Las penurias que viven los empleados del HUV a causa de la crisis financiera

Agosto 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País

Problemas financieros no solo generan falta de insumos para procesos como determinar el tipo de sangre de pacientes o donantes. También hay empleados que llegan a pie o que no tienen dinero para almorzar y médicos que compran medicamentos de su propio bolsillo.

Si el Hospital Universitario del Valle aún mantiene sus puertas abiertas es gracias al estoicismo y la entrega absoluta de buena parte  de sus empleados. Lea también: Estos son los males que tienen al HUV en urgencias

Un bacteriólogo aseguró que si por algo han luchado los médicos y especialistas del hospital ha sido por los insumos y no tanto por los meses de salario que les adeudan. Incluso han comprado de su propio bolsillo  elementos que  a veces hacen falta, como los guantes quirúrgicos. 

- Por la crisis financiera  hubo días en que en el HUV no había cómo determinar el tipo de sangre de los pacientes o los donantes, porque no contábamos con los insumos necesarios. Eso es muy grave porque no podemos darle sangre incompatible a un paciente. Los más afectados fueron los que tenían leucemia. A ellos les hacen quimioterapia, lo que les disminuye la hemoglobina. Entonces necesitan sangre, pero no había cómo darles sin saber su tipo.

También hubo días en que no se podía determinar si la sangre de un donante era apta para quien la necesitara (si estaba infectada de VIH por citar un caso), por lo que tampoco se podía suministrar.

Y faltaron unas cuchillas especiales que garantizan que el proceso de fraccionar una unidad de sangre sea estéril. Cuando se requiere darle sangre  a un bebé, la unidad se fracciona para suministrarle lo necesario. Como no había las cuchillas, se debía utilizar la unidad entera, así que  mucha sangre se desperdició.

- Da tristeza trabajar en esas condiciones, pero seguimos adelante. Por fortuna hasta inicios de agosto  hay insumos para todo lo relacionado con la sangre, dijo el bacteriólogo.

Garantizar de momento esos insumos ha resultado costoso para el HUV. Harold Cárdenas, el director administrativo,  explica por ejemplo que en la central de esterilización manejan unas cintas especiales de seguridad que garantizan que un material está esterilizado.  La cinta es fundamental para el funcionamiento del hospital y la suministra un proveedor exclusivo: 3M. 

Pese a que el proveedor ha tenido paciencia ante el incumplimiento de los pagos, esa paciencia se agotó y  se suspendieron los despachos.  Entonces el HUV ha tenido que recurrir a intermediarios. Empresas que le compran a 3M y después le venden (más caro por supuesto) al hospital.

-      No es corrupción, ni negociado, ni nada que esconder, sino   la manera en que podemos funcionar mientras el hospital recibe los recursos que  le adeudan. Nos toca asumir ese sobrecosto porque la otra opción es que no haya la cinta y al no haberla, no hay material esterilizado y al no haber material esterilizado  a los pacientes no se les pueden practicar los procedimientos que requieren. Y nosotros preferimos asumir el sobrecosto que poner en riesgo la vida de las personas, dice Cárdenas. Pero no es su único problema. 

-  Por la situación financiera que está atravesando el HUV  nos hemos visto en situaciones complejas para que nos despachen el pan, el tomate, la lechuga, las carnes, toda la alimentación de los pacientes. Por fortuna no ha habido un día en que no haya alimentación, porque de lo contrario habría que cerrar el hospital. Sin embargo para lograrlo hemos tenido que asumir otros sobrecostos y eso lo debemos reconocer. Nuestro proveedor tradicional nos dice: ustedes me deben tanta plata y no me hace abonos, no le puedo seguir despachando. Entonces me ha tocado decirle: mire señor proveedor,  no tengo plata, fíeme. Y eso tiene un costo financiero. No es lo mismo pagar algo de contado que a plazos.  

Al mes, en promedio, el HUV gasta $170 millones en alimentación, pero en julio gastaron alrededor de  $190 millones. 

 Harold Cárdenas sigue narrando cómo es administrar un hospital en crisis. 

  -  Hemos acudido a muchas estrategias para que el hospital siga funcionando. Por ejemplo la caja menor. Por caja menor compramos el pan diario. Como cuando usted va a la tienda y compra lo del día, así. En algunas ocasiones también hemos comprado, con caja menor, medicamentos para niños. Los compramos en la droguería que está en la esquina del hospital, sobre la Calle Quinta.  Y así hemos aguantado el chaparrón. En una ocasión pagué con mi tarjeta de crédito  unos medicamentos para unos niños recién nacidos. Decidí pagar de mi plata y después veré cómo me paga el hospital, pero no podía dejar morir a los niños. Utilicé la tarjeta de crédito porque a mí tampoco me han pagado en los últimos dos meses.

Eduardo Cruz, director médico del HUV, dice que en todo caso  hasta inicios de agosto hay insumos para los 400 pacientes en este momento  hospitalizados y los 100 que permanecen en urgencias. El hospital está en un 80% de su capacidad – cuando por lo general se mantiene a tope -  y eso también se debe a la crisis financiera.

Como no se tienen los insumos médicos suficientes, se tomó la decisión de reducir  los pacientes referidos. Los insumos que hay se están empleando en urgencias sobre todo, y eso ha obligado también a que se aplacen las operaciones quirúrgicas.

 Lucero Rengifo, una paciente del hospital, aún espera una cirugía para superar una alteración de la membrana del oído medio.

- Estoy  peleando por esa cirugía.  Y me duele mucho lo que está pasando con el hospital. Uno se afecta psicológicamente y siente hasta miedo. El HUV es la única opción para la gente que no tiene cómo acceder a entidades privadas. 

La crisis del Hospital en realidad se está sintiendo en toda la ciudad. Hay proveedores del HUV  que no le han pagado la nómina a sus trabajadores debido a que  el hospital tampoco les paga. Y son casi 2300 los empleados que no están recibiendo su salario y la mayoría debe los colegios de sus hijos, los arriendos, la cuota del crédito hipotecario. Una  auxiliar de enfermería y circulante de quirófano dice que esta es la hora en que no ha logrado matricular a su hija en la universidad. 

Otra auxiliar de enfermería asegura  además que  ha habido días  en que ha tenido que llegar al hospital a pie. Debido a que desde hace dos meses no le pagan su salario, a veces se encuentra con que no tiene el dinero suficiente para costear el transporte. Entonces, como vive en un municipio a las afueras de la ciudad, toma un bus hasta La Terminal  y desde ahí camina.

-       ¡Y siempre llega temprano y con la mejor actitud para trabajar!, dicen los compañeros que permanecen a su lado. 

La auxiliar de enfermería sonríe pese a todo y enseguida asegura  que debido a la crisis financiera del hospital  también ha cambiado su mercado. Más huevos, menos carne.  En su casa se la pasa apagando bombillos y cerrando llaves para que el recibo de los servicios públicos llegue lo más barato posible.

-       La crisis la he soportado gracias a que mi compañero sentimental trabaja en otra empresa, aunque él se gana el salario mínimo. También fiando en la tienda y pidiendo plata prestada. Muchos estamos en la misma situación. 

Una auxiliar administrativa debió irse a vivir con sus padres para lograr sostenerse con  su bebé. Además, en el HUV hay  funcionarios  que incluso no tienen el dinero para almorzar durante su jornada laboral.  Y sin embargo no piensan dejar de ir a trabajar.

-       En mi casa me dicen que renuncie, que para qué voy a trabajar donde no me pagan. Pero no. Yo tengo un compromiso con el Hospital y con los pacientes. Salvar vidas es algo que no puede hacer todo el mundo, dice la auxiliar de enfermería.

 La ciudad, de alguna manera, se lo debería agradecer. ¿Qué sucedería si el paciente  es nuestra mamá, nuestro papá, la esposa, un hijo?

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