Las mejores 'puntadas' del Salsódromo, en manos de estas modistas

Diciembre 23, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Las mejores 'puntadas' del Salsódromo, en manos de estas modistas

Pilar Durán ha confeccionado dotaciones completas para grandes espectáculos como Delirio, Ensálsate, Cali Ají y Cabaret y unos 400 trajes para varias academias que resultaron ganadoras en el reciente Festival Mundial de la Salsa. Varias operarias y su familia le colaboran en su empresa.

Ellas no bailan en el escenario, sino en el taller con aguja e hilo para que 1500 bailarines se luzcan en el Salsódromo y eventos de la Feria de Cali.

Pilar Durán no nació para vestir santos, sino bailarines. Si se habla de especialistas en vestuario para la industria de la salsa, todos en coro nombran a quien ha sido  el  pilar del arte de la confección para bailar.

En su casa-taller del barrio Conquistadores, oriente de Cali, cuenta que le heredó el hilo del oficio a su abuela, Alicia Tabares. Pilar creció viéndola coser trajes para bailarines de la Vieja Guardia. Después, a su señora madre, Luz Mery Noreña, cosiéndole vestidos a El Tosco y Alicia, las camisas estampadas a Guaracho, la ropa vistosa a Maca, el Hombre del Arete –usaba una candonga grandísima-. Y a muchos más.

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Pilar se casó a los 18 y sin haber rumbeado mucho pese a vivir en el mundo de la salsa. Su esposo le regaló una máquina de coser, hizo el curso básico del Sena y en una fábrica de ropa interior conoció la magia del  elástico y de la lycra. 

Creativa, fue pionera en incorporar   esa segunda piel  al vestuario de la salsa: la lycra daba el  ajuste perfecto al  cuerpo y  comodidad a   los bailarines para  desplegar sus movimientos y coreografías.  ‘Las caponeras’ fueron sus primeros bodys en lycra, como los usaba Margarita Rosa de Francisco en La Caponera. 

Toda una revolución para ella que había visto a su mamá coser  satín y lino, los materiales más económicos que un agualulero podía lucir en su época, pues si acaso, conseguía patrocinio en la tienda del barrio.

Su salto al escenario fue cuando su sobrina Lucelyn, quien bailaba con El Mulato, le pidió que le hiciera un vestido para un concurso en Bogotá. Y ganaron con ese traje de mambero que ella le confeccionó.

Entonces, comenzaron a pedirle más trajes. Vistió la primera promoción de Son Latino y desde entonces no deja de cortar, enresortar, cerrar y enlucir con pedrería y flecos. Sí, porque Pilar también transformó la forma de llevar los flecos, el accesorio que resalta el movimiento del bailarín. En vez de ponerlos rectos sobre la prenda, los cosía   en plumilla (en forma diagonal) para que el artista se luzca más en su coreografía.

Pilar cree que cada bailarín debe vestir según su proceso: el principiante debe lucir  solo satín, lino barato y flecos, como los pioneros. “Así aprenden a  amar la  salsa, a saber que Cali en esencia es eso y a respetar a la Vieja Guardia”, sustenta.

Cuando se hayan molido los pies y dejado el sudor en el escenario, ya podrán lucir algo más cómodo como la lycra y  accesorios. Y las lentejuelas y el brillo es un lujo  reservado para cuando ya han hecho carrera.

Es que  detrás de cada bailarín hay una historia que marca su vestuario, peinado, maquillaje,  zapatos, todo. Y ella tiene en cuenta desde el color de la piel, la coreografía y las alzadas, para que el diseño esté  acorde y el artista pueda seguir el ritmo de la música  y brillar ante el público.

“Más que el lujo y el brillo, busco la ergonomía (comodidad) y la seguridad, les forro los bordes con tela suave para que no les talle y les pongo doble herraje en las tiras y broches para que  no se les vaya a zafar o a descoser”, explica. Hasta hace los brasieres de los corpiños, mientras otras   modistas solo compran la prenda y la forran y decoran.

Por eso, cuando una bailarina va a  que le haga ‘un vestidito’, ella la corrige: “No, un vestidito no, le voy a hacer un vestuario para que se vea divina”. Este año  brillarán con  sus creaciones bailarines de Impacto Latino, Acrosalsa, Tango Vivo, Imperio Juvenil, entre otras academias de salsa que la sientan a coser desde agosto y hasta el 25 de diciembre está entregando trajes para el salsódromo. 

También vestirá  al abanderado, Camilo Zamora, ese personaje como de dos metros de estatura que da apertura al desfile de salsa más imponente del mundo, el salsódromo.

“La salsa es una señora y se debe respetar con vestidos dignos de bailar, como lo hacía Celia Cruz; ella dio buena pauta con colores que dan vida,  alegría, como el rojo, el naranja, el azul rey”, dice. Pilar también marca tendencia:  vistió a Adriana Ávila con el traje amarillo con el que ganó la medalla de oro en los World Games y todo Cali comenzó a usar ese color.

Caleños que bailan en Japón,  Argentina, Turquía, o que compiten en Chicago o Puerto Rico, vienen y  le piden hasta media docena de vestidos y se van estrenando felices. Por esos méritos y sin hacer casting, Pilar actuó en la película Ciudad Delirio. “Yo soy la que le digo a la protagonista: esos vestidos ya están muy feos, hay que hacerle unos nuevos”, remata con  puntada final.

[[nid:493455;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/normally-sosa.jpg;full;{Normally Sossa es una modista empírica que se graduó en diseño en la Academia Diseñando, pero ahora se prepara como empresaria de la industria de la salsa.Johan Manuel Morales l El País}]]

Normally Sossa es  modista empírica hace 20 años de  elegantes vestidos de novia, 15 años y fiesta. Hasta que su hija Natalia empezó a bailar en la academia Son de Luz y le pidió un traje  para una presentación de salsa.

Con ese voz a voz, empezó a confeccionar más y en 2008, hizo dotaciones para academias participantes en  el Salsódromo. Pero Normally no da a basto en temporada preferia y tiene que contratar asistentes e incluso, ahora le faltan operarias.

Por ellas, creó la Fundación Mundo Diseño para apoyar a las madres cabeza de hogar y enseñarles que sí se puede trabajar en casa, bordando, poniendo pedrería, cosiendo y atendiendo a sus hijos al tiempo.

“Levanté mis hijos con esta profesión, pude trabajar y cuidarlos en casa”, dice Normally, considerando también que estas  son empresas familiares donde trabaja la mamá, la hermana, la tía, los hijos y hasta el esposo, como el suyo, Orlando Losada, quien andaba buscando complementos para unos  trajes de terciopelo fucsia bordado en lentejuela,  difíciles de conseguir.

Eso es lo más complicado: cuando el cliente trae telas muy lindas, a veces importadas, pero sin  hilos, botones, cierres, flecos, cintas, lentejuelas  ni pedrería del mismo color. “Entonces uno se tiene que pegar una patoneada por toda  la ciudad para encontrar todo a tono”, dice. No obstante, si no halla una blonda, un velo o un encaje del mismo tono,  tiene su solución: tiñe uno blanco con tanta precisión que le queda del color exacto.

“Así no me varo y eso hace que se vea más fino y elegante”, comenta sobre  esta técnica que domina y da el valor agregado a sus creaciones. Eso le ha valido ser la creadora de  los trajes de los bailarines en varios  lanzamientos de la Feria, incluida la de esta 58 versión, los de  la carroza de Emcali y de los pasistas (animadores que van al frente de cada escuela).

Apenas termina la Feria, no descansa. Como sus colegas, sigue confeccionando para los espectáculos que se continúan presentando. “La industria de la salsa es  grande, ya se mueve todo el año, ahora siguen los eventos Salsa Ladies, Salsa Hombres en Cali o salen de gira al exterior o compiten en eventos internacionales”, dice. O por ejemplo, la Secretaría de Cultura  premia a las mejores 20 academias, con una dotación de baile para niños. Así que si por cada escuela son diez parejas, eso significa por lo menos 400 trajes.

Normally es multifacética: elabora vestidos para tango, folclor, disfraces, circo, orquestas, obras de teatro, máscaras con papel maché y espaldares y tocados en alambre. Va a tomar otro curso de tintura industrial y se está capacitando en mercadeo y administración de empresas con el Banco de la Mujer. “Los confeccionistas de la salsa tenemos esa falencia administrativa, entonces estoy haciendo estos cursos, aprendí a sacar costos y me gané una beca para emprendedoras”, afirma.

[[nid:493457;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/nury-martinez.jpg;full;{Nury Martínez en ocho años se hizo famosa creadora de vestuario de salsa.Johan Manuel Morales l El País}]]

Desde niña Nury Martínez le hacía vestidos a las muñecas, casi con los ojos cerrados. Nunca hizo curso. Hace unos diez años una señora le explicó  cómo cortar un vestido para su mamá y con ese se graduó de modista tradicional. 

Gracias a un traje que le hizo a su sobrina para bailar salsa, terminó elaborando vestuarios para Rucafé, luego a Delirio, Ensálsate y ahora confecciona hasta los trajes de baño del concurso Señorita Valle.

El año pasado hizo  600 vestidos para el Carnaval de Cali Viejo y 22 academias, cada una con 20 bailarines, más los pasistas y voceros del Salsódromo. Fue agotador y este año se distribuyeron las tareas con   sus colegas. Ella hará solo los del Carnaval y aún con cuatro operarias y con la ayuda de su hermana, su esposo y sus tres hijos que hacen entregas, compras, etc.

“Esto es mi vida, no me importa amanecerme hasta las 4:00 o 5:00 de la madrugada  terminando vestidos; incluso es mejor, trabajo más concentrada y tranquila”, dice Nury en su casa taller ubicada en el barrio La Nueva Base. De ahí que si algo le duele es que no cuiden, aprecien o valoren una prenda en el que ella le ha puesto girones del alma, adornos del corazón.

“Siempre coso sobremedida –no generalizo  por tallaje– porque así voy a la fija” y resalta que enfatiza en ponerles soportes o argollas en los ajustes para evitar accidentes en tarima. “Hay que rematar bien, todo lo que sale de aquí es calidad, por eso nos distinguimos”, dice mostrando los bolsos que hace para la marca Delirio y ropa de hombre que también elabora. En su palmarés están vestuarios de Constelación Latina, Estefanía y Andrés Tascón, Angie Duque, Yelber Londoño e Ingrid Fernanda Manzano, ganadores en el Festival Mundial de Salsa 2014. 

“Aquí trasnocha desde el más grande hasta el más chico y el 24, hacemos la cena, pero seguimos derecho trabajando”, concluye.

El sastre de la Vieja Guardia

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Uldarico Sánchez Ruiz  (foto) está entre telas e hilos desde que tenía 15 años.

Empezó haciéndoles los   vestidos a Amparo Arrebato y al Ballet de la Salsa del barrio Obrero y lleva 43 años  en el oficio.

Ahora les  confecciona a Swing Latino y a El Mulato, a quince academias, a Ensálsate, Delirio, Tango Vivo y Salsa Vivo. Para él  lo más complicado es  la tela rebordada en lentejuelas, que predomina en las chaquetas de hombre.

 Don Uldarico, un rumbero  de viejoteca y  zapato blanco, cuenta con el apoyo de dos sastres más: su hijo Óscar Andrés Sánchez, que heredó su oficio, y don Aurelio García, pero dice que necesita unos  tres empleados más porque están trasnochando para cumplir con todos los pedidos.

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