aunque generalmente el proceso está diseñado para que pasen allí dos semanas, en la mayoría de los casos ellas se quedan veinte días, un mes, a veces más. En este tiempo, mientras las asesoran en la ruta de atención, el esfuerzo gira en torno a establecer una red de apoyo familiar y social para que a la hora de dejar la casa, las mujeres no vuelvan a sentirse solas, desprotegidas, vulnerables. Además, allí, reciben capacitación en trabajos manuales y otras actividades con las que puedan empezar a valerse por sí mismas. Parece un asunto menor, pero Nicolás Nasrralah, el abogado del Hogar de Acogida, cuenta que esto es vital en el proceso: uno de los maltratos que más registran en Cali es el que se deriva de la dependencia económica. Según el abogado, muchas de las mujeres afectadas temen denunciar a sus agresores pensando en que ellas y sus hijos derivan su sustento de sus parejas y que si los enfrentan quedarán en la calle. Ellos, entonces, las presionan, las humillan, las manipulan. ¿Cómo calificar a un hombre que le niega la comida a su esposa, a sus hijos, con tal de que hagan lo que él dicta?Los cuartos de la casa donde las mujeres se alojan, han sido bautizados con nombres que son un golpe de confianza ante todo aquello: amor, libertad, esperanza, solidaridad, respeto, autonomía. Sin embargo, pese a todo esto, a las bondades que representa, desde hace cuatro meses el Hogar de Acogida está a la espera de recursos para su funcionamiento.En este momento, si una mujer necesita alojarse fuera del alcance de su agresor, no tendría dónde refugiarse. Frente a la situación específica de Cali, Natalia Pineda, politóloga y antropóloga de la Universidad de los Andes, que desde tres años dirige la Fundación Sí Mujer, dice que no cree que el maltrato femenino haya aumentado de manera alarmante, sino que se ha hecho mucho más evidente.Y eso, reflexiona, debe servir para que se empiecen a dar cambios en los patrones culturales de una sociedad patriarcal en la que desde hace muchos años parece normal que el hombre se imponga a la mujer de cualquier manera.Para eso, dice, son necesarias sanciones ejemplarizantes. Persistir en la educación y revisar los discursos de las violencias. Por ejemplo, insiste, las mujeres tienen que empezar a entender que no son culpables; que un escote o una falda corta no justifican que un hombre las violente y que ellas, después de pasar por una situación como esa, no son víctimas sino sobrevivientes.Dayamira Cuan Castañeda, es una de ellas. Después de todo lo que le pasó con el hombre que un día amó, de los huesos rotos, las suturas, del corazón en ruinas después de tantos golpes y excesos, Dayamira podría mirar como mira la gente que ha vivido demasiado deseando un solo sueño. Su mirada podría permanecer extraviada, huyendo de los recuerdos que de cuando en cuando deben morderla por dentro, cuando en su memoria ve las manos de Wilson Barrera Mesa. Podría ser así, seguro, pero Deyamira, sentada en el sillón de una casa al sur de Cali, mira de frente a la calle y algo brilla ahí, en sus ojos, como luceros aparecidos después de un aguacero.Aunque tuvo que poner la denuncia en tres ocasiones, aunque tuvo que soportar las preguntas una y otra vez, aunque escapando de la furia del hombre tuvo que cambiarse de casa tantas veces que ya perdió la cuenta, la justicia al fin actuó.La semana pasada Barrera fue capturado por acceso carnal violento y hay en curso otro proceso por tentativa de homicidio. Deyamira, entonces, se siente libre al fin; mira sus cicatrices ya cerradas, mueve las manos, acaricia sus hijas, sonríe, vive. Después de todo, dice, es posible.Rosa Elvira, un caso como el tuyoNo voy a mentirte, Tatiana. Al igual que a ti, a muchas mujeres las han maltratado en esta ciudad donde naciste hace 31 años. Y seguramente lo seguirán haciendo.En este país donde la cultura del narcotráfico no sólo cambió la arquitectura, el sistema judicial y hasta las cárceles, sino que invirtió la escala de valores de tanta gente, aun hay quienes piensan que las mujeres son objetos, muebles, cosas. Tal vez por eso en estos días, mientras has estado allí, dando tu pelea, han ocurrido otros dramas de los que ojalá queden enseñanzas. Otra mujer, Rosa Elvira Cely, fue atacada en el Parque Nacional de Bogotá. Su caso, como el tuyo, ha conmocionado al país y por ello ha habido movilizaciones, marchas, se anuncian revisiones de las leyes, mayores sanciones para los agresores. Hace un año, quizás lo recuerdes, cuando el entonces técnico de la selección Colombia agredió a una mujer, se dijo lo mismo; hubo políticos que se rasgaron las vestiduras, los periódicos titularon en tono de alarma, se hicieron anuncios parecidos. Pero todo sigue igual, dirás. Y puede que sí, Tatiana. Pero esta vez, sin embargo, creo que algo puede empezar a cambiar. Y que el caso de esa mujer con nombre de flor y espinas puede llegar a convertirse en una metáfora de todo lo ocurrido. Es por eso por eso, para demostrar que no todo está perdido, que debes levantarte.El encefalograma, ese examen para el que tu mamá estaba buscando plata, al fin pudieron hacértelo. El viernes los médicos dijeron que según las mediciones hay esperanzas de que despiertes. Así que tu mamá, que es pura fe, está dichosa. Ella sabe de tu persistencia; el hecho de que hayas resistido todo aquello, prueba en carne y hueso tu condición natural. Párate, Tatiana. Tu mamá dice que cuando eso pase se irán para Bogotá, donde querías tener un salón de belleza y estudiar enfermería. Querías ayudar a otros, ¿recuerdas? es lo que has dicho desde niña.Esa ha sido tu ilusión. Levantarte de esa cama, creeme, ayudaría a muchos, a miles de mujeres quizás, que verían en ti no una víctima sino a una sobreviviente. Y eso eres muchacha. Es por eso que te lo repito: levántate, tienes que hacerlo.

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