Las babillas son un riesgo, pero los caleños las pueden hacer aún más peligrosas

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Las babillas son un riesgo, pero los caleños las pueden hacer aún más peligrosas

Las babillas no representan mayor riesgo, dicen los expertos, salvo que los seres humanos actúen con imprudencia e irresponsabilidad. Por ahora, el Dagma, autoridad ambiental de Cali, ha decidido que permanezcan en el Lago de Ciudad Jardín, donde dicen que las echaron hace unos años.

Expertos coinciden en que el ser humano debe respetar al animal y no al contrario. Dagma recomienda no acercarse a los animales.

Ante las decisiones –e indecisiones– de qué hacer con las babillas del Lago de los Cisnes de Ciudad Jardín, persiste  la pregunta: ¿significan un riesgo que estas habiten en ese humedal ubicado en un predio urbano con gran afluencia de público?

Biólogos como Gustavo Trujillo, director del Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre de la CVC, sostienen que no se trata de decir si la babilla es peligrosa o no, sino de que la gente comprenda la naturaleza del animal y el contexto en el que se da la situación. 

Como  carnívoros, pueden sumar entre 15 y hasta  20 piezas dentales en cada fauce, según la subespecie, que son cuatro en Colombia. Lo más interesante es que todos sus dientes y colmillos, que pueden medir entre 2 y 3 cms de largo  cada uno, son reemplazados cada que los pierde. Es decir, este reptil nunca está desdentado, explica Trujillo, quien es  experto en babillas. Dependiendo de su edad, se alimenta primero de pequeños invertebrados, pero cuando están más grandes comen otros anfibios, lagartos, aves y lo que encuentre en su medio natural.

Trujillo aclara que la babilla en sí no es peligrosa, que incluso es tímida y poco agresiva, pero que no se debe interactuar con ella como no se debe interactuar con ningún animal salvaje “porque no se sabe lo que está sintiendo”. El especialista recomienda  “mantener una distancia prudencial  mínima de 5 metros para observarla, en busca de la seguridad de los ciudadanos para evitar un accidente, entendido este como una situación que no se puede preveer”.

La babilla o caimán es una especie natural de las costas Caribe y Pacífico,  los Llanos Orientales y Amazonía. De hecho, son nativas del norte de América del Sur.Este anfibio puede vivir 15 o más años, pero si está en un zoológico puede alcanzar un promedio de vida superior y una longitud máxima de 2,5 metros.

El experto de la CVC  insiste en que hay que entender que la babilla jamás va a perseguir al ser humano  ni se le va a lanzar a despedazarlo, al contrario, huye. Incluso, para observarla la gente se tiene que quedar quieta y callada, “pero en caso de ocurrir un accidente sí le puede ocasionar una herida que debe ser bien atendida”.

El intendente Eliécer Zorrilla, jefe de la Policía Ambiental de la Metropolitana de Cali, coincide en que “las babillas son mansas, pero pueden ser peligrosas cuando se asustan o se  sienten atacadas”. Por ejemplo, si empiezan a tirarles piedritas, a azuzarlas con un palo para atraerlas o a intentar tocarles la cola o darles de comer con la mano. 

El uniformado señala que la gente cree que la babilla es un animal que ya está semidomesticado, pero en cualquier momento puede despertar su instinto y atacar o arrastrar a un ser humano al agua y ahogarlo. “Hay que tener en cuenta que cuando llevaron las babillas al Lago de los Cisnes, Ciudad Jardín era un sector casi despoblado, pero ahora es un sitio turístico, muy visitado” por personas que no son residentes en esa zona, argumenta.

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En el mismo sentido se declaró José Manuel Díaz, subdirector de Gestión Integral de Ecosistemas del Dagma, al aseverar que “los animales en sí no representan un peligro, pero lo que sí representa un riesgo es el comportamiento que están teniendo las personas frente a ellos”.

El funcionario de la autoridad ambiental de Cali denunció que “hemos tenido reportes de personas que se acercan a menos de 20 cms. del animal, tocándolos, alimentándolos, haciéndose selfies, y estos individuos  son un rezago de los dinosaurios, por lo tanto, tienen un instinto depredador. En cualquier momento una persona puede tener un movimiento que la babilla lo tome como una agresión física y puede reaccionar”.

Al tiempo, Trujillo indica que no se trata de generar un pánico colectivo con relación a las babillas, que la comunidad  confunde con los cocodrilos, que sí alcanzan 4 y 5 metros de largo, mientras que la especie que hay en el Lago de los Cisnes no supera los 2 o 2,5 metros. Medida  que solo alcanzan después de 15 o 20 años. “El cocodrilo no ve al humano como un potencial depredador, sino como parte de su dieta. Por esta razón se considera que el cocodrilo sí es un peligro, adicional a su carácter más agresivo, mientras que la babilla es más calmada, en tanto no la ataquen, obviamente”, sostuvo.

Con relación al dilema de si las babillas deben permanecer o no en el lago de Ciudad Jardín, el ambientalista y líder del Comité de Bienestar Animal de la Alcaldía de Cali, Andrés Vélez, argumentó que el problema es que siempre se piensa en el bienestar del ser humano y no en el del animal.

Vélez citó que hay cinco libertades que se le deben respetar a los animales, incluidos los silvestres: no sentir hambre ni sed; poder expresarse en su modo natural, no sentir molestia, no sentir dolor ni enfermedad y no sentir miedo, que están contempladas en el Acuerdo 330 de la política pública de Bienestar Animal del Municipio.

“En este caso, si van a encerrar las babillas en el lago les están inhibiendo su modo de expresión natural; estos reptiles necesitan salir a tomar el sol y abren sus fauces para calentar su sangre para sobrevivir, porque ellos son de sangre fría, no son como los humanos que tenemos la sangre caliente; es un proceso natural de ellos”, dijo refiriéndose a quienes se mostraron alarmados al ver a estos reptiles exhibir sus hileras de dientes a la luz del día. 

No obstante,  Trujillo enfatiza en que la ciudadanía comprenda que “ir con los niños a tomarse fotos  y a alimentar una babilla no es una actividad cotidiana ni  turística, sino una imprudencia”.   Y advierte que “de ocurrir un accidente, no es responsabilidad de ninguna alcaldía ni secretaría ni entidad, es  un acto de  irresponsabilidad del adulto que se quiso poner en un riesgo  y que no debió exponerse, mucho menos si es con menores de edad”.

El funcionario del Dagma reiteró el mensaje a la ciudadanía “de no acercarse a estos animales, que aunque parezcan completamente pacíficos, en cualquier momento pueden tener una reacción violenta y es lo que no queremos que suceda”.

Agregó que la entidad tiene avisos de advertencia en el ecoparque para que las personas se mantengan atentas, alertas y a una distancia prudente, pero los visitantes no están teniendo en cuenta esta restricción, se están acercando demasiado al animal y “queremos desde ya llamar la atención a guardar la distancia”.

En ese sentido, Trujillo comentó que los animales silvestres son solo para contemplarlos porque hacen parte del ecosistema, pero “exponerse ante ellos es solo para esos ‘showman’ que se ven en televisión, con la ventaja de que en la TV. se edita lo que pueda ocurrir tras bambalinas, pero en la vida real no se puede hacer igual”.

[[nid:609677;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2017/01/babilla_humanos.jpg;left;{El ser humano debe hacer observación contemplativa de las babillas, no interac- tuar con ellas, ya que al ser animales salvajes, no se puede predecir su reacción.Jorge Orozco l El País}]]

Trujillo reiteró que la gente debe entender que cuando el ser humano apareció en el planeta Tierra, los animales ya estaban allí  muchísimos años antes. 

“Somos los humanos los que hemos ido desplazándolos, estamos entrando en sus territorios por aquello del desarrollo y nuestras actividades, pero lo único que debemos hacer es tratar de convivir con ellos de la mejor manera posible”, señala.

Trujillo y el intendente Zorilla coinciden en una conclusión que quisieran que la comunidad comprendiera: “los animales silvestres no son mascotas, los únicos animales de compañía son el gato y el perro, los demás  son solo especies para contemplar, no para interactuar”.

Como epílogo, el biólogo de la CVC  reflexiona: “Si a uno lo puede moder un perro, especie que lleva 14.000 años de domesticación, ¿qué puede pasar con un animal silvestre?”.

Se quedan 

El Grupo de Flora y Fauna y el grupo de ecosistemas del Dagma realizó una visita técnica el pasado 11 de enero al humedal de Los Cisnes, de Ciudad Jardín, más conocido como el Lago de la Babilla desde hace unos años.

El grupo  planteó  realizar un cerramiento vegetal para mantenerlas en el lago o  hacer un traslado con CodeChocó o Corpoamazonía, proceso que podría tardar varios meses.

Ese día, el director del Dagma, Luis Alfonso Rodríguez Devia, anunció que serían trasladadas del lago, pero en menos de 24 horas reversó la decisión y dijo que harían el cerramiento.

 

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