Los universitarios en Cali tienen su propios 'confesionarios' en la web

Los universitarios en Cali tienen su propios 'confesionarios' en la web

Noviembre 21, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alejandra Lozano y Valentina Vargas, integrantes del semillero UAO | El País
Los universitarios en Cali tienen su propios 'confesionarios' en la web

Son operadas por administradores sin rostro que publican detrás del anonimato. No son páginas institucionales, no están avaladas por las universidades y oscilan entre la diversión y el ‘bullying’.

En Cali hay páginas de Facebook en las que los estudiantes de diferentes universidades revelan sus confidencias.

“A la niña de administración, Camila, le quiero decir que dejó el novio y se puso muy rica y con la mona que anda de comunicación, para qué más, par de mamasotas hermosas”. Mensajes como estos son los que llegan de manera permanente a la página del Confesionario UAO Renovado. Se trata de espacios en Facebook donde  estudiantes de las universidades en Cali confiesan  sus intimidades.   Las páginas son operadas por jóvenes sin rostro, no se conocen sus identidades. Se les llaman confesionario porque el ‘admin’, quien administra el sitio, no revela identificaciones de nadie. Muchas veces, incluso, ni siquiera él sabe quién envía el mensaje, porque el remitente usó un perfil falso para enviarlo.  En Cali hay más de diez páginas dedicadas al tema de las confesiones, con más de 60.000 seguidores.  Algunos de los nombres de estas páginas son: Confesiones Icesi; Confesiones Usc Cali-Palmira, Confesiones Javeriana Cali Reloaded, Confesionario Unicatolica, Confesionario UAO renovado, Confesionario END, Confesiones Univalle, Confesiones Universidad de San Buenaventura CALI, Confesiones Bellas Artes, Confesiones Unilibre Cali. La  lista se podría alargar. Diversos aspectos de la vida universitaria aparecen allí: cómo  salvar el semestre; clasificados, objetos perdidos, admiradores secretos, ‘memes’, fotografías comprometedoras, críticas a profesores, peleas, vestuario de estudiantes y hasta contenido sexual.  No son páginas institucionales y mucho menos avaladas por las universidades. Cada una tiene sus particularidades, filtros y el toque de personalidad que le da cada administrador. En cuanto al anonimato, administradores de los sitios aseguran que la razón principal de ocultar su identidad es para evitar problemas con las personas involucradas en las confesiones. “Así como se oculta la identidad del creador del contenido, se oculta la identidad del que manda publicaciones, además, con ese anonimato se le da la confianza al que publica sus secretos y confesiones. Su identidad no se revela bajo ninguna solicitud”, explicó uno de ellos, quien pidió omitir su nombre.  Detractores y fanáticos Los confesionarios tienen grandes audiencias porque se constituyen casi en un canal de diversión. El problema es que también se pueden usar para practicar el ‘bullying’ o matoneo en las universidades. Julián Arango, estudiante de la Universidad de Valle, dice que “estos espacios son chéveres para pasar el rato y uno se ríe y permiten mantener a los estudiantes conectados o informados sobre las cosas que pasan. También es un espacio de entretenimiento porque no es solamente de cosas académicas”. Otros, como Iván Marulanda, de la Universidad Javeriana, opinan que “los confesionarios dependen de la finalidad que se les da, tienen cosas positivas o negativas. Cuando se pierden cosas y se pueden encontrar a través de las publicaciones, son buenos; pero cuando se usan para chismes o dañar la reputación de algunas personas,  son malos”.Para algunas personas involucradas en publicaciones de los confesionarios, el hecho  no ha sido relevante, mientras otras aseguran que  se han afectado emocionalmente.   Nataly Mora, una estudiante que tiene un canal en YouTube y publicó un video titulado ‘Gente Gorda’ donde criticaba la obesidad, fue víctima de amenazas a través de las redes sociales.  “Cuando compartí el video, a su vez, varias páginas lo compartieron, a partir de eso se empezaron a generar ‘memes’ y críticas sobre mi físico, mi pensamiento y mi carrera. Sacaron estereotipos y hacían precisamente lo que criticaban de mi vida. Casi toda la universidad se enteró, aunque al día siguiente eliminaron todo lo que habían publicado en el confesionario”, relata la joven. ¿Qué dicen los ‘admin’? Ante el debate generado por estas páginas, los administradores de los confesionarios tienen sus propias posiciones. Son conscientes de que estas se pueden prestar para generar problemas. “Pienso que el acoso  no se ha tomado en cuenta en nuestra sociedad y lo ven como juego de niños sin tomar en cuenta las repercusiones. El ‘bullying’ siempre ha existido, acá hay filtros y se trata de publicar lo gracioso, no lo que sea destructivo para las personas. El buen humor siempre estará presente y se recocha como si se estuviera en la cafetería de la universidad; claro está que cuando una persona se sienta afectada por una publicación solo se comunica con el administrador y se retiran las publicaciones”.  Sin embargo, en casos de matoneo y burlas, el panorama cambia y dejan de concebirse como páginas banales de libre expresión y entretenimiento para verse como una situación más seria. Julián Albornoz experto en redes sociales, asegura que “las redes sociales son el reflejo de lo que ocurre en el ambiente normal. Aunque en mi época no me tocó, sí viví  los corrillos de las cafeterías. Si llegaba una persona a la que no querían, se levantaban, cambiaban de tema o le hacían el feo. Es un reflejo de lo que ocurre en ese entorno, que se traslada a lo virtual”.  Si bien este tipo de acciones no están tipificadas dentro de delitos informáticos, tienen implicaciones legales, como lo indica un experto en delitos informáticos de la Fiscalía.  Él asegura que los delitos de injuria o calumnia que se realizan a través de redes sociales son delitos comunes realizados a través de medios digitales.  Por ejemplo, “a una persona se le difunde la foto por internet acusándola de algo. Este no es un delito informático, pero el medio por el que lo realizó sí. Es decir, que es tipificado como un delito común o clásico y se puede realizar una denuncia penal, en este caso, injuria o calumnia, a través de un medio informático”.   Por su parte, la psicóloga Kelly Azcárate plantea una serie de interrogantes sobre las burlas a través de estas páginas.   “El momento en que una persona se burla de los demás, puede parecer chistoso, pero cuando me toca a mí ¿qué pasa? Lo que sucede es que no se piensa en el otro, ¿por qué para sentirme bien yo tengo que atacar al otro y ridiculizarlo ante mucha gente con palabras y etiquetas en cosas que hacen que tu imagen comience a verse afectada?”, enfatiza la psicóloga.   Marcela Urrea, representante estudiantil ante el Consejo Superior de la Universidad del Valle, dice que le preocupa que este tipo de páginas desinforme y estigmatice más a la universidad.  “En muchas ocasiones plantean temas complejos en cuanto a las dinámicas que se desarrollan dentro de la universidad, los estudiantes lo utilizan como un canal de información, pero creemos que no es el canal información adecuado”.  Finalmente, Yenny Viviana Cruz, directora del programa de Comunicaciones de la Universidad Católica dice que “la universidad definitivamente está en contra de ese tipo de expresiones que dañan la imagen tanto de la institución como de los estudiantes”.  “¿Cómo lo manejamos nosotros? Tratando de crear conciencia en la gente.  Nosotros somos una universidad católica con principios de desarrollo social y el ser humano, de pensar en los seres humanos, estamos construyendo ciudadanos de bien, más que profesionales y siempre estamos tratando de decirle eso a los jóvenes. La idea no es destruir al otro”, dijo.

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