Los esposos que luchan contra la explotación sexual en Cali

Julio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Los esposos que luchan contra la explotación sexual en Cali

Los esposos Juan Carlos Siuffi y Katheryne Campo eligieron una misión bastante compleja: que mujeres explotadas sexualmente transformen sus vidas y busquen formas de generar ingresos dignos. De esta forma, estos dos odontólogos lo hacen bien por Cali.

Los esposos Juan Carlos Siuffi y Katheryne Campo eligieron una misión bastante compleja: que mujeres explotadas sexualmente transformen sus vidas y busquen formas de generar ingresos dignos.

No era una misión fácil. A diferencia de niños vulnerables, adolescentes embarazadas,  ancianos abandonados o personas en discapacidad,  que siempre lanzan un grito –o un quejido– de  auxilio, a ellas hay  que ir a buscarlas,  persuadirlas de que su vida peuede ser mejor, que se dejen ayudar. Tan difícil como vender su cuerpo, es esa forma de  subsistencia   que las atrapa.

Cinco años después, Juan Carlos Siuffi y su esposa Katheryne Campo, ya ven frutos. Algunas  mujeres que vendían sus cuerpos para sobrevivir,  transformaron su existencia y hoy se ganan la vida con trabajos modestos, pero dignos. 

Un primer caso les demostró que sí era posible lo que parecía imposible: una familia en la que  la madre,  hija y   nuera –su hijo  había abandonado a esta–, repetían la  triste historia de la Cándida Eréndira y su madre –y suegra– desalmada. Ellas aceptaron  la invitación de los Siuffi Campo a una reunión solo para compartir un poco.

 Fue la  hija de la mujer quien le pidió auxilio a Katheryne: “Ayúdeme, no quiero seguir en esta vida”. La  pareja no tenía ningún programa qué ofrecerles: son odontólogos y la idea solo era darles    un refrigerio y un obsequio  con los $2.500.000 recogidos en una obra social. “Déjeme pensar,  yo me invento algo”, le contestó.

Katheryne  recurrió a  Aida, la señora que hace depilaciones y le pidió el favor de  capacitar a la joven en ese oficio. Por suerte,  había una vacante, le enseñó la técnica de la  cera, le dio empleo un tiempo y ahora trabaja independiente.

Luego, la mamá de la joven se enfermó durante  cinco meses de tal forma que no pudo comerciar más su cuerpo, pero consiguió esposo y dejó  ese negocio. Y su hijo y su nuera se reconciliaron, pues esta,   con la separación, había caído   en la misma red. 

Alentados con ese testimonio, pensaron en estrategias para ayudar a más mujeres a salir de la vida licenciosa y crearon la Fundación Samaritanas. Varias lo lograron con  cursos de manicure y pedicure. Una se ganó la rifa del  kit de $300.000 y trabaja en una peluquería. A otras les dieron kits para vender tinto o  jugos, según su preferencia,  y hoy un  grupo  se capacita en costura. Dos ya fueron contratadas. 

Día a día ven  resultados: la joven que superó la adicción y hoy es empacadora de frutas en un local en Santa Elena. La que tiene una tienda en la misma cuadra donde antes se ofrecía ella. Una más, que  vende chance en Gane, un empleo que ella buscó. 

 Todos esos resultados son fruto del trabajo de la pareja, realizado   con aportes que salen de sus bolsillos y las donaciones de amigos que asisten al grupo de oración que lideran los espsoso, que son  pastores cristianos.

Allí han visto la resurrección de  señoras como   Eréndira 1, quien empezó  en esa labor a los  18 años y hoy, a su 60, está sola. “No puedo mentir, todavía no he podido salir, le estoy pidiendo al Señor que me dé un plante. Tengo un hermano que tiene cataratas y debo  ayudarlo. Cuando a él lo operen y tenga la pensión del Gobierno –$150.000 que da cada dos meses el programa  adulto mayor–  me salgo de eso. Y  estoy esperando si nos dan una casa pagando $30.000 mensuales – yo puedo pagar $1000 diarios–; ya con mi techo, me puedo salir”, dice Eréndira 1.

Como  les alegra el  renacer de Eréndira  2, quien empezó a vender su cuerpo  a los 8 años, cuando escapó  de su casa y  amigas del  pueblo le dijeron que solo así podía sobrevivir: “En  la Fundación Samaritanas me siento muy bien porque he cambiado muchas cosas de mi vida.

Dios me ha tocado mucho, porque dejé el vicio y dejé de vender mi cuerpo; hoy  me dedico a vender chance y me siento muy feliz.  En la empresa  me ponen metas y no me preocupo  porque sé que el Señor me las ayuda a cumplir, de la misma forma como me hizo dejar las drogas y lo que hacía. El mundo me ha menospreciado, pero Cristo  no me menospreció”

 Katheryne aclara que el  objetivo no es hacer cambiar de credo  a las mujeres, sino transformar  vidas. “En las reuniones sí les compartimos la palabra de Dios para que tengan una relación con Él y    darles fortaleza; crearles esperanza, que comprendan que hay otras maneras de ganarse la vida y tengan la certeza de que Él las va a ayudar ”, explica.

Eréndira  3, una mujer que se declara  maltratada y humillada,  también da fe  de su transformación. “Nunca supe qué fue una risa, no tuve  niñez. La vida mía era una fatalidad horrible y solo ahora la estoy recuperando; todas mis amarguras y recuerdos se me han borrado,   me siento más alegre, más llena”, comenta.

De ahí que los Siuffi Campo coinciden en que el  mal llamado oficio de la vida fácil,  no es tan fácil como dicen. En cinco años, han  visto morir a cuatro de ellas: una a causa  de Sida, dos por enfermedades sistémicas y  otra por defender un hijo en una balacera; esa última mujer dejó otros seis   huérfanos. 

“Este es el negocio más malo de la vida, les quedan muchos hijos de padres diferentes; Enfermedades de Transmisión Sexual y son sometidas a aberraciones,  incluido al rechazo de la sociedad, porque cuando quieren cambiar y las ven en otro trabajo, los antiguos clientes las recriminan”, reflexiona Katheryne.

“En la Fundación Samaritanas nos ayudan a fortalecer la autoestima y decir: “Esa no soy yo, ese fue mi pasado, el Señor me limpió y soy una nueva persona, con planes y proyectos”, explica una de ellas.  

Juan Carlos sostiene que “aquí las vemos desde los ojos del amor y del respeto, sin lastimarlas, sin avergonzarlas, sin señalarlas; que puedan ver otras formas de ganar el sustento y que rompan con esa tara genética, porque ¿cuál es el destino de una niña cuya madre comercia con su cuerpo? El mismo”,  mencionando el triste caso de una mujer que vendió a  su hija. 

Por eso le resulta gratificante al saber de la chica que se  pudo casar; o de la chica que cambió de vida y se volvió vendedora de chance o empresaria de salchipapas: “Para nosotros es mucho, porque es pasar de lo deplorable a algo mejor”, opina él.

Ante logros tangibles, sus hijas han sumado esfuerzos a la Fundación Samaritanas. Suad, por ejemplo, dona lo que gana en una monitoría en la Universidad Javeriana y Gianinna  prepara un proyecto de capacitación en cocina, para que más beneficiarias laboren preparando refrigerios. Y logró el apoyo de  la Sociedad de Mejoras Públicas, SMP, que les presta el salón para la reunión mensual con las señoras, cuyos gastos sobrepasan el millón de pesos al mes.

Eréndira 1 aconseja a las jóvenes que no se dejen llevar por “eso” que no es un trabajo. “Es mejor vender un tinto o una aguadepanela”.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad