La vida del padre Alfonso Hurtado Galvis, según su prima y su mejor amigo

La vida del padre Alfonso Hurtado Galvis, según su prima y su mejor amigo

Mayo 14, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La vida del padre Alfonso Hurtado Galvis, según su prima y su mejor amigo

Cuentan que a sus estudiantes con mejor posición económica, el padre Alfonso Hurtado Galvis les imponía penitencia para apoyar campañas, como la compra de una máquina de coser para una viuda pobre.

Lucero Arango Galvis y Jaime Jordán recuerdan la vida del querido sacerdote de los caleños, quien murió a los 89 años.

Alguna vez el padre Hurtado Galvis dijo que ante la inminencia de la muerte quisiera poder decir como Amado Nervo: ‘Vida, nada me debes, vida, estamos en paz’. Su familiar más cercana, la prima Lucero Arango Galvis, y su mejor amigo, Jaime Jordán, dicen que seguramente así ocurrió, pues la del ‘Santo varón’ fue una existencia plena, repleta de historia, a la que solo pudo bajarle “las revoluciones” el peso de sus 89 años. Con él, sin duda, se va parte de la memoria de Cali, esa ciudad que hoy lo recuerda por su programa de radio, el pesebre en vivo del Acueducto, los rescates en la tragedia del 7 de agosto de 1956, sus frases polémicas y muchas otras razones que lo hicieron parte de la definición de “lo caleño”.El adiós del amigo: Jaime Jordán“Yo le decía: Santo varón, quiero que oficie mis honras fúnebres, porque aspiraba morirme antes que él. Y cada que se lo decía soltaba esa risa socarrona, maliciosa, y me decía ¡cómo se le ocurre, si yo me voy a ir antes!Durante los últimos 30 años fuimos muy unidos, conversábamos constantemente. Últimamente nos veíamos en La 14 de la Avenida Sexta, desde las 4 de la tarde hasta casi las 7 de la noche, nos ponían unos asientos y ahí charlábamos. En realidad no era un diálogo sino un monólogo, porque siempre tomaba la palabra, con esa lucidez que conservó hasta su muerte. Su tema preferido era la historia de la Iglesia Católica, se la sabía toda. Se había declarado un gran admirador del Papa Francisco, decía que confiaba en que le iba a dar un giro total a la Iglesia Católica. Se estaba leyendo un libro escrito por el padre Germán Robledo que se llama ‘Iglesia Católica: una crisis que no se debe ocultar’, que se lanzó en abril. Entonces, decía que si Dios lo ayudaba, Francisco volvería a encaminar la Iglesia por las antiguas enseñanzas de Cristo.Vivía en la casa sacerdotal de la Arquidiócesis, detrás de la Iglesia Santa Filomena, en Versalles, en una pieza muy humilde. Tenía su camita, una pequeña nevera, una maleta donde guardaba su ropa y un reverbero donde cocinaba. Hasta el año pasado tenía un televisor en blanco y negro. No tenía DVD ni ningún aparato para ver películas, aunque le encantaba. Yo le obsequié un televisor a color, se puso muy contento. ¡Imagínese! La televisión a color existe hace 30 años y él la tuvo apenas el año pasado.Es que era una persona muy humilde. Antes, él vivía con su familia en una casa que quedaba entre los barrios Granada y Juanambú, era propia. A su hermana Alba le dio un cáncer que le duró mucho y eso le costó millones, tenía una deuda altísima con la Clínica de los Remedios. Entonces, un grupo de amigos hicimos una colecta, nos reunimos como 20 personas, entre ellos un señor adinerado, ya ni me acuerdo cuánto era, pero apenas le dijimos que teníamos la plata dijo que él no podía recibirla y que prefería vender la casa.Fue muy simpático, alegre, le gustaba escuchar a la gente. En el año 46, cuando ejerció el derecho, tuvo una novia, también abogada, se llamaba Esperanza Morales. Por ella él comenzó su carrera sacerdotal porque la relación no funcionó. Pero siempre guardaba en su maletín la foto suya, a veces la cargaba en el bolsillo del saco y siempre se la mostraba a uno. Decía que la quiso mucho, que era muy bonita, que se entendían bien y que en su momento tenía esperanzas de hacer su vida con ella.Eso del ‘Santo varón’ surgió cuando tenía su programa en Todelar, en una de esas transmisiones de la Semana Santa que él hacía. Uno de esos días llegó la esposa del dueño de la emisora y como lo vio trabajando tan duro ella le dijo ‘usted es un santo varón’. Él se sentaba en esa cabina con gente de religiones distintas y discutían sobre teología, de forma respetuosa. Iban rabinos, pastores cristianos a discutir civilizadamente.También salía en el móvil, una camioneta grandota, a predicar el cristianismo. Es que el era un profundo admirador de Jesucristo. En mi apartamento vivo solo y alguna vez me pidió prestado un cuarto para hacer penitencia, quería estar solo. Entró con unos panes, con botellones de agua y una grabadora y estuvo encerrado orando y meditando tres días seguidos a pan y agua. Yo le cerré la puerta y solo se oía la música religiosa de la grabadora.También fue un hombre multifacético. En 1972 toreó en la plaza de toros de Cali, con Pacheco, Pepe Cáceres y Pardo Llada, lo hizo en dos festivales en favor del Cottolengo y la verdad, no lo hacía mal. Por medio de ‘La voz del prójimo’ (su programa de radio) les conseguía empleo a las personas cesantes. Iba mucho a las cárceles de hombres y mujeres. En los últimos años acompañó mucho a las internas del Buen Pastor, a donde lo llevé a conocer a la directora, y se convirtió prácticamente en el director espiritual de esas mujeres, no solo para confesarlas sino para ayudarlas en ese dure trance de la reclusión.Lo marcó mucho el 7 de agosto, cuando hubo la explosión se fue de inmediato a ayudar a la gente. Me contó que le tocó hasta atender el parto de mujeres moribundas. Siempre le causó impresión, fue dramático, por eso salió en la revista Life. Pero también le tocó la dictadura del general Rojas Pinilla y participó en todas las manifestaciones de mayo del 57. En esa época, en el Valle el gobernador era el General Jaime Polanía Puyo, y en la víspera de la caída de Rojas Pinilla él se le metió al despacho a reclamarle porque le estaban disparando a la gente que estaba en las protestas en la plazoleta de la Gobernación, era muy joven, tenía 33 años, y el Gobernador lo mandó preso en el DAS. Solo duró un día preso, era rebelde”.No quería un monumento: Lucero Arango Galvis“Se puso muy malo después de comerse un salmón, pero nunca perdió la lucidez ni la agudeza de su memoria. Era increíble. Yo le decía ‘a ti te tienen que hacer un monumento en Cali’ y contestaba que él no iba a hacer el ridículo, que dejara de decir bobadas, que eso era para la gente importante. Pero yo le argumentaba que él si era importante porque ayudó a mucha gente, tanto que pidiendo ayuda para los demás se volvía insoportable y uno tenía que colaborarle porque sino lo enloquecía...Le encantaba conversar y tenía miles de anécdotas, como cuando fue profesor de Gabriel García Márquez o cuando estuvo en el seminario con el cura Camilo Torres, imagínese esas charlas. Así era en las reuniones familiares en Buga, donde había tiples y guitarras, porque nuestra familia siempre fue muy musical. El creía que cantaba lindo, pero no. Estaba viviendo en Santa Filomena, donde hay como un hostal para padres mayores, allí los asisten. Antes vivió en una casa que tenía en Granada. Resulta que un día, hace tantos años que ni me acuerdo, me doy cuenta de que la están tumbando y lo llamo alarmada. Me contestó que era que nunca había pagado los impuestos y que el Municipio se la había quitado. Allí vivió con Alba hasta que ella murió, era la hermana que lo cuidaba y lo ‘chocholiaba’, porque eso sí, a él le encantaba vestirse muy bien y mantener bien puesto, por ponerle un ejemplo, jamás lo vi de camisa ‘sport’ y nunca se quitaba el clériman. La ausencia de su hermana le dio durísimo, fue el gran golpe que le dio la vida. Sus últimos años fueron menos eufóricos, más cansados y silenciosos, al final estaba entregado. La parte económica era muy complicada, porque era precaria realmente...”.

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