Las mujeres que en Cali luchan contra las violencias de género

Las mujeres que en Cali luchan contra las violencias de género

Marzo 08, 2018 - 12:44 p.m. Por:
Alda Livey Mera Cobo y  Paola Andrea Gómez / Reporteras de El País
Mujeres caleñas

De izq. a der. Ana Carolina Quijano, María Grace Figueroa, María Fernanda Cuartas, Andrés Fandiño, Myriam Aurora Pizo, Susana Serrano, Mariluz Zuluaga, Elodia Nieves Balanta, Norma Lucía Bermúdez, Alba Estela Barreto y Elena Hinestroza. María Teresa Arizabaleta de García participó en el laboratorio de mujeres, pero no estuvo en la sesión fotográfica.

Foto: Jorge Orozco / El País

En Cali hay una deuda con el gran linaje de las mujeres que han construido sociedad y mucha mezquindad para hacerles un reconocimiento. No hay ni una calle con nombre de mujer ni un monumento en su honor. ¡Y en el Parque de los Poetas no hay una poeta!, No es por falta de presupuesto, sino de voluntad política. No pedimos grandes heroísmos, sino que cada quien haga lo que le corresponde y hacerlo bien”.

Es la voz de Norma Lucía Bermúdez, una de las invitadas al laboratorio de mujeres que convocó El País para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, en el que voces de distintos sectores expusieron problemáticas y retos del feminismo hoy. Y quedó claro que el 8 de marzo no es una fecha para recibir rosas, sino para reflexionar cómo eliminar las espinas de su camino de gestoras de vida y constructoras de sociedad.

La mayoría coincidió en que las falencias en la ruta de atención a la mujer que se atreve a denunciar la violencia en su contra, es otra forma violencia.


La hermana Alba Estela Barreto, por ejemplo, dice que conoce casos en los que “cuando una mujer va a denunciar el maltrato de su marido, la Policía les dice: ‘resuelva eso debajo de la cobija’”. Por ello, la Fundación Paz y Bien les aconseja no ir solas, las prepara y las acompaña en la diligencia, porque “todo el sistema judicial está a favor del hombre y la mujer es tildada de culpable, loca, cansona”.

Elodia Nieves Balanta ve una evolución en cuanto al aumento de las denuncias y a que se supo que el maltrato sí existía, porque antes no se visibilizaba, por el miedo a denunciar: “Ese temor ya es menor con los grupos de mujeres que las apoyan, pero ahora las agreden más o las matan. La mujer ya no calla, pero la matan para que no hable”.

Cita que hace unos días una mujer fue golpeada por un hombre porque se atrevió a denunciarlo. Y el Estado la hizo voltear por todas las instituciones con el aquí no es, le toca en otra comisaría, tiene que ir primero a un médico legista, también a la EPS. “Allí hay un retroceso porque ella no encuentra ayuda”, señala.

Mariluz Zuluaga afirma que el Consejo de Seguridad para las Mujeres del Valle del Cauca, creado por la Gobernadora Dilian Francisca Toro, permitió disminuir los casos de feminicidios y homicidios de mujeres. Así, se pasó de 20 de feminicidios entre enero y febrero de 2017, a 9 casos en Cali y 3 en el Valle, en igual periodo de 2018. Y los homicidios de mujeres, en 2016 fueron 184 y en 2017 se redujo a 172 casos. Aún así, Cali, Buenaventura, Jamundí y Palmira son las ciudades con mayores indicadores de violencia contra mujeres.

Elena Hinestroza, la cantaora cuyas denuncias eleva cual lamento del Pacífico, con su voz, confirma que las denunciantes se quejan por el ‘quedaron de llamarme’ y no las llaman, o las ponen a voltear hasta que se cansan.

No obstante, siente que hoy hay mayor posibilidad de justicia. “Fui violada por el alcalde de mi municipio, tenía 11 años de edad; me mandaron a llevarle el almuerzo y me violó y me quedé callada con ese dolor, tengo viva esa herida. Cuando me invitaron a esta reunión, pensé que si hubiese sucedido en esta época, yo habría denunciado y quizás ese hombre habría pagado algo y yo habría mitigado en algo mi dolor. Por eso soy sentimental en lo que compongo”, dice.

Sin embargo, muchas no denuncian por miedo, o peor, se retractan, advierte Mariluz Zuluaga. Como una funcionaria de 18 años que lloraba mucho y al indagarla, reveló que “un hombre importante de la Alcaldía (de hace 15 años) la acosaba sexualmente. También le pedía llevar a su hermana de 15 años, y de eso dependía que conservara su cargo y el de su padre”.

Ana Carolina Quijano trae a colación las cifras de Forensis 2017. Y dice que el número de denuncias por violencia interpersonal, familiar y sexual, muestran la magnitud del problema y urge revisar antecedentes.

“Hay una complejidad de violencia intrínseca, de reducción y cosificación de la mujer, de machismo. Colombia es violenta y las violaciones a las mujeres es un reflejo de ello”, afirma Ana Carolina.

La funcionaria admite que hay un vacío legal y que todas las instituciones involucradas en la ruta de atención, tienen debilidades y desconocimiento. “Por ejemplo, en la atención en salud, falta sensibilizar al cuerpo médico. Muchos no saben que debe activar la ruta, o no se da cuenta porque la mujer calla, pero somatiza, se enferma porque se siente mal. Sucedió con una paciente que pasó ocho veces por consulta antes de ser asesinada por su pareja, pero el médico nunca activó la ruta. Es el juego de la violencia”, dice Ana Carolina Quijano.

Norma Lucía Bermúdez ve el origen de todas las violencias contra la mujer en el contexto de una Cali violenta y patriarcal, donde lo femenino sufre hasta de violencia simbólica, como invisibilizarla, o reproducir estereotipos como ‘las caleñas son como las flores’, que pone el énfasis en las formas y cuerpo de la mujer, y no en lo que ella piensa, hace o le aporta a la sociedad”.

Andrés Fandiño, director de Cisalva, observa que hoy tenemos las cifras de violencia contra las mujeres muy claras, pero la impunidad es muy grande. “A veces las cifras que crecen son utilizadas por contradictores políticos para criticar, pero si aumentan las denuncias es porque algo están haciendo bien las autoridades. Si la mujer ve la respuesta apropiada, las demás van a denunciar más, pero la coordinación interinstitucional es complicada”, admite.

Norma Lucía Bermúdez rechaza la satanización de la mujer que denuncia, pues la cultura hace que se ridiculice a la víctima. “Atendimos una alumna que se atrevió a denunciar el acoso sexual de un profesor, y en el colegio en vez de atenderla, la acosaron más, los mismos profesores y compañeros le hicieron memes con su foto, con un letrero, ‘La cita es en la Fiscalía’ y lo subieron a Facebook. Cambió de colegio, también fue acosada, pero allí la ruta de atención sí funcionó y sacaron al docente”, relata.

Así, dice, ¿qué otra niña se atreve a denunciar? Todas quedan intimidadas, ya que la violencia contra la mujer está naturalizada con la culpa y la vergüenza. “Diga que la violaron y verá qué le pasa. Es como tener cáncer y VIH. Diga que tiene cáncer y todo el mundo la compadece, pero diga que tiene VIH y ya es sospechosa”, señala Norma Lucía.

María Teresa Arizabaleta de García lamenta ver la mujer y a la sociedad tan calladas, mientras los medios publican banalidades, por lo que les adjudica “muchísima culpa en la violencia a las mujeres”, sentencia. Sin embargo, no deja de mencionar la que considera la más grave violencia contra la mujer, como es la que proviene de la misma mujer.

María Fernanda Cuartas, artista plástica caleña, cuya obra visibiliza la realidad de las prostitutas, pide desmitificar ese paradigma de que “son de vida alegre” y “viven bueno”. No, ellas son violentadas por su marido o por el hombre que las mantiene en ese rol, y son las que sostienen la casa y los hijos. También los clientes las maltratan. “He encontrado mujeres que son atadas hasta con alambre de púas, porque las toman como objeto”, revela.

María Grace Figueroa reclama que las comisarías de familia están para proteger a la familia, pero se les olvida que hay familia funcional y disfuncional, pero la estructura del Estado no le da para funcionar, entonces, protege al menor de edad y olvida a la mujer, al hombre, que también los hay maltratados, a los de tercera edad. La familia es el núcleo de la sociedad, pero ¿cuánto le dedica el Plan de Desarrollo de Cali, de sus 12 billones de pesos?”, cuestiona la concejal.

Igual, denuncia que jornadas laborales de 12 horas, es no pensar en la familia. “Nos amplían un poco la licencia de maternidad, pero no nos recortan la jornada laboral, y ese un problema para una madre que está formando niños. Hay que apoyar más a la mujer, porque donde hay una, ningún niño se acuesta con hambre”, concluye.

Lo que ellas quieren

“Capacitar a los funcionarios porque falta sensibilizar y humanizar la ruta de atención a las mujeres víctimas de violencia de género; crear una línea de atención directa”: Mariluz Zuluaga.

“Hacemos énfasis para que en la ruta no mezclen las mujeres víctimas de violencia con otras víctimas y que se propenda por salvaguardar la vida y derechos de la mujer”: Ana Carolina Quijano.


“Al Estado le pedimos que no haga actos simbólicos, que esos los hacemos nosotras (movimientos de mujeres); le pedimos que cada quien haga lo que le toca”: Norma Lucía Bermúdez.

“Cuando uno va a hablar de prevención de violencia sexual en los colegios, le dicen: ‘Sí, aquí tenemos los baños con llave, esa es la prevención para ellos’”: Alba Estella Barreto.

“Las leyes a favor de la mujer están todas. Se ha legislado muchísimo al respecto, el problema es ponerlas a funcionar”: María Grace Figueroa.

El manual sobre la ruta de atención, fue redactado en los escritorios de Bogotá y resulta difícil aplicarlo en la comisaría de familia de Timbiquí, Guapi o Barranquilla, eso no se tuvo en cuenta y siempre hay algo que falla en la ruta, por ejemplo, a la mujer no la atiende el mismo médico. Es un reto integrar toda esa atención: Andrés Fandiño.

Ser mujer en Cali, entre la oportunidad y la encrucijada

El interrogante de ¿qué es ser mujer en Cali?, las pone en alerta. Para la hermana Alba Estela Barreto, lideresa de procesos sociales en el Distrito de Aguablanca, es una gran oportunidad, porque las mujeres tienen eco en diferentes grupos que inciden. “Cali es una ciudad donde pego un grito y encuentro apoyo. Pero ser mujer en el sector popular es muy diferente a serlo en la alta sociedad”, admite.

Elodia Nieves Balanta lo confirma. Para esta líder del Distrito, en Cali la mujer ha resurgido como el Ave Fénix, donde antes era muy invisibilizada y no contaba para nada. “Ahora somos capaces de agruparnos, ayudarnos, escucharnos con mujeres ancestrales y con las feministas, podemos aprender, desaprender y reaprender y así podemos posicionar y lograr más”.

La diputada Mariluz Zuluaga, autora y coautora de iniciativas en pro de la mujer, acepta que Cali ofrece más oportunidades, pero reclama que la mujer sigue siendo discriminada, acosada y sigue vigente esa brecha que se refleja en baja participación en experiencias políticas y de acceso al poder.


Para Norma Lucía Bermúdez, ser mujer en Cali es una encrucijada, es un cruce de caminos entre lo diverso y lo fantástico, “porque es una ciudad diseñada para los hombres, sus monumentos son solo a guerreros, pero nosotras nos colamos por las grietas”.

"La mujer debe saber que la violencia es un delito y que hay todo un aparato del Estado para defenderla a la víctima”.
Andrés Fandiño, director de Cisalva.

Elena Hinestroza, a quien le duelen los hijos de sus paisanas en el sector popular donde vive y busca salvarlos desde la música y el arte, dice que “hay que resistir en Cali para ser mujer, negra y desplazada, pero me he sentido acogida porque no han dejado que esa discriminación nos amilane, estoy aquí y lo agradezco mucho”.

María Teresa Arizabaleta de García, única sobreviviente en el país de la lucha por el voto femenino (1957), enfatiza que en Colombia la mujer sigue siendo ciudadana de segunda clase: “Es una segundona y lo peor es que están dormidas, la mayoría sigue esperando casarse bien, decididas a cualquier cosa, menos a tener el poder. Y los hombres, peor, dormidos y además, equivocados y acomodados”.

María Grace Figueroa destaca que en Cali y en el Valle del Cauca, ser mujer es una oportunidad, “el que no nos acompaña es el Estado, lo público nos abandona en el camino”. Ejemplo de ello es que no hay políticas en el tiempo, que Cali fue pionera en las comisarías de familia y en las Casas de Justicia, pero que hoy están acabadas.

Myriam Aurora Pizo dice que ser mujer en Cali es una experiencia hermosa. “Encontré colectivos de mujeres que sí nos apoyan, si todas estuviéramos en movimientos de mujeres, lograríamos más de lo que hacemos. Hay amor, sentido de pertenencia cuando se integran”, reconoce la activista.

Denuncia que la Iniciativa Colombianas por la Paz, que representa, ha sido atacada por trabajar por las víctimas. “Se pensó en una política pública de las mujeres, que tuviésemos un espacio para expresarnos y que no nos toque voltear, que la ruta de acceso para nuestros derechos sea una sola, y de allí surgió Casa Matria”, refiriéndose al programa del Municipio para atender a la mujer.

Susana Serrano reconoce que gracias al trabajo de todas estas antecesoras suyas y de muchas feministas más, las caleñas se sienten con el derecho de denunciar que son discriminadas, no se deja que un hombre las violente y las empodera para tener el valor de pararse en la línea y decir ‘no más’.

Mejorar ruta de atención, el gran reto

Trabajar por una política pública de salud mental, local y nacional, y por un modelo de educación desde la primera infancia en empoderamiento y autoestima para las niñas, y de respeto con la mujer, para los niños, son algunas de las banderas para el feminismo. Igualmente humanizar el personal de las instituciones en la ruta de atención a la mujer víctima de violencia y evitar su revictimización.

Mariluz Zuluaga afirma que urge atacar los feminicidios con un programa de salud mental. El hombre que mató a su esposa y sus dos hijos en el barrio Alameda en 2017, señala la diputada, había ido al psiquiatra cinco veces y no se hizo nada para evitarlo. Son agresores que sentencian a la mujer con un ‘si no estás conmigo no estás con nadie’ o ‘te mato’, porque ella ya no calla o no se somete.

Esta propuesta va en consonancia con la idea de Andrés Fandiño, de reforzar las Comisarías de Familia y crear procesos de atención del hombre victimario, porque “vemos que queda en el registro que agredió a una mujer, pero no se dice cómo atenderlo ni qué hacer con él”.

"En la calle encuentras que detrás de un niño hay una banda criminal y de una niña, un proxeneta que la toma y prostituye”.
- María Fernanda Cuartas, artista plástica.

La estudiante Susana Serrano advierte que no se trata solo de empoderar a la mujer, sino de educar al hombre para no ser el macho alfa, sino a crear nuevas masculinidades, sin ser tildado él de gay, ni ella de lesbiana. Menciona retos simples pero valiosos como eliminar la definición de ‘sexo débil como un grupo de mujeres’: “Eso nos lastima, nos hace daño, porque nos hace sujeto de violación y agresión”.

Myriam Aurora Pizo dice que hay que mirar todos los casos de violaciones por todos los actores armados, todos los delitos sexuales de los padres e instaurar una cátedra especial para enseñar a respetar al otro. “El reto es integrarnos más, mirar cómo humanizarnos y hablar más del amor, exigiendo los derechos que ya están en la Constitución”, dice.


La preocupación de Alba Estela Barreto es la angustia diaria de la mujer que no tiene con quién dejar sus hijos, para ir a trabajar. “Estoy cansada de repetir que en Aguablanca y la ladera no hay pandillas, sino niños reclutados por bandas criminales”, reclama. Lo vive con chicos de 12 años que le piden: ‘hermana, deme una buena comida hoy, que a mí me matan esta noche o mañana’. O ‘no me deje salir de la Casa Francisco Esperanza, que yo tengo patrón, me da $1.000.000 de básico, moto, celular y algo que a usted no le gusta...’ Tras un silencio, muestra su arma oculta bajo la ropa.

También cree urgente trabajar cátedra de sexualidad, porque ha hallado niños de 12 años que desvisten a niñas de 8 años en el parque para tocarlas.

Elodia Nieves pide modificar el lenguaje de medios de comunicación, canciones, propagandas y chistes en algunas emisoras en contra de la mujer. Brindar asesoría a las mujeres ancianas víctimas y “eliminar esas políticas macabras que nos dejan sin piso como esa de que nos van a aumentar la edad para pensionarse”.

Mariluz Zuluaga dice que se debe hacer más sensibilización, porque se han tomado medidas más coercitivas y sanciones, pero no sabemos si funcionó o no. “Hay que combatir el machismo y trabajar en nuevas masculinidades, para evitar esos sesgos; que ellos puedan colaborar en tareas de la mujer y que la mujer sepa que puede desempeñarse en trabajos reservados para los hombres”.

Elena Hinestroza dice que el reto es llamar al Municipio a mirar los sectores populares, no dejarnos en el olvido. “Cuando llegué desplazada a Cali, veía que las mujeres se iban a trabajar, y los niños, que veía llegar bien educados del Pacífico, al poco tiempo estaban transformados. Hace diez años empezamos a crear movimientos, como Integración Pacífico, para enseñarles arte. Así levanté nueve hijos y todos son músicos, artistas, gente de bien. Después comencé con los hijos de mis paisanas y logré lo mismo”.

María Fernanda Cuartas dice que el reto es la igualdad de oportunidades en trabajo y en remuneración salarial. “Me gustaría que Cali fuera ejemplo a nivel nacional de ese paso cultural, que tengamos ese orgullo de ser pioneros en que la ciudad pudo combatir esa inequidad”, dice la autora de Ella, escultura en honor a la mujer que enlucirá la glorieta en la vía al Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón.

Para Myriam Aurora Pizo, el desafío es continuar con esta obra de empoderamiento como es la mesa municipal Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz, en la que hay 136 inscritas.

"No se debe hablar de la ropa de la mujer víctima de agresión sexual o violación, insinuando que ella lo provocó. O de una bebé violada, ¿decimos que lucía pañal?".
- Norma Bermúdez, activista feminista.

María Grace Figueroa resalta que “cuando recuperamos la familia, le estamos dando a la mujer un sitial que no tiene cuando la dejamos abandonada, que es cuando es víctima de muchas violencias. También el acceso al poder, porque así el sistema electoral pide que el 30 % de la listas sean de mujeres, no salen elegidas, porque la política está pensada por el hombre. “Allá (Concejo) siente uno la fuerza masculina imponiéndose, les cuesta trabajo aceptar y buscan que una se calle”, dice la presidenta de esa corporación.

María Teresa Arizabaleta de García plantea que no hay nada que sirva si la mujer no está en la toma de decisiones. “Pregunto, si las Farc son capaces de formar un partido, ¿por qué nosotras no? En Noruega, el 47 % del Parlamento son mujeres y en Colombia tenemos que lograr esa equidad”, remata.

Cifras

Forensis 2017 reveló que en Colombia hubo, en 2016, 14.455 denuncias por violencia intrafamiliar, y 13.851 en 2017.

Por violencia interpersonal, 9846 (2016) y 9146, (2017).
Exámenes médico legales por presunto delito sexual: 4132 y 4314, respectivamente.

Solo en Cali, en 2017 fueron 1051 por violencia interpersonal; 658 por violencia intrafamiliar y 258 exámenes por presunto delito sexual.
Feminicidios: 15 casos en Cali en 2016.

Homicidios de mujeres en el Valle en 2017: 126.

Colombia está entre los países de América Latina con más mujeres en cargos de poder, según la OIT, pero ganan el 20 % menos que los hombres en el mismo cargo, y trabajan 15 horas diarias promedio, porque llegan a hacer las labores del hogar.

Las prostitutas son mujeres que huyen de casa muy jovencitas por maltrato y/o violadas por su padre o padrastro, y sin estudio ni dinero, quedan expuestas a las drogas y a la prostitución.

Participantes

Al laboratorio de mujeres que convocó El País, asistieron activistas feministas como María Teresa Arizabaleta de García, coordinadora de la Ruta Pacífica Valle y vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas por Colombia; Norma Lucía Bermúdez, integrante de los colectivos Fundación Mavi y Reparando Ausencias; Ana Carolina Quijano,
Subsecretaria de Equidad y Género de la Alcaldía de Cali.

También Mariluz Zuluaga, diputada a la Asamblea del Valle; Alba Estella Barreto y Elodia Nieves Balanta, directora y subdirectora fundadoras de la Fundación Paz y Bien, respectivamente; Elena Hinestroza, poeta y música fundadora del grupo Integración Pacífico; María Grace Figueroa, concejala de Cali; Myriam Aurora Pizo Henríquez, coordinadora municipal de la Iniciativa Colombianas por la Paz.

María Fernanda Cuartas, artista plástica cuya obra se centra en la mujer, y Susana Serrano, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Occidente, UAO.

Participó además Andrés Fandiño, director del Centro de Investigaciones Cisalva, de la Universidad del Valle.

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