Liceth, la heredera de la partería tradicional

Marzo 08, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Liceth, la heredera de la partería tradicional

Liceth Quiñones entra en una relación más cercana con la madre gestante para facilitar el parto.

En el Día de la Mujer, Liceth Quiñones hablará de su misión de ayudar a nacer, la cual aprendió de su mamá, Rosmilda, la partera mayor de Buenaventura.

Por paradojas de la vida, Liceth Quiñones, no nació de manos de Flor Gamboa, quien sería la partera de su mamá cuando llegó a este mundo. Su nacimiento se complicó  porque venía de cara y nació en el Hospital de Buenaventura. Estuvo en incubadora, a punto de morir, pero sobrevivió para heredar de su mamá, Rosmilda Quiñones, los saberes de quien es la matrona de la partería tradicional en el Puerto. 

“Nací en condiciones muy difíciles, la situación era para una cesárea, tanto que mi familia fue a buscar todo para velarme, iba a ser chigualo (angelito), ya iba de muerte”, dice 28 años después Liceth, quien ejerce la partería desde los 13 años y que a los 6 observó el primer alumbramiento de una niña.

Ese primer impacto fue su conexión con el cuerpo de la mujer. “Para mí representa un vínculo sagrado, íntimo de la conciencia, el respeto y el ser mujer”, declaró a El País vía telefónica desde Cartagena donde representó a las parteras tradicionales afro del Pacífico, en un evento de cooperación internacional y entidades públicas. 

A la mente infantil  le nació  una necesidad de saber más. “Me quedé en la mujer. Respeto, valoro y crezco mucho con cada luz que viene al mundo, pero no hay nada más que me llene de dicha que apoyar a una mujer que se conecte con su dolor de trabajo de parto y lo pueda transmutar y convertir en placer, como  lo viví cuando tuve a mi hijo”, dice la líder  que compartirá  su   mirada sobre el empoderamiento femenino, hoy  en Buenaventura   invitada por Coomeva para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

Hoy, a las 6:30 pm, en el Hotel Tequendama Inn Estación de Buenaventura, Liceth hablará de la cosmovisión ancestral y la memoria viva de las parteras tradicionales del Puerto, en el Día Internacional de la Mujer, invitada por  Coomeva.

Cuando doña Rosmilda vio a su hija que atendió sola su primer parto, de un seismesino, con solo 13 años, se dijo: ‘bueno, esto es en serio’. La preadolescente  pudo identificar que la placenta no salió completa. “Nació el niño, lo mandé al hospital,  hice todas las técnicas que mi mamá me había enseñado para expulsarlas y como no funcionó, entonces, llevé a la madre al hospital también”, recuerda hoy.

Lea también: Rosmilda Quiñones, la matrona que preserva en Buenaventura el arte de la partería

Después del susto y la angustia de su mamá, también vino una felicitación y un abrazo por recibir y ver que había hecho bien la tarea. Ese día, entendió cuál es el valor social de la partería tradicional: “es ese servicio, esa disposición, esa entrega  sin importar el costo, el tiempo o la distancia, estamos allí presentes para apoyar cada familia, vulnerable o no, en Buenaventura, o dentro del territorio a quien lo necesite”, dice.

[[nid:515050;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/03/lizeth_mama.jpg;full;{Rosmilda Quiñones y Lizeth Quiñones, madre e hija, dos generaciones herederas de los saberes de la partería de las comunidades afro del Pacífico.Henry Ramírez l El País}]]

Su mamá, con la   preocupación  de que  su hija fuera ‘alguien en la vida’, decidió  mandarla a estudiar enfermería a Bogotá. La partería, dice Liceth, como servicio social,  no tiene la remuneración  que permita la sostenibilidad de un hogar. 

Pero Liceth chocó con un sistema educativo que busca “resetearte la cabeza”,  “te elevan el ego y creen que  es un   conocimiento   único y exclusivo”. Esto la atormentó y  decidió volver a caminar al lado de la maestra que tenía en casa, su  mamá. Se fue a  la zona rural de Buenaventura, donde se  conectó mucho más con esa partería espiritual,  que  habla a  las plantas medicinales, que camina a   la luz de la luna o el sol o bajo  la lluvia. “Es la partería del silencio,  de la espera, la paciencia”, describe Liceth.

Comenzó a armonizar  lo que durante dos años “me metieron en la cabeza en la universidad”,  conocimientos técnicos muy valiosos que hoy agradece.  Allí entendió que la partería inicia en la ruralidad y quiso buscar más. Fue a  México y a Brasil, donde con  grandes maestras articuló  su  conocimiento con técnicas de la medicina holística y alternativa.

Por ejemplo, profundizó  en  parto humanizado y parto en aguas y hoy hasta hace ‘trueque de conocimientos’ con las parteras mayores de Buenaventura y del Pacífico. Comenzaron  a hablar de oxitocina, parto con placer, justo cuando su cuerpo se preparaba para dar a luz a su único hijo, hoy de 8 años. “Después de tres días, doy mi salto de fe y de gracia y digo: ‘esto es’. A pesar de que había atendido muchos partos, no entendía  el sentido, hasta que pude dar a luz  a mi propio hijo”, confiesa ahora.

Perfil

Liceth es especialista en Humanización del Nacimiento, Terapéutica Holística, Doula, Técnica Profesional en Enfermería, Agente en Salud Comunitaria, Aprendiz de Medicina Tradicional y Placentaria en saberes y usos de plantas con propiedades medicinales.

Con 14 años de experiencia en Trabajo Social Comunitario  en la conserva- ción, difusión y salvaguarda del saber ancestral de parteras tradicionales afro descendientes del Distrito de Buenaventura.

Conservadora de  elementos étnicos y socio- culturales     para reconocer el cuerpo de la mujer desde lo sagrado femenino y la relación del vientre con la Tierra y el universo.

Es creadora  de la Fundación Casa Holística Madre Luna,   con enfoque diferencial y de género que enfatiza en lo sobresaliente de la cultura afro  de  sabedoras tradicionales: la gastronomía, el uso de plantas medicinales, aromáticas y nutricionales y la tradición  del cristianismo religioso  de las comunidades del Pacífico.

Entonces se volcó a  trabajar más con  su  mamá en la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico, Asopaupa, que  doña Rosmilda lidera hace 28 años, es decir, desde aquel parto difícil en el que tuvo a  Liceth. 

“Tomamos decisiones radicales y empezamos a  capacitarnos de parteras a parteras, porque veníamos de una persecución médica altísima, los  médicos que nos capacitaban,  nos hablaban en unos  idiomas que no eran los nuestros, no eran incluyentes”, explica  Liceth.

En 2009 creó los Círculos de la Madre Luna, porque entendió  que “tenemos que mirarnos hacia adentro y decidimos autorreconocernos y autorregularnos”, comenta.

Nos dimos cuenta, asevera Liceth, que somos un gran valor social, cultural, territorial dentro de las comunidades, líderes de desarrollo local y comunitario que van más allá de un parto. Le dieron importancia a la atención y a la consulta a la mujer. Y  ya no les interesa cuántos partos atienden,  sino cuántas mujeres en ciclo reproductivo apoyan.

El objetivo es que cada mujer y cada familia se empodere y así su parto, sea en casa, sea en el hospital, haga respetar sus derechos a la maternidad segura, y si no es gestante, a  su salud sexual y reproductiva.

Mi mamá es mi mentora, mi maestra, pero hago mi propia partería y concibo al cuerpo de la mujer como lo más sagrado, porque genera vida”, Liceth Quiñones, partera tradicional.

Cada parto que asiste, Liceth siente que la  reafirma como mujer, mamá y  sabedora en su camino al conocimiento, fruto  de su intuición, el diálogo con las mayores y  sus estudios. “Ayudar a nacer es hacer magia, magia al ver cómo  se transforma toda una dinámica familiar frente a la intervención de una partera”, comenta.

Se refiere a que al llegar a muchos partos, en ese acompañamiento a la madre, percibe un conflicto familiar,  pero mágicamente,  se resuelve en ese momento y todos se hacen responsables de ese niño que está naciendo. Lo  más significativo para ella  son esos vínculos de solidaridad familiar y comunitaria que se dan en torno a un parto. “Es lo que más  ha marcado mi camino como partera”, señala.

También ha  entendido  que un niño si va a nacer,  nace, puede estar sola la mamá. Le ha tocado atender  partos expulsivos, sin tiempo de nada. Para eso tiene listo su maletín,  surtido por Asopaupa,  porque la mayoría de las familias no tienen cómo pagar los insumos médicos. Como también  cada partera  tiene su nicho, un sitio  en su  casa para atender. “Sino,   toca bajar al marido o al hijo de la cama y hágale”, afirma.     

Más bonito le resulta cuando es un parto preparado y  la mujer va a control con la partera desde que inicia el embarazo. Acuerdan un plan de parto y cómo tenerlo: algunas se conectan con la espiritualidad y hacen un altarcito, otras no prefieren nada, otras piden  mucha comida.

En la cosmovisión afro, ser mujer y no tener hijos significa lo mismo que ser mujer y tener 20. Es según decida cómo vivir: “Nuestra misión es que viva armoniosa consigo misma y en conciencia y tranquila”. 

Y lo más complejo, son  los partos en  adolescentes que aún no están en conciencia.  Un trabajo de parto es movimiento,  respiración y la partera queda agotada, porque se respeta la posición de la mamá y  la partera tiene que acomodarse a ella”, explica. Aun con su experiencia, ha tenido trabajos de parto tan  largos como el de su hermana: demoró cinco días, por  los ritmos de cada cuerpo, dice.

Para Liceth, el mayor aporte de la partería tradicional a la convencional es que trabaja dentro de la comunidad,  siempre está observando a las personas y  es muy fácil hacer medicina familiar. Hay  vínculos importantes de confianza y es más fácil que la gestante le cuente  a su partera qué le pasa. 

Y la convencional le aporta a la tradicional  en el diagnóstico, pero guiado y con calidad,  porque tiene las herramientas para diagnosticar  una enfermedad y  funciona rápido y eficiente cuando se requiere y  ha salvado muchas vidas, admite. 

“Es ahí donde creo en las cesáreas necesarias, no en las innecesarias por negocio. Condeno a la medicina occidental cuando programa a una mujer desde el inicio del embarazo con un ‘tú eres de alto riesgo y vas a cesárea’, sin  darle la oportunidad por 9 meses de cuidarse”, reflexiona.

Para ella, la medicina occidental debería dar el derecho de la autorresponsabilidad y decidir. “Hemos endiosado a la medicina y todo lo que diga,  es ‘amén”. 

Para Liceth es una bendición cuando los niños a los que ha ayudado a venir al mundo, la miran con respeto y  agradecimiento, actitud normal con las parteras mayores, no con una de 28 años como ella. Pero es lindo sentir esa consideración como ella la tiene por Flor Gamboa,  la partera  que aunque no pudo recibirla al venir a  este mundo, es a  la que ella llama su madrina. Al fin y al cabo, fue quien apoyó a su madre en ese parto tan complicado y oró para que ella sobreviviera, revela esta  mujer afro que no fue chigualo porque estaba destinada a dar mucha más  vida asistiendo a cientos de gestantes.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad