Los monumentos de Cali, un 'homenaje' al olvido y la indiferencia

Los monumentos de Cali, un 'homenaje' al olvido y la indiferencia

Mayo 18, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

En Cali, la mayoría de los monumentos se encuentran en el abandono. Este año la Alcaldía destinó 185 millones para intentar repararlos.

En Cali, a la vista de todos, los monumentos también sirven para que algunos vivan. En el del Deporte (Carrera Primera con 52), Claudia Patricia Calderón, de 31 años, dice que lleva cinco meses ahí acomodada con su marido. A un lado de la fuente de agua, entre el jardín ornamental, los dos duermen bajo una lona plástica de colores extendida sobre cuatro palos recortados. Claudia no mide más uno-sesenta pero para entrar a la carpa tiene que caminar de rodillas. El cambuche no sobrepasa la altura de las flores que crecen a la sombra de las palmas y seguramente de lejos o desde un carro en movimiento no será fácil de ver. Pero ahí está.El marido de Claudia dice que se llama John y que tiene 34 años. Antes, cuenta la mujer, pasaban la noche en los andenes, en cualquier lugar, pero una vez los chuzaron y decidieron irse para allá. Claudia también dice que ambos son recicladores, que cuando necesitan ir al baño van a un mangón que queda a una cuadra de ahí, que ellos ayudan a mantener todo limpio. Mientras Claudia habla, John se da un baño de mediodía en la misma fuente de donde hace nueve años le robaron un disco a la pesa que sostenía la figura hecha en honor a María Isabel Urrutia. Hoy la pesista sigue ahí pero ya sin nada en sus manos: el otro disco se lo llevaron; la barra también. De acuerdo con María Virginia Borrero, subdirectora de ordenamiento urbanístico de Planeación Municipal, este año la Alcaldía destinó 185 millones para la readecuación y limpieza de los 44 monumentos que hay en la ciudad, por lo que ella espera que al contar con 129 millones más que el año anterior, puedan resolverse cosas como la de la pesa extraviada. Pero no se atreve a asegurarlo: ya en oportunidades anteriores ha pasado que el arreglo de un solo monumento absorbe el dinero que en un principio estaba planeado para distintas reparaciones. Así pasó hace cuatro años cuando en cumplimiento de una sentencia tuvieron que atender los daños que tenían las estatuas del Parque de los Poetas y después de esa refacción no hubo recursos para nada más. “Si pensamos que la ciudad es nuestra casa, tenemos que cuidarla; si nos apropiáramos y cuidáramos, podríamos destinar recursos para otras cosas y no estar en pesando en hacer recuperación por actos vandálicos. Y eso lo pagamos todos, porque eso sale de los recursos del Municipio y los recursos del Municipio salen de los ciudadanos”. Los actos vandálicos que tiene que atender el Municipio no solo son hurtos que nunca fueron aclarados, sino cosas como el balazo que le metieron al Gato de Tejada. Hace diez años que fue restaurado y ahora, además de nombres grabados con puntas filosas, en la base de su cola también se leen las huellas de un disparo. Alejandro Valencia, sobrino de Hernando Tejada, hijo de Lucy, ya no se extraña: al otro día de haber sido instalada a la orilla del río Cali, la escultura estrenó su primer graffiti: “Aquí estuvieron Pepe y Luisa, se lo comieron y el gato los cuidó”. Alejandro dice que para hacer la rehabilitación que requiere la obra, es necesario lijarla por completo y hacer un soldadura sobre la perforación de la bala; y esa es una operación muy delicada, explica. Todo aquello podría costar entre 17 y 18 millones de pesos y tardar unos 20 días: “Cada cinco o seis años deberían hacerle mantenimiento, deberían responsabilizarse. Al gato lo aman pero no lo cuidan. El caleño piensa que cuidar lo debe hacer el otro y no él, es una desgracia”. Desgracias como la del balazo del gato son apenas el comienzo de un camino incontable de daños: la estatua de Benito Juárez que el 18 de julio de 1972 le regaló a la ciudad la firma de ingenieros mejicana ICA, tiene un graffiti tapando otro. En el monumento de Efraín a María que hay en el CAM, a María se llevaron la nariz y a Mayo, el perro, un pedazo de su hocico. En el Parque de los Poetas, a Jorge Isaacs le arrancaron la mitad del pergamino que va enrollado en su mano derecha. En San Nicolás, el pedestal que sostiene a Ignacio de Herrera huele a orines de varios días. Frente al colegio Santa Librada, la base sobre la que se levanta el homenaje a Jovita Feijoo tiene rayones de aerosol que le dan la vuelta dejando manchas y firmas de distintos colores. Aunque a Diego Pombo, el escultor de la obra, los graffitis no le molestan al considerarlos también una “obra de arte callejero”, sí da cuenta de las huellas que sobre Jovita han dejado dos pedradas lanzadas contra su cabeza y su cola; el próximo 15 de julio, cuando se cumpla otro aniversario de la muerte de la ‘reina de reinas’ del Cali Viejo, él tiene planeado hacer una refacción que saldrá de su bolsillo. Pese que todo esto se encuentra a la vista de todos, la Policía Ambiental no tiene reportes de contravenciones puestas a alguien que este año haya atentado contra monumento alguno en la ciudad. En Cali los monumentos también sirven para convertirse en otro de esos asuntos sobre los que no hay exactitud. El último inventario que hizo el Municipio quedó registrado en el POT del 2000 y desde ese año nadie se ha encargado de contar qué otras cosas han sido puestas por ahí, en parques y rotondas. Aunque en la Subdirección de Ordenamiento Urbanístico de Planeación dicen que eso no es posible, porque para eso es necesario contar con la aprobación de la Alcaldía y el Concejo, hay casos como el ocurrido en la glorieta de Siloé donde en el año 2010 fue instalada una estatua construida en homenaje a la luchadora Jackeline Rentería: en Planeación admiten que para ello no fue tramitada la licencia de ocupación e intervención del espacio público que requería. De acuerdo con Nicolás Ramos, presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali, en un inventario que tiene “5 o 10 años”, ellos, en ese tiempo, llegaron a contar 83 monumentos en toda la ciudad.¿Y la inspección general urbana? El presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali, Nicolás Ramos, cree que parte del estado de abandono en que se encuentran varios de los monumentos en la ciudad tiene que ver con la desaparición de la Inspección General Urbana. Hace años, recuerda, un funcionario estaba dedicado a recorrer la ciudad para cerciorase de que todo estuviera en orden. Incluso, dice, ese inspector vigilaba que las fachadas de las casas estuvieran bien pintadas: “Esa es una función municipal que ha desaparecido. Eso desapareció hace rato. Ayer (jueves), le mandamos una carta al Alcalde y al Concejo, preguntándoles quien había reemplazado esa inspección, para que con motivo del 25 de julio arreglen los andenes del centro. En la ciudad no se puede poner nada que no esté autorizado, pero en Cali la autoridad no existe y como no existe todo el mundo hace lo que se le da la gana; si la autoridad existiera, la Plaza de Cayzedo no estaría invadida, las calles no estarían invadidas, los monumentos no estaban sucios, las motos no andarían en contravía”.

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