Los amigos del 'Gato de Tejada'

Julio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara | editora de VE.
Los amigos del 'Gato de Tejada'

Alejandro Valencia, sobrino de Tejada, consiguió el taller de fundición del Gato.

El Gato del Río fue posible, en buena medida, gracias a la emoción de una veintena de grandes  amigos de Tejada,  que respaldaron la iniciativa desde el comienzo.

Fue en un almuerzo de ‘Teja’ con  Germán Patiño y Luis Guillermo Restrepo, entonces director de Telepacífico,  donde cobró forma la idea original del maestro. Patiño, que fungía como Gerente Cultural del Departamento, gestionó el primer aporte económico.

Restrepo y una veintena de leales amigos de Tejada organizaron la subasta del modelo  en bronce y promovieron la venta de 160 de gaticos a pequeña escala,  hasta   completar  y superar los 30 millones de pesos  que hacían falta  para llevar a cabo la obra.  

Una vez alcanzada  la suma necesaria,   el artista Alejandro Valencia (sobrino de Tejada) contactó a un  taller de fundición bogotano en el barrio Las Ferias,  donde finalmente se elaboró la  escultura por partes (alrededor de 20 piezas) y donde, posteriormente, se soldó  la figura según las instrucciones y el diseño del maestro, con la técnica de la cera perdida.

Pocos saben que el Gato del Río ya perdió una de sus siete vidas, pues le tuvieron que cortar  la cabeza por sugerencia de Valencia a su tío. 

“La razón es que, al modelar el gato en arcilla, se hizo evidente una pequeña desproporción a la altura del cuello. En pequeño no se nota, pero en grande sí. Cada tamaño de escultura tiene sus reglas y su forma de ocupar el espacio, así que sugerí cortar y corregir, y mi tío estuvo de acuerdo”.

Una vez hecha la fundición de la gran figura, “para que el gato de tres metros y medio pudiera salir por la puerta del taller  fue necesario tumbar la pared frontal y la puerta”, relata Valencia.

Traer el Gato  hasta Cali por tierra, atravesando La Línea,  fue otra odisea. “Tuvo  que ser levantado con grúa y dispuesto sobre la camabaja de una tractomula que casi no logra salir del barrio Las Ferias, de Bogotá, que tiene calles muy angostas y esquinas cerradas”, añade Valencia,

Recuerda que la espera en Cali fue larga, casi 15 horas, hasta que finalmente la tractomula apagó  motores  el 2 de julio de 1996 -recuerda Valencia- frente al taller de Tejada en Normandía.

Al día siguiente fue la inauguración oficial de la obra, por todo lo alto pues contó con la presencia del entonces gobernador Germán Villegas, del alcalde Mauricio Guzmán y de destacadas personalidades del mundo empresarial, el arte y la cultura. 

El gato sintonizó de inmediato con los caleños de todas las edades y condiciones por su sencillez y depuración, y por la gracia y simpatía que Tejada imprimía a todas sus obras. Hubo críticos, como es natural, pero finalmente el Gato del Río se impuso como el símbolo de una Cali amable, alegre, culta, seductora,  juguetona  y gocetas.    

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