Los ocho sectores más recurrentes de incendios forestales en Cali

Los ocho sectores más recurrentes de incendios forestales en Cali

Agosto 03, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Ruiz Girón | Reportera de El País.

En cada temporada seca en Cali, año tras año, los bomberos atienden las mismas emergencias en ocho sectores de ladera. Loteo y vándalos, los principales causantes.

A José Ruano, miembro de la Junta de Acción Comunal del sector de Mortiñal, en zona de ladera de Cali, le resulta extraño que esa loma se queme año tras año.Dice el hombre, que ha vivido años en ese sector de la Comuna 19, que no sabe si la prende alguien con intención. Le apunta a que la causa de los dos incendios que hubo esta semana podría ser vidrios que se calientan bajo el sol y que terminan generando combustión sobre la maleza reseca. Es lo que los científicos conocen como ‘efecto lupa’ pero que, de forma tajante, los Bomberos de Cali descartan. Para que esto ocurra se necesitaría que en la ciudad se registrara una temperatura de por lo menos 220 grados centígrados (la más alta registrada hasta ahora es 36,7 grados y ocurrió en 1997) y que la humedad fuera nula. “Aquí lo que hay son urbanizadores y ociosos que causan casi el 99 % de los incendios”, sentencia el sargento primero Luis Fernando Murillo, coordinador de emergencias de la entidad, con el fin de que se desmitifiquen las causas de los incendios crónicos y repitentes de cada año. Son ocho los sitios de zona montañosa que recurrentemente, entre los meses de junio y julio, el Cuerpo de Bomberos visita para apagar incendios forestales. Lugares donde casi siempre se encuentran indicios de la mano del hombre: fósforos, rastros de fogatas, piolas que delimitan terrenos, invasiones cercanas.Pasa en sitios como Las Minas, en Altos de Normandía, donde de a poco se han ocupado terrenos a través del loteo de predios, también en La Fortuna (Terrón Colorado) y Belén (Siloé), donde las invasiones van en aumento, según los análisis de los organismos de socorro. Cada año, dicen los que saben, se queman las mismas áreas, a veces se diferencian por escasos metros. “Así fue como se formó, por ejemplo, la invasión de Alto Menga. Las quemas se producen desde hace por lo menos 10 años. A veces apagamos un incendio y cuando regresamos, un año o dos después, ya hay casas levantadas”, cuenta Murillo.Como se recordará, esta semana se prendieron tres incendios en la zona y van más de 100 hectáreas consumidas. Se trata de la emergencia más grande atendida hasta el momento por los organismos de socorro. Allí, el pasado lunes, según reportes del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo, se escuchó a tres jóvenes celebrando la hazaña de comenzar el fuego.“Póngale la firma que los que le prenden candela a eso son los ‘pelaos’ de las invasiones que fuman vicio. Lo hacen de ‘mala leche’”, dice don Hernán, habitante del cerro de La Teta, en Golondrinas, que colinda con Alto Menga. El daño, dice, siempre comienza en el ‘Charco El Ataúd’, donde hay una chorrera natural, a la que llegan personas del sector a pasear. Jhon Fitzgerald Rodas, coordinador del Departamento de Telemática de los Bomberos, indicó que entre el 20 y 28 de julio se atendieron ocho emergencias en esa misma zona. Más de $180 millones le ha costado a la institución apagar estos fuegos provocados.Francia Helena Bernal, experta en incendios forestales de la Universidad Autónoma de Occidente, dice que en estos escenarios también hay que considerar al trabajador campesino de la ladera que limpia sus terrenos o quema basuras “porque resulta siendo una actividad más económica para ellos. Lo que hay que hacer es culturizarlos, enseñarles precauciones. En eso entidades como Dagma y CVC deben ser más activas”. Fabio Calero, del programa de prevención de incendios de la CVC, dice que “en los últimos 10 años la ocurrencia de incendios tiende a la baja, pero la clave para combatirlos es la cultura de la gente, su conciencia frente al uso del fuego”.Pero en la zona rural (donde ya han ocurrido más de 60 incendios) no se concentra el dolor de cabeza de los organismos de socorro. En la zona urbana ya se cuentan 441 emergencias hasta la fecha y también hay sitios crónicos.Corredores como el de la Calle 1 Oeste entre carreras 56 y 66 se volvieron sitios de quemas de basuras o maleza para limpiar los terrenos de ratas, culebras y demás roedores, todo de forma indiscriminada. “Incluso, la gente dice que les prende candela a los matorrales para espantar a ladrones y viciosos, y que hasta la Policía ayuda a hacer las quemas”, dicen socorristas que han atendido los incendios.El lote de la Carrera 98 con Calle 53 y sus zonas aledañas, donde el pasado miércoles se consumieron ocho hectáreas, también es otro de esos sitios en los que los Bomberos gastan sus recursos apagando una y otra vez incendios.Mientras que un vigilante de la zona insiste en que la emergencia pasó por el ya nombrado ‘efecto lupa’, vecinos del sector dicen que el culpable fue un fumador que, desde un vehículo, arrojó una colilla de cigarrillo sobre el terreno seco.Identificar y señalar a los responsables de los incendios, como cada año, ha sido imposible. “Si no hay quien denuncie ante un juez, con nombre propio al responsable, si no se captura en flagrancia, no podrán ponerse sanciones ejemplares”, advierte Rodrigo Zamorano, coordinador del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo. Con ese panorama de miedo y de pocas acciones de control por parte de las autoridades, expertos como la señora Bernal aseguran que resulta una utopía controlar los incendios crónicos.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad