Lugares, sabores y monumentos que sólo se encuentran en Cali, conózcalos

Junio 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Erika Arce / redacción de Q'hubo

Para muchos se trata de maravillas que hacen de Cali la 'Sucursal del Cielo. El periódico Q'hubo las encontró. El bulevar del río, la salsa, el cholado, las macetas y los ríos que atraviesan la ciudad, forman parte de la lista.

1. El bulevar de todos 

[[nid:426076;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/bulevar-del-rio-cali.jpg;left;{}]]El Bulevar es un espacio que le da a ‘La Sucursal del Cielo’ el toque de una urbe cosmopolita. Atravesarlo es toda una delicia  y un paseo de talla mundial.

Hubo que esperar muchos años pero el milagro llegó. Podría decirse que en las últimas décadas no se había hecho una obra en Cali, que impactara tanto a la ciudad, como la construcción del Bulevar de la Avenida Colombia y el Túnel Mundialista.

Los caleños fuimos testigos de cómo este sector histórico pasó de ser un lugar congestionado por el tráfico y el intenso ruido, a tornarse  un sitio de diversión  y encuentro.

Su construcción se inició en enero del 2011 y culminó en mayo del 2013 a un costo de $61.000 millones.

El resultado fue un paseo peatonal  de 980 metros de longitud en la parte superior y por debajo el túnel  que con sus 686 metros de largo, es el más extenso del país en zona urbana.

Ahora podemos decir que el Bulevar es uno de los lugares “de mostrar”.

Y es que recorrer este espacio es un reencuentro de los caleños con su tradición cívica. Un lugar seguro, agradable, que en la tarde se inunda con la fresca brisa caleña, que rompe con la frenética dinámica de la urbe.

Sentarse en las bancas a comerse un helado, observar el paso de las hermosas caleñas, tomarse fotos con algunas de las monumentales gatas, divisar la arquitectura gótica de La Ermita o participar de alguno de los  eventos culturales que se realizan allí a lo largo del año, convierten a este lugar en una de las maravillas de Cali.

[[nid:426077;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/teatro-municipal-cali.jpg;left;{}]]Cuesta creer que fuera posible que en una pequeña villa, que no superaba los 40.000 habitantes, se construyera una joya arquitectónica como el Teatro Municipal Enrique Buenaventura. Con su estilo clásico italiano, esta edificación fue en su momento una da las obras más importantes de Santiago de Cali y a la postre se convirtió en el faro cultural de la ciudad y la región.

Luego de casi una década de construcción, el teatro fue inaugurado el 30 de noviembre de 1927 con la presentación de la ópera  ‘El Trovador’ de Giusseppe Verdi, a cargo de la compañía de ópera Bracale.

Este edificio patrimonial conserva tesoros como los frescos del plafón realizados por el italiano Mauricio Ramelli y las pinturas del foyer, del maestro Efraín Martínez.

[[nid:426082;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/bailarines-salsa-cali.jpg;left;{}]]En Cali se baila la salsa de modo particular, al punto que el estilo de sus bailarines tiene fama mundial.

Es tal la agilidad de los bailarines caleños que un día la salsa les quedó lenta y ellos mismos comenzaron a acelerarla al ritmo de sus cuerpos. 

Desde los años 60, cuando en Nueva York Joe Cuba ya le aumentaba el ritmo a la salsa por uno más rápido como la pachanga y el boogaloo, el baile también empezó a cambiar. En el barrio Obrero y otros sectores populares de Cali, los acetatos de salsa grabados para girar a 33 revoluciones por minuto se hicieron girar a 45 r.p.m. 

Y surgieron bailarines que le cogieron el paso a ese voltaje, como Watusi (y María), rey del primer campeonato mundial de salsa que organizó José Pardo Llada en 1972. Bailarines como Watusi hacían magia con los pies. Eran inigualables, con un estilo psicodélico, marcaron un precedente histórico y dejaron un legado a los caleños.

[[nid:411965;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/04/jovita.jpg;left;{}]]Decían que era loca. Lo cuenta en detalle el poeta Javier Tafur González en su novela ‘Jovita, o la biografía de las ilusiones’. Loca, escribe el poeta, porque a veces la veían hablando sola y con los ojos brotados. O porque se bañaba en el río Cali sin susto. O por lo más importante: porque se creía reina de Cali y actuaba como tal. Entonces, en la Feria, encabezaba los desfiles repartiendo besos encaramada en las máquinas de bomberos.

 Sí. Jovita Feijó se autoproclamó reina de reinas, así tuviera piernas peludas porque no le gustaba depilarse. Y la ciudad aceptó a su reina, una soberana sin una tuerca, decían algunos. Era, hay que escribirlo - y si ella lo leyera le daría rabia– un personaje pintoresco.

Algunos pueden pensar que a  Cali le  faltan muchas cosas, pero lo que sí no pueden negar es que si hay algo que le sobra es la belleza de sus mujeres.

 No hay alegría sin belleza, y encanto femenino es lo que le ha sobrado a Cali en su historia.

En certámenes como su Feria  la presencia femenina ha sido la varita mágica que le da mayor encanto al goce colectivo.

Fue justamente ésta la vitrina desde la cual las caleñas fueron reconocidas a escala nacional e internacional, como mujeres bellas por excelencia. 

Es su sonrisa abierta, su porte ondeante cual palmera, su dulzura de carácter cual caña de azúcar, su habilidad genética para el baile, su piel dorada por el sol del trópico es lo que las hace encantadoras para caleños y visitantes ansiosos de feriar. 

Y en esa primera edición realizada en 1958, a falta de una reina en la Feria hubo cuatro. La invitada de honor por razones obvias fue Luz Marina Zuluaga, quien recién estrenaba su corona obtenida en Miss Universo. Merceditas Baquero, quien acababa de ganar otro título internacional, el de Miss América; la gratamente recordada por su hermosura y carisma Luz Carime Alhach, reina de los periodistas, y Gloria Arenas, la representante de los barrios de Cali. De esos años postreros del Cali Viejo es nuestra mejor reina, Jovita Feijó, quien alternaba con las candidatas al Reinado Internacional de la Caña de Azúcar, por el simple placer de lucir sus collares, polleras, sombreros y carteras.

Su vocación de dama con corona la ponía por encima de la competencia, y el pueblo caleño le correspondió con creces al nombrarla en el imaginario colectivo como la más bella entre las bellas, e incluso las nuevas generaciones que no la conocieron, aman lo que ella significó.

[[nid:426087;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/la-merced-cali.jpg;left;{}]]Entrar al Museo La Merced es como hacer un viaje en el tiempo. En cada uno de sus espacios hay una referencia a lo que ha sido el transcurrir de nuestra historia. La entidad que cumple 30 años de fundada, se encuentra en el complejo arquitectónico de La Merced, una construcción colonial que marca el inicio de la historia de la ciudad. 

La iglesia, fundada por la comunidad mercedaria, se levanta sobre el sitio donde fue celebrada la misa de fundación de la ciudad, poco después de la llegada de Sebastián de Belalcázar en 1536.

Entre 1541 y 1545 se iniciaron las obras de construcción del convento, que fue ocupado hasta 1825 por la congregación religiosa, cuando fue expulsada por el Gobierno de la época, que cedió el espacio a  las madres agustinas recoletas.

[[nid:427137;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/06/rios-de-cali_0.jpg;left;{}]]Siete son las maravillas del mundo, siete son los días de la semana y siete son los ríos que bañan a Cali en su pasar, siempre bella y natural.

Bañada por siete ríos, como un exquisito plato que está adobado con siete deliciosas salsas, así es Cali.  Y es que los caleños tenemos el privilegio de contar con siete afluentes que refrescan, son fuente de vida de ecosistemas con diversidad de fauna y flora y son espacios de esparcimiento y recreación, porque caleño que se respete aprovecha el fin de semana para ir de paseo al río y bañarse en sus deliciosas aguas.

El río Cali, que toma el nombre de la ciudad que atraviesa de oeste a oriente, nace en el Parque Nacional Natural Los Farallones (Alto del Buey). Sobre él se han escrito poemas y es la huella imborrable de los que somos, de los que fuimos y de lo que seremos. Su cauce muere en  el sector de Floralia, justo en el río Cauca;  este último  recorre 1.350 kilómetros del territorio nacional, pero recordemos que en su paso por Cali dejó las añoranzas de los barcos de vapor que surcaban sus aguas repletos de mercancías y pasajeros.

De aguas frías, cristalinas y rápidas es el río  Pance, aquel que nace en el pico más alto de Los Farallones y baja desde el oeste ufanándose de ser el favorito por los bañistas, pero el  Cañaveralejo, que nace a 2.800 metros sobre el nivel del mar, no se queda atrás y en sus 25 kilómetros de recorrido muestra imponente a los robles, los yarumos y los otobos  que lo rodean.

No menos importantes están las aguas del Lili, el Aguacatal, y el Meléndez que mojan las ansias y sueños de una ciudad pujante, alegre y emprendedora.

[[nid:426670;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/05/macetas-2.jpg;left;{}]]Narra la leyenda que a finales del  Siglo XIX, por estas tierras habitaba Dorotea Sánchez, una humilde mujer de origen afro  que tenía dos hijos gemelos, Pedro y Pablo. Vivían en el barrio San Antonio y en medio de sus afugias ella buscaba la manera de celebrar de un modo especial el cumpleaños de sus hijos. En una oportunidad al verse sin recursos para comprarles un regalo, se dio cuenta que lo único que tenía a mano era azúcar. Entonces sucedió una especie de milagro. Ante Dorotea se presentaron los santos que llevaban el nombre de sus hijos y le enseñaron a convertir el  azúcar en alfeñiques que ella luego decoró con papelitos de colores.

La idea fue tan buena que pronto todos los niños querían que les hicieran uno, y así surgieron las macetas, esa tradición única en el mundo, que sólo se celebra en Cali y une a los padrinos con sus ahijados.

Lea también: Le contamos todo sobre las macetas, la dulce tradición que identifica a Cali

[[nid:143063;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2012/07/pandebono400.jpg;left;{}]]

Si quiere descubrir cuál es el sabor de Cali, pruebe un delicioso pandebono, un manjar cuya historia está unida a las tradiciones de la ciudad.

No hay nada como comerse un pandebono caliente al desayuno. Basta con tomarlo en la mano y partirlo para  que el vapor brote de su interior y deje esparcir  su inconfundible aroma de harina y queso. Luego saborear su textura esponjosa lentamente y acompañarla de un buen café. Y es que el pandebono es un producto orgullosamente vallecaucano. 

Dice la leyenda que a comienzos del Siglo XX  un panadero italiano radicado en Cali fabricaba un pan a base de almidón de yuca, maíz y queso, y que cada tarde salía a venderlo por las calles de su barrio, ofreciéndolo a voz en cuello por las calles  como “Pan del buono, pan del buono”, que significa ‘pan del bueno’. Su producto tuvo mucha acogida y con el paso del tiempo la gente lo llamó pandebono.

Sin embargo, el desaparecido historiador Germán Patiño,  aseguró que el pandebono nació en Dagua, en una hacienda llamada ‘El Bono’, donde muy temprano horneaban un pan con maíz y queso que acompañaban con café. 

Pero más allá de su origen, no hay caleño que no disfrute este delicioso manjar que con su inconfundible sabor define a qué sabe Cali.

[[nid:414524;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/04/cholado-i.jpg;left;{}]]Si bien el vecino municipio de Jamundí se adjudica ser la cuna del cholado, ese delicioso postre helado a base de frutas tropicales, Cali es la madre del sabroso pandebono.

Del cholado se dice que su rico y refrescante sabor hace parte de la dieta de todos los caleños.  Tal vez uno de los lugares más populares para disfrutar de este manjar está ubicado en los alrededores de las Canchas Panamericanas.  

Y es que no hay nada como degustar esa  exquisita combinación de papaya,  banano, piña, guanábana, maracuyá y lulo, adobada con mermelada, leche condensada, y mucho hielo.

[[nid:355339;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2014/10/gato-tejada-734.jpg;left;{}]]Travieso y  sonriente, de mirada gatuna e imponente, así es el Gato del Río que se roba el corazón mío

Con su mirada pícara y coqueta, el Gato del Río es un estandarte de la caleñidad. Todo aquel que pase por la orilla del río Cali no puede ser indiferente ante su imponente figura. 

Esta monumental escultura de un felino fundido en bronce, es uno de los grandes legados que le dejó el maestro Hernando Tejada a la ciudad. Desde su instalación en julio de 1996, a la orilla del río Cali, en la Avenida Cuarta Oeste el particular Gato, rodeado de sus gatas que luego se fueron instalando en el lugar, se ha convertido en  un mudo cómplice del encuentro de amigos, familiares y amantes que quieren compartir bajo su sombra, momentos de alegría e intimidad.

Cuenta la historia que la idea de hacer el Gato surgió entre charlas de amigos, copas de vino y almuerzos en el barrio El Peñón. Luis Guillermo Restrepo (director de Opinión de El País), testigo y cómplice de esta ola creativa, contó  las ricas anécdotas que surgieron a su alrededor, como que se formó un Comité que estuvo pendiente de cada detalle, que para recolectar fondos se fabricaron 150  réplicas miniatura del gato que fueron firmadas por Tejada y vendidas a $300.000 cada una, y que en medio de una cena en el Club Colombia se remató el modelo que el escultor construyó a  escala.

Travieso, inquieto, majestuoso y un ícono de la caleñidad, así es el Gato del Río, testigo sonriente  de amores y encuentro furtivos, cómplice de lágrimas que se han diluido con el río, amigo fiel de deportistas y caminantes y vigilante del caudal que lleva el nombre de la ciudad que atraviesa.

[[nid:427148;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/06/gato.jpg;left;{}]]Coquetas y enamoradizas, así son las gatas que comenzaron en el 2006 una historia de amor junto  al solitario Gato de Tejada en las riberas del río. La belleza, magia y particularidad de estas felinas es un proyecto que nació desde la Cámara de Comercio, donde importantes artistas de la región y del país decidieron ponerle un toque de compañía para adornar los días soleados y las noches de brisa de la capital vallecaucana. La ‘Gata dormida aquí y allá', 'Engállame la Gata' y 'Gata frágil', fueron las últimas mininas que llegaron al harem del bigotudo, completando así 22 amores para un solo Gato.

[[nid:427151;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/06/brisa-calena.jpg;left;{}]]En un delicado remolino, donde la calidez y el frío se juntan,  se forma la brisa caleña. Es tan poderosa que lograr arrancar sonrisas y tan delicada como una caricia.

De primerazo se siente como un golpecito en el cuerpo, que refresca. Luego se va metiendo suavemente entre la ropa, logra colarse entre la camisa y le va formando olas que la  hace ver bombacha;   y ¡cuidado con las faldas! porque es experta dejando a más de una hermosa dama bastante ruborizada. Pero lo mejor es cuando pega en la cara, suave y cálida, y despeina... y es que lo mejor de la vida... te despeina.

 Así es la brisa caleña, aquella que siempre baja desde el oeste y se va alargando hasta  el centro y el norte. Famosos son por los vientos el barrio San Fernando, la Plaza de Toros y por supuesto de la Avenida Sexta, esa que enamoró por su ajetreo, pero especialmente porque la brisa acariciaba sutilmente la piel de las caleñas. 

Como un soplo que viene directamente del  cielo, la brisa se forma al caer la tarde. Cuando el sol quiere empezar a esconderse, el aire cálido comienza a ascender y se encuentra con los vientos fríos que descienden de Los Farallones, y es en ese remolino de corrientes donde nace.

Si bien tenemos la fortuna de disfrutar durante todo el año de la brisa, especialmente en los meses de verano, julio y agosto, es cuando ella más está presente, como premiando a los caleños con su suavidad, frescura  y exquisitez.

[[nid:427152;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/06/cristo-rey-cali.jpg;left;{}]]

Como pocas ciudades, Cali tiene la fortuna de estar cercada por el Parque Natural Farrallones de Cali,  formaciones de montañas que se extienden por 206.503.8 hectáreas y donde se forman ríos y abunda la vegetación. Quizás uno de los cerros más cercanos y visitados por los caleños es el de ‘Las Tres Cruces’, que está a 1.480 metros sobre el nivel del mar y en cuya cima está un monumento con tres imponentes cruces que se empezaron a construir en 1937 dizque para ‘atrapar al diablo’. Hoy en día es uno de los favoritos por los caleños para hacer deporte y en Semana Santa es el destino predilecto para purgar pecados. Otro de los consentidos es el cerro donde está el monumento a  ‘Cristo Rey’, llamado realmente  Cristales por la cantidad de cuarzos que se encontraban a su alrededor. El Cristo se edificó en conmemoración de los 50 años, tras el final de la Guerra de los Mil Días, el domingo 25 de octubre de 1953.

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