Los papás que luchan para que los dejen ser papás

Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros, reportera de El País
Los papás que luchan para que los dejen ser papás

En un país que popularizó la dura frase de que "papá es cualquiera", un grupo de hombres demuestra que ellos no siempre son 'los malos de la película'.

Ya tiene el coche de bebé listo. Pablo Figueroa llegará con él hasta la Plazoleta de San Francisco este viernes 24 de junio. Y lo que sucederá ese día parecerá inevitablemente una metáfora de lo que ha sido su vida durante los últimos diez años: un coche de niño, vacío, arrastrado por un hombre que lleva todo ese mismo tiempo luchando ante la justicia para ejercer a plenitud su paternidad.  

Pablo piensa en María José, su hija mayor, de 13 años. La historia de amor paternal que ha escrito con ella. Cuando tenía 6 meses de nacida, este ingeniero mecánico decidió separarse de la madre de la pequeña, pero no dejó de responder económicamente y pudo verla con regularidad hasta que tenía unos 2 años. Desde entonces lo tuvo claro: “Una cosa es ser marido, otra cosa es ser papá”.

Pero Pablo no es la regla. Es la excepción. Hace parte de una minoría de padres que han dado la batalla por demostrar que su figura es necesaria en esta sociedad que ha sacralizado a la madre y donde ha hecho carrera la idea equivocada de que el padre no es indispensable en la vida de los hijos. Que se puede prescindir de él.      

Y ese camino no ha sido fácil. El primer síntoma de que algo no andaba bien en la crianza de su hija  lo supo de labios de la propia María José. Un primo, menor de edad también, y con el que convivía, la tocaba en sus partes íntimas. Alertado por la situación, el padre acudió al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, pero a cambio de apoyo por parte de la madre de su hija, tropezó con una demanda por abuso sexual. Según la mujer, era Pablo el abusador y este había hecho cambiar el testimonio de la pequeña para incriminar a su pariente. Pocos meses más tarde, la psicóloga que atendía el caso comprobó que la verdad era una sola: la de la niña.

El hombre calla unos minutos antes de continuar con su relato. Se quiebra al recordar que María José estuvo a punto de ser enviada a un hogar del Bienestar Familiar. Y él, a una cárcel porque “la señora” lo acusó además de inasistencia alimentaria. La justicia también aquella vez pudo comprobar que ‘la señora’ mentía, cuenta Pablo. 

Pero el golpe más duro llegaría en 2006 cuando la madre y la niña se mudaron de su casa sin dejar rastro. Ni un teléfono siquiera. Cuenta Pablo que durante los tres años en que estuvo privado de ver a la pequeña fue guardando amorosamante los regalos de Navidad y de cumpleaños que compraba pensando en ella. También los abrazos y los besos.

Casos como estos son más comunes de lo que se cree. Lo sabe César Fabricio Torres, psicólogo de la Universidad Javeriana de Cali, especializado en terapias de pareja y terapias de familia. “El padre cumple una labor importantísima e irremplazable en la formación de los hijos y en la estabilidad emocional de la mamá. Porque una madre sobrecargada por sus tareas laborales y sus tareas en el hogar es una mujer que acaba por volverse irritable. Que puede permanecer durante años repitiéndose la idea de que vale la pena sacrificar su propio proyecto de vida en beneficio de los hijos, pero que tarde que temprano terminará por frustrarse”, asegura el especialista.

Y dice más: “Lo único que terminará pasando ahí es que esa mamá acabará por hipotecar la vida de su hijo. Un hijo que entonces deberá estar eternamente agradecido y que crecerá temiendo traicionar ese sacrificio, aún a costa de emprender su propio proyecto de vida”, reflexiona Torres.

Movido por su amor de padre, Pablo no se rindió y tocó todas las puertas que pudo.  Finalmente, pudo volver a ver a su hija, tres años más tarde, en 2006, cuando se enteró en qué  jardín estudiaba. “Un día la fui a buscar para reencontrarme con ella. Lo doloroso fue que no me reconoció.  La mamá entró en cólera cuando se enteró. Y delante de la niña, y de los otros niños y padres, me llamó asesino, violador, narcotraficante, todo lo peor que usted le pueda decir a una persona”, relata Pablo, hoy de 54 años.

14 consultas, de cada 20 que se realizan en un juzgado de familia colombiano, las realizan padres, según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Lo que siguió después es un extenso proceso judicial. Once audiencias citadas por un juzgado de familia de Cali a las que su expareja se negó a asistir.  Y en medio de todo ese lío de dos adultos, una niña que crecía sin su padre, una niña a la que se le estaban vulnerando sus derechos. Una niña que  ya es una adolescente y que  cuando escucha la voz de Pablo al otro lado de un teléfono, no le dice papá. Para ella, es un “señor”.  

La historia la conoció de cerca Trini Sánchez, coordinadora para el Valle de una fundación cuya misión suena inverosímil en tiempos en los que se sigue creyendo torpemente que madre solo hay una y padre puede ser cualquiera.

Se llama Padres por Siempre. Nació hace casi una década, y cobija a un centenar de colombianos, entre los 30 y los 55 años, de todas las condiciones sociales que, a pesar de que responden económicamente por sus hijos, se les niega el derecho a disfrutarlos. A verlos.      

En este tiempo la abuela Trini, como la llaman esos papás, ha visto de todo: padres profesionales, “estudiados”, que sin embargo, creen que al separarse de sus hogares pierden los derechos sobre sus hijos. Porque ese es el discurso de esta sociedad. Puro costumbrismo. Padres que terminan colgándose de una viga, acosados por la depresión de verse para siempre alejados de sus pequeños, como le sucedió a un médico en Manizales. 

Y padres como Oswaldo Rey Canales, ingeniero electrónico y catedrático de la Universidad Javeriana, “que  durante dos semanas seguidas escribió a la fundación buscando ayuda. Un día los correos dejaron de llegar. Fue cuando nos enteramos de que le había dado un infarto. En realidad lo que lo mató fue la tristeza que le dio después de que no pudo volver a sus dos hijos”.

Cuenta la abuela Trini que diariamente recibe hasta seis correos de padres  como Oswaldo. “Y en la fundación los escuchamos y asesoramos legalmente para que conozcan sus derechos. Porque lo que encuentran en la realidad son mamás que se creen las dueñas de sus hijos y  operadores de justicia que tienden a favorecer a las mujeres por el hecho de que fueron ellas las que tuvieron a los hijos en el vientre, las que los amamantaron. En un juzgado de familia la palabra de una mujer suele tener más peso que la de un hombre”.

El psicólogo César Fabricio Torres conoce de esas luchas. E intenta explicar las razones: “Hoy en día hay mujeres que eligen ser madres, pero sin las complicaciones que implica tener una pareja. Son las que dicen ‘no se necesita de un hombre para sacar un hijo adelante’. ¡Pero cuán equivocadas están! Un padre no es un accesorio del hogar. Un elemento que se pueda quitar, prescindir. El padre es un coequipero, no solo en la crianza de los hijos, sino en el proyecto de vida de la mamá”.

Para el especialista, la figura paterna puede recaer -en los casos en los que el padre biológico decide renunciar a sus obligaciones- “en el abuelo, en el tío, en un  hermano. Lo sano, en todo caso, es que exista alguien en la vida de ese niño que asuma ese rol”.

Porque cuando ese ‘padre’ falta los hijos “inevitablemente” terminan pagando un alto costo en sus vidas afectivas. En el caso de las mujeres, asegura la trabajadora social Patricia Rodríguez,  “tenderán a construir relaciones insanas, pues tienen deteriorada la imagen de lo masculino. Y buscarán siempre en sus parejas llenar el vacío afectivo que ese padre dejó. Ese es el origen de muchos apegos, no enamoramientos, que terminan por nublar su autoestima y valía”.

En el caso de los hijos varones, sostiene César Fabricio Torres, “el niño crecerá descalificando inconscientemente  la figura paterna. Menoscabando su propia identidad y el orgullo de sentirse hombre. Y eso, claro, afectará su posterior desarrollo emocional”.

 La trabajadora social añade que el principal daño que se le puede causar a un hijo, cuando el padre no se relaciona con él, se da cuando la madre “desdibuja la imagen del padre en la casa. Y solo destaca lo negativo de ese padre como persona, impulsada por el resentimiento que llega tras una separación conflictiva”.

El asunto se denomina alineación parental. “Una situación que se presenta cuando los niños son vistos como objetos que hay que ganar a toda costa. Y no seres con derechos. La madre que ‘envenena’ a su hijo y lo pone contra su padre, está movida por su condición de mujer, por su rabia de mujer. Antepone eso a su rol de madre. Y eso es un error, pues es el origen de niños infelices y posteriores hombres y mujeres con poco amor para sí mismos y pocas habilidades sociales”, sostiene Rodríguez.

Este viernes 24 de junio se realizará en la Plazoleta de San Francisco un acto simbólico   de los papás que hacen parte de la Fundación Padres por Siempre. La jornada arranca a las 10:00 de la mañana.

 Batalla jurídica por el amor de una hija

[[nid:547958;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/06/pablo_figueroa.jpg;left;{Pablo Figueroa junto a su hija María José.Especial para El País}]]

“La foto que le puedo enviar para que acompañe este artículo no es reciente. Tiene unos tres años”, se excusa Pablo Figueroa, un caleño que durante una década libró una ‘batalla judicial’ que lograra, al fin, que su expareja le permitiera ver a su  hija María José y “participar de su crianza, de las decisiones importantes de su vida”.

Fue un capítulo de su vida que le dejó muchas reflexiones: “aprendí que en este país tenemos leyes, pero no justicia. La ley es clara, y dice que padres y madres tenemos el mismo derecho y deber de hacer parte de la formación de nuestros hijos. Pero los juzgados de familia tienden a favorecer a la mujer siempre. En mi caso, yo sentía que la balanza no estaba inclinada a mi favor por un simple asunto de género: siempre me tocaba una fiscal, una psicóloga, una trabajadora social, una defensora de familia; que lo único que se aseguraban de saber era si yo pagaba la cuota alimentaria. Entonces el error parte de ahí: de creer que el único papel que cumplimos los padres en la vida de los hijos es la de ser cajeros electrónicos”.

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Papás que quieren ser papás

Es que aunque todavía la proporción sea baja, cada vez son más los padres que no solo desean tener la custodia de sus hijos sino participar más activamente en la crianza. Que quieren  de dejar de ser “solamente cajeros electrónicos y recreacionistas de fin de semana”, como dice Pablo Figueroa. 

Las cifras del ICBF dan cuenta de que en Colombia, un 10 % de los niños crecen al cuidado del papá.

John Eisenhower -abogado y exjuez de familia, y docente de la Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla- ve esa cifra reflejada en los casos que atiende en su oficina  semanalmente. “Es una tendencia reciente. Cada día crecen las demandas de padres que desean tener la custodia de su hijo. Que no desean ser padres de cada quince días. Y lo que buscamos muchos es que al final se logre una custodia compartida porque un niño necesita de sus dos papás todo el tiempo que sea necesario, lo que demanden sus necesidades afectivas y sociales, no la cantidad de tiempo que un juez decida”. 

35 por ciento de las parejas sentimentales en nuestro país apuestan por la unión libre. Es el tipo de pareja más común en Colombia.

Reconoce, sin embargo, que históricamente en el país ha hecho carrera la idea de que un hijo está mejor con la mamá. “Y la razón está en unas leyes muy antiguas —la Ley 57 y la 153 de 1887—, que establecían que los niños debían permanecer junto a ella mínimo hasta los 3 años. Después, en 1924, la Iglesia presionó para que esa custodia se extendiera hasta los 7 años, alegando que esa es la edad en la que una persona adquiere uso de razón”. 

Y eso trajo consigo otra consecuencia, afirma enseguida: “afianzó la cultura machista. La idea de hombres que descansan en las madres, las abuelas y las tías la crianza de los hijos y en el mejor de los casos, se limitan a ser padres proveedores. Pero este sigue siendo, en su mayoría, un país de madres solteras, de padres que abandonan. Por eso es que hay que buscar la manera de respaldar a esos papás que quieren cambiar el modelo y luchan por involucrarse en la vida y la crianza de sus hijos”.

Fue una costumbre que fue pasando de generación en generación, sostiene Eisenhower. “A la justicia suele parecerle contra natura que un niño no crezca en el seno de la madre. Pero la gran raíz de todo es que en Colombia la gente no planifica sus familias. No planea sus hijos. Y esa es la razón de tantas separaciones y divorcios”.

Para la socióloga Florence Thomas, “la herencia del semental, del macho, es todavía una referencia de la masculinidad muy fuerte en Colombia. Tener hijos sin ninguna noción de paternidad. Pensar que está bien que un hombre tenga muchos hijos con mujeres distintas y que eso le permita gozar de reconocimiento social”.

Las palabras de ambos las respalda un estudio reciente -Mapa Mundial de la Familia 2015-, que en Colombia fue liderado por la Universidad de la Sabana. 

Las cifras de ese informe rajan al país en los indicadores que miden el bienestar de la familia y la niñez. Colombia, por ejemplo, tiene la más alta tasa de niños que viven sin sus dos padres: por cada diez pequeños, dos crecen en esa condición. 

El mayor porcentaje de parejas que menos se casan; apenas un 20 % llegan al altar. Es la cifra más baja en el mundo. Y la cifra más elevada de bebés que nacen de madres solteras, que representan el 84 % de todos los niños del país.  El reto que hay por delante, pues, es enorme: entender, al fin, que padre no es cualquiera.

Continúe leyendo la segunda parte de este texto: Historias de papás que luchan por recuperar el amor perdido de sus hijos.

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