Malestar en la Iglesia por polémicas misas de sanación y liberación

Febrero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | El País.

Sacerdotes de Cali explican qué tipo de misas no son permitidas por la Iglesia Católica.

La parroquia está repleta. Algo previsible si hay filas de carros varias cuadras a la redonda. Es miércoles de ceniza, pero a la vez el padre Alejandro Restrepo oficia la tradicional misa de los enfermos en El Templete, que algunos feligreses denominan misa de sanación. Lea también: Prohíben misas de sanación y exorcismos colectivos. Expresión que ha movido las estancias arzobispales: monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, emitió un comunicado en el que prohíbe oficiar las llamadas misas de sanación. Entendidas como las realizadas por religiosos no autorizados y/o que cobran la entrada. Y el Nuncio Apostólico, Ettore Balestrero mencionó directamente al sacerdote Dirk Kranz, llamado padre Teo. El representante de El Vaticano en Colombia comunicó que el padre Teo, de la congregación Los Legionarios de Cristo y residente en México, “tiene prohibido ejercer cualquier tipo de actividad ministerial pública”. El País conoció que el padre Teo realizó en Palmira cuatro “encuentros” y no misas de sanación, según Diego Londoño, un colaborador de la logística del evento, con asistencias masivas. Y programaba otro. Sin embargo, admitió que “la gente de una librería de Jamundí llamada 'El man está vivo' (que no está relacionada con la editorial del libro del mismo nombre) provocó la reacción del Nuncio y de Monseñor.Volviendo a El Templete, terminada la Eucaristía de los enfermos, en la que no hubo gritos ni alaridos ni nadie cayó al piso, el padre Alejandro reafirmó: “No hay una misa que no sea de sanación. Todas lo son. Darle ese título a una sola Eucaristía, pensando que las demás no lo son, es lo que ha llevado a la confusión”.De ahí la importancia de que Monseñor Monsalve aclarara el término, “porque la gente piensa que hay misas de sanación y otras que no lo son, pero todas las misas celebradas por cualquier sacerdote son de sanación”, reitera.“Las misas de sanación no existen, porque toda misa es de sanación. La expresión es una redundancia, como decir ‘blanco blancuzco’”, define el padre Rodolfo Londoño, director de la Renovación Católica en Cali.Explica que hay gente que se pone “un poco fanática” siguiendo tal misa o parroquia, “pero al que tenemos que seguir es a Jesucristo, porque Él está vivo, presente y real en toda Eucaristía, en cada sagrario y es el que transforma la vida”.Y expone una metáfora: Cuando un muchacho se enamora de una chica, no se enamora de los suegros. Va a buscar la chica por ella, no por sus padres. “Igual, uno va a la Eucaristía, solo por la presencia del Señor”, ilustra.La cuestión es que mucha gente piensa que la sanación es la curación de una enfermedad física a través de una oración especial, dice el padre Alejandro. “Si pensamos que vamos a celebrar la misa para que alguien se levante de una silla de ruedas, se nos olvida que se puede ser feliz en una silla de ruedas. Ahí está la clave de la sanación interior, en que Dios es el que sana, pero el corazón”, explica el superior de los carmelitas descalzos.“Si me dicen: ‘padre, tengo cáncer, sáneme el cáncer, se nos olvida que puedo ser feliz en medio de esta enfermedad, incluso, puedo generar alegría en quienes no lo tienen porque con Dios uno acepta lo que tiene y no lo rechaza y puede ser un testimonio de vida, eso es sanidad en el corazón”, comenta. Esa es su experiencia en El Templete: “Lo que Dios hace es sanar el corazón del ser humano y hacer que la persona sea feliz y pueda tener esperanza. Se sana es para enfrentar la vida, pero nadie sana a nadie, es Dios el que sana”, enfatiza. Adriana González, católica vinculada a una obra social de la Arquidiócesis, ratifica lo anterior. Pero cree que la confusión se debe a que por lo general se busca a Dios por una necesidad o por una enfermedad. “Y esa dificultad es a veces la puerta de entrada a esa transformación o proceso de conversión”, sostiene.Al respecto, el padre Rodolfo comenta que debemos ser más maduros en la fe y “no buscar los milagros del Señor, sino al Señor de los milagros y ya Él hará los milagros en cada uno de nosotros”.El padre Winston Mosquera, párroco del Santuario Señor Jesús de la Divina Misericordia, del barrio El Pondaje, donde los lunes oficia una de las Eucaristías más concurridas de Cali, aclara que la diferencia es que a veces se hace la imposición de las manos y otras, el sacramento de la unción de los enfermos y/o para personas mayores de 60 años. En la Parroquia de San Nicolás, el padre Guillermo no nos puede atender: está confesando fieles que dicen gustar de ir a misas de sanación y liberación. “Supe de una celebrada hace un mes en la que se levantaron hasta las bancas de la Iglesia”, confiesa alguien del barrio.Edwin Reina, miembro del grupo Rosa Mística de dicha parroquia, revela que a él le ha tocado ver “liberaciones duras” de gente que hasta vomita, escupe, grita, llora y se cae ante una imposición de manos o una unción en la Eucaristía.Él sí ve necesarias misas como las del padre Teo, porque el mal existe, llámese esoterismo, cartomancia, tarot, velorio satánico, brujería, salamiento, encantamiento, nueva era, vudú, lectura del tabaco, santería. “Todas esas son formas de la maldad”, sentencia el joven devoto.Y aunque reconoce que los sacerdotes deben obediencia a la jerarquía católica, dice que “más que criticar hay es que orar y Dios dirá el momento y lugar para que sea levantada la prohibición. Todos los sacerdotes deberían hacer la imposición de manos, ojalá hubiera más”. Sustenta que la Biblia tiene más de 500 referencias a las liberaciones y que Jesús expulsaba demonios. “Por ello el papa Juan Pablo II instituyó el ministerio de sanación y liberación, porque cuando la persona no tiene una vida sacramental y no está unida a Dios, la pueden influenciar fuerzas negativas invisibles, situaciones del alma que la ciencia no se explica ni puede curar, y si la persona está buscando conversión, se debe liberar y sanar de eso”, sostiene.Martha Espitia, otra feligrés, añade que es una lástima la prohibición al padre Teo por las personas que buscan empezar un proceso de conversión a través de la liberación y se lo pierden: “Él no hizo nada mal, pero enlodaron su nombre pero fueron los organizadores los que no tramitaron los permisos ante Monseñor”.Sin embargo, el padre Rodolfo afirma que lo que el Arzobispo quiere es impedir que se haga negocio con la fe, con el dolor y con el sufrimiento de la gente. “Él no está diciendo que no oremos para que la gente se sane o se libere. No. Pero las cosas tienen un orden, un lugar, un momento, una forma”, reflexiona.Se refiere a que si se presenta un caso específico de “posesión”, hay que discernirlo muy bien. “Cuando alguien grita en la misa, es probable que sea un caso de histeria. Y si el uno grita y el otro también, es histeria colectiva. Entonces hay que decirle ‘venga, siéntese, hablemos, cuénteme qué le pasa’, entrar en diálogo para saber qué tiene”, sostiene. En un 90 % de los casos, dice, son dolores del alma, del corazón que tiene la gente y no espíritus que hacen que actúe así. “Eso es sanación interior: situaciones que necesitan ser sanadas, pero no es nada demoniaco”, sentencia.Luego de un estudio para determinar si es una cuestión sicológica, siquiátrica, física o del corazón, o si de verdad, es una situación de orden espiritual, “en el remoto caso de que así lo sea, se maneja de manera per -so -na -li- za- da”, dice vocalizando sílaba por sílaba.Admite que la Iglesia Católica tiene su ritual de exorcismo, pero subraya que se debe hacer en privado, no de manera colectiva porque con 300, 800, 2000 personas, se pueden generar casos de histeria, maltrato y más miedos. A él le ha tocado atender gente asustada y “el Evangelio no es para asustar”, dice.“Uno tiene que predicar es a Jesucristo, no al mal. Si usted se acerca a una Eucaristía es para encontrarse con Jesús y esa comunión es la que transforma y sale con paz, con alegría, con gozo o al menos, tocado para querer un cambio interior, no con miedo”, añade.En su opinión, lo que masivamente predicaba Jesucristo era el amor, el perdón, la bondad y eso es lo que debemos hacer. No nos vamos a dedicar a predicar de este ‘otro señor’ que ya fue vencido por Jesucristo en la cruz. Y si a usted se le aparece algo con cachos y con cola en su cuarto, es una vaca. Dejemos de estar viendo el diablo en todas partes”, dice mostrando que el humor no riñe con la espiritualidad.“El padre Teo no es ni curandero ni estafador” El padre Winston Mosquera, párroco del Santuario Señor Jesús de la Divina Misericordia, comenta que no se sabe con qué fin realizan las llamadas misas de sanación, porque no son dirigidas por la Arquidiócesis, y las hacen sin permiso. “El padre Teo es la punta del ‘iceberg’ porque él no tiene autorización de oficiarlas ni siquiera en Colombia. No está mal la libertad de cultos, pero al Gobier- no se le salió de las manos esto y ya no saben cómo controlarlo”, dijo. Sin embargo, Diego Londoño, defendió la labor del padre Teo: “Él no es ningún milagrero, ni exorcista, ni sanador ni curandero ni estafador, como dijeron los medios de comunicación en forma amarillista”.“El padre Teo es un sacerdote legítimo, continuó, no está en desobediencia sino que está encardinándose (vinculándose a una orden) en México y él no hace misas de sanación ni de liberación, sino un encuentro donde da una conferencia, comparte una enseñanza y al final hace una oración en la que los asistentes reciben sus beneficios espirituales, porque él tiene el don”, explicó. Londoño añadió que las cuatro presentaciones previas en Palmira las hizo para la ONG La Sagra- da Familia a $10.000 por persona.Reconoce que sí hubo un error en no tramitar el permiso, pero cree que lo que más molestó fue el cobro de la entrada que se fijó en $35.000 porque el sitio era pequeño y a menos gente, suben los costos de logística, sillas, alquiler del lugar, entre otros.“Fue un impase desagradable con un sacerdote que obra con fe y amor, creo que sí debemos una disculpa pública, pero él no es responsable del error”, concluyó.

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