Los bellos edificios de Cali que terminaron en 'cascarones'

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Los bellos edificios de Cali que terminaron en 'cascarones'

En la foto de abajo, en la Carrera 5, funciona un enorme parqueadero de al menos dos predios englobados, con ingreso a los carros por la Calle 8.

En el centro de Cali hay cada vez más edificaciones que son solo una fachada. ¿Qué hay detrás?

Cali vive la feria del ‘coco’. La expresión no remite al fruto tropical, sino al vacío que hay detrás de varias   casonas de la zona histórica de Cali. La frase  refleja cómo la modernidad va pasando como una aplanadora por el centro antiguo  de la ciudad y del cual no queda sino el recuerdo. No es  solo por los polémicos y cuestionados cambios  a bienes arquitectónicos emblemáticos de Cali, como  el Hotel Aristi y el Teatro Aristi,  el Edificio Columbus y el  Teatro Colón. Modificaciones   que causaron la suspensión de las obras por parte del Ministerio de Cultura, que según el Plan Especial de Manejo y Protección para la salvaguardia del centro histórico de Cali, (PEMP), los cataloga como bienes “de conservación integral”. No son los únicos. La imagen en el centro es demoledora y se repite en muchas cuadras: la fila de  antiguas casas  con alero de teja y ventanas de arrodillar se ve interrumpida por  ‘una muela’ que rompe el conjunto: una  casa  que fue demolida es hoy  un parqueadero. O  construcciones  de dos pisos con balcones, portones y sobresalientes cornisas estilo republicano, llaman la atención del transeúnte, pero al contemplarlas,  solo está  ‘el coco’: las fachadas parecen suspendidas  en el aire,   como la de la vetusta casa de La Estrategia del Caracol. La diferencia es que  la de la película estaba llena de inquilinos y las de Cali  están repletas  de carros y motos  casi hasta la puerta. Incluso, han englobado  (unido predios) en forma de L y así   la entrada y salida de vehículos  no se hace por donde está la  fachada, que crea la  ilusión óptica de inmueble conservado, sino doblando la esquina. El País consultó al propietario de uno de estos parqueaderos, pero dio la explicación que dan todos: “Esto ya estaba así cuando lo compré” y agregó inicialmente “esto siempre fue un lote”, pero luego  se contradijo: “el parqueadero funcionaba  allí hace unos  15 años y yo lo compré hace como un año”.     Joyas de estilo republicano sobreviven como inquilinatos. Sus dueños las abandonaron al  empezar el deterioro del centro y están  amenazadas porque al demoler casas contiguas para  parqueaderos, sus culatas de adobe quedan a la intemperie.[[nid:537963;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/05/ep001126169.jpg;full;{Tras la suspensión de las obras de remodelación del Hotel Aristi, el Teatro Aristi, el Edificio Columbus y el Teatro Colón, por parte del Ministerio de Cultura, en Cali aún quedan en el centro de Cali vestigios de bellos edificios y otros que son considerados joyas.Fotografías: Jorge Orozco | El País}]] Si bien algunos  hitos arquitectónicos  de Cali se conservan, esta tendencia autodestructiva del corazón donde la ciudad fue fundada hace 480 años,  va arrasando con las construcciones y alterando el paisaje visual. Todo empezó con los Juegos Panamericanos del 71, según el arquitecto Benjamín Barney, cuando a la gente le metieron en la cabeza que todo eso eran casas viejas que había que demoler y reemplazarlas por edificios modernos, sinónimo del desarrollo y el progreso.  Y pasó porque la gente no tiene claro cuál es la importancia del patrimonio construido, dice. “Uno hace un recorrido hoy y donde hay un estacionamiento (vehículos), allí hubo una casa”, señala Barney, miembro del Consejo Departamental de Patrimonio.  Nicolás Ramos Gómez,  presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas,  (SMP), tiene en su mente que es  más lo que ha visto caer, que  lo que queda, “por ese cuento del modernismo”.  Para este líder de la conservación de la memoria física de Cali, el ícono  arquitectónico e histórico más importante de la ciudad es la Torre Mudéjar, por ser la única del arte  hispanoárabe del mudejarismo en  Latinoamérica. Más  si está   integrada al claustro del Colegio de Misiones de San Joaquín, el único  de su tipo que queda en Cali, regentado por la comunidad franciscana. Más valioso aún porque cierra la manzana  completa con el  templo de San Francisco, que data de 1825, reducto que   se mantiene incólume ante los embates de la modernidad, señala don Nicolás. Obviamente, está la sede de la  Sociedad de Mejoras Públicas, entidad que él preside, declarada Patrimonio Arquitectónico y Cultural de la Nación porque es la única casa esquinera de una planta del siglo XVIII que conserva su estilo. Y  la casa solariega de don Hernán Martínez Satizábal, frente a la Calle de la Escopeta, construida en 1856. Casi desconocida por los caleños, es  considerada  la Casa Museo de Cali porque se conserva original en un 95 %, con todo su mobiliario y hasta el patio donde eran las pesebreras.  Razón por  la cual fue cedida a la Sociedad de Mejoras Públicas y de no ser así,  “estaría en riesgo de desaparecer”, comenta don Nicolás, indicando que es el    único vestigio para mostrarles a futuras generaciones  cómo se vivía  en Cali hace 150 años.   Aún así destaca la conservación de otros hitos y de íconos importantes como el Teatro Municipal, la Casa Proartes, el Palacio Nacional, el  Edificio Otero, el Teatro Jorge Isaacs, elevadas al estatus de  joyas arquitectónicas emblemáticas, pero que ya pertenecen al siglo XX. “Esto es lo poco que le queda a Cali, lo demás desapareció. Con cualquier pretexto lo tumban. Ven una casa antigua y dicen: qué buen lote”, comenta Ramos sugiriendo que no ven la arquitectura ni la historia sino el predio. Ramos Gómez señala que “no han tumbado más porque la reglamentación  impide construir más de dos pisos en el centro, pero  las desbaratan por dentro, como pasó con el Hotel Aristi, que ahora dicen que se estaba cayendo. La Sagrada Familia la están desbaratando y cambiando ante la mirada tolerante e indiferente de la oficina de Control Urbanístico, que sirven más las mangas de los chalecos que esa oficina”. Dicha dependencia confirmó a El País que la zona histórica es regida por el PEMP, que la declara “Monumento Nacional y bien de interés cultural del ámbito nacional”. Sin embargo, la resolución 1810 que así lo establece, fue emanada en junio 23 de 2015, cuando la mayoría de esas transformaciones agresivas ya era una realidad. Un funcionario de Control Urbanístico, que pidió omitir su nombre, dijo que a esa dependencia solo cuenta  con cuatro técnicos y  le queda difícil controlar las construcciones de toda la ciudad. Y atribuye la tendencia ‘demoledora’ a la falta de conciencia de los propietarios, que venden las casas  o las dejan abandonadas. “Muchas de ellas  pertenecieron a personas que ya murieron y los herederos viven en Miami o en Europa y no les duele esto”, declaró. Sin embargo, dijo que varios de esos casos ya tienen abierto un proceso administrativo para aplicar la ley. Vea fotos del estado de algunas joyas arquitectónicas de Cali     ¿Cómo frenar la tendencia? Barney, quien es partidario de hallar un punto medio, donde las casas sean restauradas y darles un uso  comercial, pero conservando su arquitectura original y sin destruir los elementos que la identifican como de una época, pide  “que haya mayor seriedad  en el   control, que no lo está haciendo Planeación ni tiene los instrumentos para hacerlo”. Explica el arquitecto que toda denuncia termina en un comunicado que Control Urbanístico le pasa a Secretaría de Gobierno, que a su vez se lo tiene que trasladar a la Policía. “En Cali,  la Policía nunca ha ido a parar una obra o una demolición, entonces, el control no existe. Sí es competencia de la Policía, pero no lo ha hecho nunca y   dicen que eso no es problema de ellos”, insiste. “Esto no pasa de reclamos y columnas en los periódicos”, se queja. “Lo del Hotel Aristi es vergonzoso porque dicen que van a buscar los permisos para autorizar lo que ya demolieron. No tiene ni siquiera un permiso de curaduría. Y en San Antonio  siguen demoliendo casas”. El Ministerio de Cultura aclaró en un comunicado que las intervenciones en el Hotel y Teatro Aristi, y en el Edificio Columbus y Teatro Colón, “nunca se tramitaron” ante esa dependencia.  Y recordó que el Plan Especial de Manejo y Protección es un  instrumento para la salvaguardia, conservación, protección y sostenibilidad del Centro Histórico de Cali y su zona de influencia, “siendo normas de superior jerarquía con respecto a los POT en cuanto a Bienes de Interés Cultural”.     Barney reclama que no hay control sobre las curadurías, porque hay un ente para regularlas, pero que  nunca se ha reunido desde que fue creado.  “Lo bueno de todo esto es que solo ahora la gente de Cali está empezando a tomar conciencia del valor e importancia del patrimonio construido, pero ya no queda mucho”, concluye Barney. Hitos bien mantenidos La zona histórica de Cali  comprende de  la Carrera Primera a la Carrera 10 y de la Calle 5 a la Calle 13.Entre los hitos arquitectónicos  conservados figura  la Casa Arzobispal,  recuperada por monseñor Pedro Rubiano. “Es la única construcción del siglo XVII de dos pisos que existe en Cali, construida por   Francisco  y Miguel Cabal Barona, próceres de la Independencia”, relata Nicolás Ramos Gómez, presidente de la SMP.La Iglesia La Merced, sitio fundacional  de Cali y donde reposa la patrona de la ciudad, la Virgen de Los Remedios. Tuvo el  primer convento  construido por Fray Hernando de Granada en 1546. La capilla de San Antonio,  monumento nacional, construida en 1747 por el padre Alegría en el altozano.

 

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