Las pipas que huelen a árabe

Febrero 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
María Teresa Arboleda Grajales, Reportera de Cali Sur.
Las pipas que huelen a árabe

Para Lizeth Asseff, que vive en el barrio Ciudad Jardín de Cali, el éxito radica en poner un 80% de energía en todo lo que hagamos. “El 20% restante lo aporta Dios”, dice, mientras sus amigos la califican de alegre.

Desde Egipto, China e Israel, Lizeth Asseff Mora, residente de Ciudad Jardín, importa narguilas o pipas de agua, las cuales todavía son desconocidas por muchos caleños.

La fiesta de cumpleaños que organizaba Lizeth Asseff en su casa de Ciudad Jardín tenía un toque mágico. Marruecos, Siria y El Líbano esperaban en el comedor con unos exquisitos kibes de trigo y carne y un plato de tajine de garbanzos para acompañar el pan árabe, el cual no tardó en desaparecer de la mesa. Había música y danza árabe y los rincones estaban repletos de artículos milenarios fabricados en países remotos.Sin duda, lo que más llamó la atención de los invitados fueron unos curiosos objetos que a primera vista parecían lámparas. Tenían mangueras adheridas que terminaban en una boquilla, y en la parte superior llevaban un pebetero. No fue difícil descubrirlos, pese a que estaban detrás de una sala pakistaní, profusamente adornada con barrotes verdes, rojos y amarillos.Ante la curiosidad de los asistentes, la anfitriona tuvo que explicar que se trataba de narguilas o pipas de agua, a las que se les pone una esencia y un líquido y luego se fuman, y que su origen es oriental. Dos años han transcurrido de aquella velada y lo que hasta aquel día fueron piezas de la compilación de Lizeth, emigró a casa de sus amigos, quienes a toda costa quisieron ser los felices dueños de una narguila.Aquello fue un reto disfrazado de anécdota, pues desde esa noche la joven afrontó el desafío de empezar a importar las curiosas pipas desde China, Egipto e Israel, porque sus compañeros de universidad no cesaban de preguntarle por ellas.No obstante, para muchos caleños todavía es desconocida, al punto que su solo nombre les causa extrañeza.Otros, en cambio, ya están familiarizados con ellas. Es el caso del universitario Juan David Mejía, quien hace poco estuvo de correría por varios países y asegura que “en Egipto, fumar narguila es como tomar tinto aquí en Colombia”.Por su parte, Lizeth asegura que aspirarlas constituye una diversión sana. “Se trata, a partir de frutas, flores y demás sabores y esencias naturales, de disfrutar un momento de relajación, ya sea íntimo o para compartir con amigos. Esta era una costumbre de los jeques del Oriente y ser invitado a fumarla era todo un prestigio”.Becas y trabajo socialDesde que estudiaba en el Liceo Tacurí, Lizeth se distinguió por dirigir las actividades que allí se programaban.Prueba de ello son los proyectos sociales que ha creado, entre ellos ‘La semana solidaria’, que convocó a varios estudiantes para que dedicaran un día a ser solidarios con niños, ancianos y otros grupos necesitados. “Fue muy bonito porque lo asumieron con amor y no como algo obligatorio”, recuerda Lizeth, de 21 años de edad.Enamorada de la cultura árabe, como digna nieta de Miguel Asseff, un sirio libanés a quien no alcanzó a conocer, esta amante de los viajes recorrió seis países del Viejo Continente, gracias a un trabajo que debía abordar alguna problemática de la Unión Europea. Ella, quien disfruta de los deportes extremos, quedó impresionada con la belleza y atractivos de países como Praga. Ahora, la emprendedora hija de los anticuarios Henry y Mercedes, y hermana de Jason, que cursa séptimo semestre de administración de empresas y octavo de contaduría y finanzas internacionales en la Icesi, aprende la cultura china. Viajará allá en agosto, gracias a un intercambio universitario. Y además de perfeccionar el mandarín, a su regreso espera saber cómo negociar con el gigante asiático. “Desde niña tuve clarísimo que sería empresaria”.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad