Los cerebros que les dan vía a las rutas del MÍO

Noviembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

No les tiembla la mano a la hora de modificar una ruta o si toca cerrarla porque no sirvió. A veces son las personas más odiadas del sistema de transporte MIO, pero también a veces los quisieran abrazar. El lema: “prima el bien común”.

A veces son las personas más odiadas del sistema de transporte MIO, pero también a veces los quisieran abrazar. Como ocurrió aquella vez cuando los habitantes de El Hormiguero casi les hacen un monumento por traer una ruta que los conectaría con el centro en un par de minutos y por un solo pasaje. “Antes tenía que coger dos buses”, dice Juan Ricardo Segura, ingeniero topógrafo, uno de los cuatro cerebros que dan vía libre a las rutas del MIO. “Ahora con un solo tiquete pueden ir al centro, sin congestión y mucho más rápido”. Si bien se basan en el estudio GGT (Grupo de Gestión y Tecnología que diseñó un total de 90 rutas de 54 que ya operan) no tienen problemas en alterarlas, modificarlas, instalarles nuevas minirrutas hasta inventarse recorridos que luego desaparecen porque nunca dieron resultado y abundaron las quejas de los usuarios. “Si hay calles peligrosas, en mal estado, no ideal para un articulado, pues se manda por otra vía sin que se altere mucho el recorrido”, anota Carlos Becerra, líder del área de planeación y programación del sistema y quien anota que el MÍO tiene casi 20 años de estudio, a pesar de que sólo lleve dos años funcionando. Un ejemplo es la ruta T31, tal vez la más clásica de todas y que atraviesa la ciudad de norte a sur y viceversa. En ningún estudio se dice que debe atravesar la ciudad, incluso, sólo llegaría hasta Tequendama, pero ellos decidieron lanzarla hasta Ciudad Jardín. Hoy, no sólo es un éxito, a pesar de que hace paradas en todas las estaciones que encuentra.Algo parecido ocurrió con las rutas expresas, que corresponden a aquellas operan con buses articulados. Prácticamente no estaban diseñadas y con algo de temor, según se supo, las pusieron a operar, con horarios restringidos, pero con los días los buses se llenaron y la gente respondió. Pasó de funcionar un par de horas a todo el día.Hace poco recibieron una carta de una institución universitaria ubicada entre Cali y Jamundí donde les pedían, casi rogando, que les ubicaran una estación frente a su claustro porque era una necesidad estudiantes y porque veían constantemente alimentadores, pero sólo daban una vuelta. “Alguien de la institución creyó que estábamos ensayando las rutas por esa zona, pero no fue así. Los alimentadores sólo pasaban”, cuenta Mauricio Urbano, el dibujante arquitectónico del grupo. Este profesional recuerda que el Concejo de Candelaria los invitó a que expusieran una posibilidad de llevar el MÍO hasta este municipio. Becerra sostiene que en menos de diez años el MÍO tendrá conexiones intermunicipales. “El MIO llegará a Jamundí, Yumbo, Candelaria, Puerto Tejada y Palmira, en esta última ya comenzó a abrirse una ruta provisional y así estudiar la respuesta, en asocio con transportadores”. Pero la anécdota más simpática fue cuando funcionó la ruta promocional. Esta, que se inauguró en noviembre del 2008, partía del oriente de Cali y llegaba al sur de Cali, casi hasta Cosmocentro. Como era gratis, las personas de la zona oriental la copaban, sin bajarse nunca en ninguna estación. Iban de paseo.“Queríamos que todo el mundo conociera el sistema, que las personas del sur accedieran al transporte masivo, pero fue imposible. Era un viaje de casi una hora y media, en horas de la mañana, y muchos ni se bajaban”, recuerda Segura. Esa ruta promocional, que sólo necesitaba de un vale para subirse al MIO y que duraría un par de días, terminó operando tres meses. Pero no todo funciona bien. El pasado 16 de octubre cuando lanzaron las nuevas rutas y se modificaron otras las llamadas no pararon a la oficina. Y eso que habían pasado semanas enteras diseñando, trabajando a deshoras para que todo funcionara a la perfección, algo que aún se analiza, como si toca cancelar alguna ruta, algo que no les gusta. Una vez decidieron inventar la ruta P76, esta transitaría por la carrera 39 y 44, en la zona de Tequendama e Imbanaco. Allí, según usuarios del transporte, aludiendo inseguridad y acceso fácil a la Calle Quinta o Calle 9, no tenían una respuesta del sistema. Entonces, la pusieron, pero meses después no dio resultado. Perdieron esa batalla. Otras luchas parecen más perturbadoras. La vez que recibieron un derecho de petición en el que una mujer contaba cómo la frenada de un articulado la despertaba todos los días a las 5 de la mañana. Extrañados investigaron y hallaron que la mujer vivía frente a un paradero. La solución: cambiarlo de lugar. Tras dos años de trabajo estos programadores de rutas casi sueñan con el sistema MÍO, incluso, no hay familiar que no le sugiera rutas o le ponga quejas de algún alimentador que nunca llegó a tiempo. “En el MÍO prevalece el bien común que el particular. Es un transporte masivo”, recuerda Segura.Sus fuentes van desde conductores de los buses articulados, la gente que jamás accede a un bus porque tiene automóvil particular hasta usuarios del sistema y ellos mismos, que son los que ven y trazan las rutas a partir del estudio. Hasta exitoso, ha sido porque desde otros países han venido a ver este proyecto. Dicen que por ahora no harán más cambios y que la fase I del sistema prácticamente acabó, porque no hay buses para cubrir la demanda. “Tal vez el próximo año iniciemos nuevas rutas”, dice el profesional Becerra. Pero seguirán trabajando no sólo porque es su vida, sino porque las 14 rutas nuevas aún están como aquellos niños pequeños: aprendiendo a caminar.

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