Las historias dentro del bus que ayuda a los habitantes de calle en Cali

Las historias dentro del bus que ayuda a los habitantes de calle en Cali

Abril 29, 2018 - 08:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / editor de Crónicas y reportajes de El País
Las historias dentro del bus que ayuda a los habitantes de calle en Cali

Cali es pionera en disponer de un bus para atender a quienes decidieron vivir en el asfalto.

El País

En la calle hay dientes perfectos, dice la odontóloga Andrea Arboleda Arias. Dientes completamente blancos y sanos. Pero son una rareza. La mayoría de los habitantes de calle son consumidores de drogas. La mayoría de esos consumidores fuman bazuco.
El bazuco reseca la boca. Deja una sensación similar al guayabo en las mañanas; una lengua blanca y pastosa.

Entonces la saliva – continúa la odontóloga - forma una especie de barrera protectora, pero cuando se fuma bazuco varias veces al día ese escudo desaparece, así que los dientes permanecen expuestos a la caries y otros problemas.

Miguel Ángel Díaz se señala sus dientes superiores y cuenta que hace unos días se astilló uno comiéndose una presa de pollo apanado que alguien dejó en una calle del centro.

Lea también: Cali cuenta con el primer dispositivo móvil para atención al habitante de calle

Por eso llegó hasta aquí, una diminuta plaza llamada la Pila del Crespo, sobre la Calle Quinta (frente a Comfenalco) para ser atendido por la odontóloga Arboleda en el ‘dispositivo móvil de atención al habitante de calle’: un bus Chevrolet que casi a diario recorre las 8 comunas de la ciudad donde hay mayor presencia de quienes duermen en andenes y bajo los puentes.

Casi, porque incluso este bus, como todos los vehículos oficiales, debe cumplir con la restricción de pico y placa. Hay urgencias como el hambre o un dolor de muela que por supuesto no tienen pico y placa.

Mientras espera para ser atendido, Miguel Ángel, ojos verdes, cabello revoloteado con mechones amarillos, dice que lleva 20 años viviendo en la calle, que su padre está en el Huila, que lo sacaron de la casa por el vicio.

– El vicio es pesado, como la noche, las tinieblas. A mí me gusta más el día que las tinieblas. Una vez, en la noche, me pegaron un tiro en el estómago mientras dormía. (Miguel se levanta la camisa y muestra la cicatriz). Fue gente que pasó en un carro disparando por el centro. Yo duermo en la Octava, por la calle de las flores.

La mayoría de los problemas de salud que se intentan atender en el bus son justamente heridas de quienes permanecen en la intemperie. Hace unos días la médica Ximena Romero y el enfermero Juan David Galeano atendieron a un jovencito que tenía un pie hinchado como elefante. Alguien le propinó un machetazo durante una pelea.

Los doctores del bus hicieron lo que pudieron; desinfectaron la herida, le suministraron medicamentos para el dolor, le propusieron acompañarlo a un hospital. El muchacho se negó. Al parecer tenía antecedentes judiciales. En el hospital seguramente debía contarle lo sucedido a un policía, así que salió del bus con rumbo desconocido. Los doctores se preguntan qué habrá sido de él.

Las historias dentro del bus que ayuda a los habitantes de calle en Cali

Al día el bus hace dos recorridos. En cada uno atiende entre 40 y 60 habitantes de calle en barrios como El Piloto, San Pascual, La Isla, entre otros.

Raúl Palacios - El País

Fabián Guevara dice que los habitantes de calle suelen ser reacios a dar sus nombres, así como la cédula. Fabián es el ‘sistematizador’ en el bus, el encargado de registrar a cada persona que se atiende. Como lleva tiempo en ello, conoce los números con los que inician las cédulas, sabe cuando intentan engañarlo. En ese caso se pone muy serio y solicita el número verdadero, de lo contrario el habitante de calle no puede ser atendido. Desde octubre de 2017, cuando empezó a rodar, casi 3000 personas han recibido atención en el Chevrolet.

Ofrece varios servicios. Hay una ducha que se instala a las afueras del vehículo. También se ofrecen servicios médicos, de odontología, psicología. Los que tengan la ropa sucia o maltrecha reciben una muda que donan los ciudadanos, incluyendo zapatos. Y es posible alimentarse.

El desayuno de esta mañana son huevos con jamón, arroz, pan, café.
Cali, menciona la trabajadora social del bus, Luisa Fernanda Holguín, es la única ciudad de Colombia que cuenta con un vehículo para atender a los habitantes de calle. El secretario de Bienestar Social, Esaúd Urrutia, vio uno similar en São Paulo, Brasil, y decidió replicar la idea.

El bus en todo caso no da abasto para atender a tantos cuyo hogar es el asfalto o un agujero en un puente. Durante el día hace dos recorridos. Esta mañana salió a las 6:30 a.m. de una casa ubicada en San Bosco, donde se encuentra la oficina del equipo psicosocial de la Fundación Samaritanos y de la Secretaría de Bienestar Social, quienes operan el vehículo.

Después de aprovisionarse de combustible, a las 7:10 a.m. ya estaba en la Pila de Crespo. En la tarde el bus se dirigirá al barrio El Piloto y durante las dos jornadas atenderá a unas 120 personas. En Cali sin embargo se sospecha que la cifra total de habitantes de calle llega a 6300.

– Es un fenómeno en aumento– dice con acento caribeño Liney Betín Restrepo, la coordinadora del bus – y las razones para que los habitantes de calle sean más son múltiples.

En Cali cada vez hay mayor consumo de drogas, advierte el padre José González, director de la Fundación Samaritanos. La droga se ofrece abiertamente a la salida de los colegios, en los parques, en las discotecas y cuando alguien se convierte en adicto en lo único que piensa es en garantizar el siguiente cacho o papeleta, y el siguiente. Así hasta perderlo todo, incluso la noción de que andar en la calle sin zapatos es doloroso. Entre unos zapatos y unos gramos de droga escogen la droga.

Generalmente cuando la familia se percata del problema ya es tarde.
Las intervenciones en el centro de la ciudad con el proyecto de renovación urbana Ciudad Paraíso, y las acciones de la policía en zonas de alto consumo de drogas como San Judas, también han generado que los habitantes de calle se muevan a otros sectores, dice el padre, y eso explica por qué hay una percepción generalizada entre los caleños de que cada vez hay más indigentes.

Eso y el aumento de personas que vienen desde diferentes zonas del país víctimas de la violencia o desde Venezuela, quienes, con carteles en mano explicando su situación, permanecen en los semáforos buscando el dinero para continuar su viaje al sur.

Aunque el ‘amor’ también tiene que ver en eso de que muchos decidan dormir en el asfalto. Fabio Nelson Quiceno acaba de arribar al bus. Afuera, en una de las mesas de plástico que funcionan como sala de espera, desayuna. Concentrado en su plato desechable, dice que si está en la calle es por una decepción amorosa.

– Yo estaba en Bogotá, trabajando en construcción. Y cuando llegué vi a mi esposa con otro. Llevaba 13 años con ella, teníamos hijos. Entonces me tiré al abandono. Lo que iba a hacer en la vida ya lo hice y no funcionó.

Los ojos de Fabio Nelson lucen rojos, por las lágrimas y cierta rabia que se percibe en su voz. La psicóloga del bus, Angie Rodríguez, asegura que muchos se quedadon en la calle porque no han sabido manejar un problema. Como una separación, un fracaso económico. Personas que un día dejaron de luchar. A otros, simplemente, les gusta ese estilo de vida.

No pagan arriendo o cuotas de bancos, no pagan servicios, no le rinden cuentas a nadie. La calle es libertad, dijo Fabio Nelson cuando terminó de comer, tomó su costal, y caminó hacia la Carrera Diez, sin Dios y sin ley.

Desde su despacho en el CAM, el secretario de Bienestar Social Esaúd Urrutia dice que Cali – que invierte $6000 millones al año para atender la problemática - ya cuenta con un sistema de atención al habitante de calle que más allá de asegurarles la alimentación o una ducha, intenta darles una segunda oportunidad.

El pan y la ducha es una necesidad que hay que suplir por supuesto, pero en el fondo, aunque parezca asistencialismo, es un camino para ganarse la confianza de los habitantes de calle. La resocialización empieza cuando el habitante de calle acepta hablar con un especialista, dice Esaúd. El bus hace parte de esa estrategia. Es el primer escalón para ofrecerles el resto del sistema: dos dormitorios sociales, donde pueden pasar la noche si lo desean. Uno está ubicado en el barrio San Bosco, otro en Santa Elena.

Un servicio de atención básica además, que en el centro lo conocen como la ‘casa de duchas’. Allí pueden ir los que no les interesa dormir bajo techo pero sí bañarse, lavar su ropa.

Y por último está el Hogar de Acogida, donde los habitantes de calle permanecen mientras se desarrolla el proceso de resocialización. Cursan talleres, diseñan un proyecto de vida e ingresan a la etapa final: el emprendimiento productivo o laboral. Empezar a hacer algo distinto a ganarse la vida agitando un trapo rojo, robando, campaneando.

Como el jovencito de 17 que en este momento llora mientras conversa con la psicóloga del bus. Dice que nació en Medellín, que sus padres lo enviaron a Cali a vivir con su abuela, que su abuela murió y a sus papás no les importó su suerte, que no le interesa verlos, que gente así no puede llamarse padres, que solo quisiera hablar con su hermana menor, saber cómo está.

Después señala un hueco en una pared y dice que esa es su ‘casa’ y enseguida confiesa que para ganarse la vida campanea. ‘Mario abajo’, ‘Mario arriba’, ‘Mario’ por tal parte, grita cuando la policía visita los sectores de los traficantes de drogas. Por turno de 4 horas recibe $5.000. Ha estado despierto toda la noche.

Propiamente en el bus no puede recibir atención por ser menor de edad, pero la psicóloga Angie Rodríguez le dedica todo su tiempo. Ella se propuso arrebatarle, así sea una sola persona, a las calles. Algunos lo logran.

Este miércoles, 19 habitantes de calle se graduaron en la Fundación Samaritanos. Unos de primaria, otros de bachillerato. Llevaban togas y birretes. Leonardo Paz, el encargado del discurso de los graduandos, dijo que quiere ser psicólogo para intentar, como la especialista del bus, rescatar a las personas de los andenes. En primera fila estaba su padre, un zapatero que dejó de ir a trabajar a una fabrica porque por nada del mundo se iba a perder ese momento.

Política pública

Esaúd Urrutia Noel, secretario de Bienestar Social, explicó que Cali ha triplicado los recursos para atender al habitante de calle.

“En 2012 la inversión era de $300 millones. En 2015, durante la alcaldía de Rodrigo Guerrero, esa inversión se elevó a unos $1500 millones. Esta nueva Administración triplicó la inversión a casi $.6.000 millones. Y pasamos de tener 3 personas ateniendo a los habitantes de calle, a 60, entre psicólogos, médicos, odontólogos, gestores pares, es decir exhabitantes de calle que ahora trabajan con nosotros”.

El Secretario de Bienestar Social agregó además que se creó una Mesa de Habitante de Calle, y este año deberá quedar diseñada la política pública de atención al Habitante de Calle.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad