Las joyas que exhibe el museo del transporte

Las joyas que exhibe el museo del transporte

Abril 05, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Las joyas que exhibe el museo del transporte

El emblemático Ford 1914 que revolucionó la industria de entonces. Se prendía con manivela de adelante, tenía pedales de uso diferente a los actuales y carrocería en madera.

El museo Aéreo Fénix de Transporte ubicado en la zona franca de Palmaseca tiene 13 aeronaves, 14 vehículos viejos como nuevos y grandes motores de 18 cilindros.

Es un hangar lleno de máquinas, de esas que ya pasaron de moda, que muchos no conocieron pero que deja a más de uno boquiabierto. Son las joyas del Museo Aéreo Fénix del Transporte, un pedazo de aeródromo  suspendido en el tiempo.

De él saben más afuera que en Cali. Aquí se volvió a recordar por el Boeing HK-727 que le donó  esta semana  la empresa Aerosucre, jubilado luego de 75.000 horas de vuelo. Es un ícono de la aviación porque volaba desde 1966 y fue el primero que compró nuevo la aerolínea Avianca, recordó  José Guillermo Pardo, fundador del museo.

Pero en el exterior el museo es más famoso, porque aunque está aquí al lado del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, al museo lo ‘googlean’ extranjeros y nacionales que hacen largos viajes para contemplar sus exhibiciones.

Así llegaron esta semana visitantes de Aguazul, Casanare; de Envigado, Bogotá, Bucaramanga. También de Estados Unidos y otros países llega gente motivada por ver una de las maquetas de trenes más grande del planeta, que reproduce a escala 1/89 un total de  198 kilómetros del histórico  tren de Pensilvania, el más importante del mundo en los años 50. 

Sí, el tren, porque a pesar de ser un  museo del aire, también tiene vagones y locomotoras a escala,  autos de verdad como el Buick y el Ford que revolucionó la industria del automóvil en 1914;  tractores Farmal y Jhon Deer, los primeros surtidores de gasolina, una sala de dioramas y maquetas que recrean acontecimientos importantes de la historia con 1500 piezas en tercera dimensión. 

Y, ¡vaya curiosidad! Hasta la colección más importante del mundo de cubiertos  utilizados en los aviones con 1200 juegos   originales de todos los materiales y diseños,  acompañados de una réplica del avión a escala y el escudo de la aerolínea que los utilizó. 

Pero las joyas aeronáuticas aparecen, de golpe, en el primer piso del lugar con 13 aeronaves, 14 vehículos viejos como nuevos, trajes de vuelo, surtidores de combustible y grandes motores de 18 cilindros donde es posible tener una idea de lo que es un avión.

Jaime Roldán, uno de los promotores del museo, dice que el DC-3 azul y plateado que sobresale en el hangar es la joya más preciada. “Se considera -afirma- que es la mejor aeronave que se ha construido hasta el momento”. El que está en el museo, en particular, tiene una gran importancia por cuanto estuvo en el puente aéreo de Berlín tras la Segunda Guerra Mundial.

Roldán explica que luego de esa guerra, hacia 1945, Berlín es pidida entre los aliados y los soviéticos. La parte que corresponde a los aliados queda bloqueada y hay un proceso de desabastecimiento acelerado. Lo que hicieron los americanos fue  transportar alimentos, frazadas y carbón para el invierno y este DC-3 que está en el museo fue uno de los que cumplió esa misión.

Al lado de este DC-3 descansan dos joyas más. Uno es el  PT-17,  un entrenador primario, donde le enseñaban a los nuevos pilotos a volar. La Fuerza Aérea tuvo aquí  70 de esas aeronaves. Sus alas son en madera recubierta  con una tela que se pone al calor.  El fuselaje es en tubería  recubierta con tela.

Lo curioso es que este avión tiene espejo retrovisor, “no para ver los aviones que vienen atrás -bromea Roldán- sino para comunicarse”. Resulta que en la estrecha cabina el alumno se sentaba en la parte de adelante y el piloto instructor en la parte de atrás.

Con la bulla del motor encendido y  abierto adelante, más  el flujo del aire, no era posible sostener una conversación fluida. No había equipo de radio de obturación como hoy. Entonces, por el espejo retrovisor  el alumno veía  las señas que hacía su maestro, leía sus labios y de este forma se comunicaban.

La otra joya es el T-6 un avión de entrenamiento  avanzado, utilizado en la Segunda Guerra Mundial. El piloto que aprendía a volar en el PT-17 se graduaba en el AT-6. Es una aeronave más sólida, metálica, con motor más potente y de mayor velocidad y con patín de cola. Este es el único que queda de los cien que se trajeron al país. 

 En el techo del hangar cuelga una réplica exacta en madera del primer avión que voló, hecho por los hermanos Wright, en Estados Unidos. Se construyó con los planos originales  para celebrar el centenario de la aviación en el 2003. Y debajo de él está el ‘Autogiro’, la mayor curiosidad aeronáutica, sobre todo para los extranjeros: un avión que parece un helicóptero,  diseñado por el español Juan de la Cierva en 1920. 

En el museo también hay una avioneta Cesna 195, de las últimas que quedan con motor radial y está ‘Juan Salvador’:  un Piper PO23 que sirvió a la Patrulla Aérea del Pacífico como avión ambulancia.

  En suma, las joyas del museo dan para un buen paseo por la historia de la aeronáutica y, como dice Roldán, “cuando uno tiene visitantes en casa, este es un buen sitio para traerlos y ‘chicanear’”.

La maqueta del tren En el museo Fénix está la tercera maqueta férrea más grande  del mundo, a escala  1-87. “Es más bonita que las otras”, asegura Jaime Roldán, y su mérito son los detalles. Se han respetado en las curvas los radios de un tren real, las pendientes son idénticas, milímetro a milímetro, y las curvas tienen peralte.  Los edificios,  paisajes y entornos son réplicas exactas  de los años 50   en el noreste de los Estados Unidos, o sea,  el área comprendida entre Chicago y Nueva York que cubría el ferrocarril de Pensilvania,  en su momento el más importante del mundo: llegó a tener 114.000 vagones y 2800 locomotoras. Lo curioso es que esta maqueta se ha recreado con réplicas de edificaciones que han sido hitos en Cali, como  el hotel Alférez Real, el Banco de Bogotá de la Plaza de Cayzedo y el edificio Ulpiano Lloreda. También está el teatro Palmira.
¿Dónde está el museo? El Museo Aéreo Fénix de Transporte  está en la  zona franca de Palmaseca,  entrada # 9 del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón.Está abierto al público  de lunes a viernes, de  8:00 a.m. a 4:00 p.m. Sábados, domingos y festivos, de 9:00 a.m. a 4:00 p.m.Más informa- ción:  2705008 y 6511154.

 

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