La rumba se puso violenta

La rumba se puso violenta

Julio 04, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Unidad de Crónicas y Reportajes
La rumba se puso violenta

Muchas discotecas de Cali han terminado convertidas en un ring de pelea. Allí, donde la gente va a divertirse, también bailan puños y botellazos. Las autoridades no llevan registros. Menores, las principales víctimas.

Pensaba sólo en la rodilla derecha. En cómo diablos librarla de esa lluvia de puños y patadas que caía sobre él y que tardó 20 segundos eternos, desesperantes, bárbaros. Fue entonces cuando cayó sobre una de las mesas de la discoteca, perseguido por puntapiés que iban directo a su cara como misiles. Los impactos pegaron directo en el ojo derecho, que se tornó del color de la remolacha. También esos puntapiés pegaron una y otra vez en el hueso malar (el que está en la mejilla) y el hueso maxilar superior, que hace parte del cráneo. Los misiles fracturaron esos huesos. De la nariz salió sangre. De la boca también. La rodilla, por fortuna, salió ilesa de la paliza. Tal vez si los cinco atacantes se hubieran enterado de que aquella rodilla estaba operada del ligamento cruzado anterior, también habrían apuntado su ira embriagada a la articulación de ese muchacho de 1,81 centímetros de estatura, ojos verdes, cabello amarillo, próximo estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y que en esa madrugada iba vestido con una camiseta roja. Quién sabe. Juan Pablo Cobo Rebolledo, 20 años, la víctima, juega fútbol aficionado. Es volante cinco, de esos de ida y vuelta. Pero desde el 26 de marzo no puede pegarle al balón, por la operación. Por eso cuando recibió el primer puño al pasar la puerta de la discoteca Bamboleiro, ubicada en el Hotel Torre de Cali, se preocupó más por proteger su rodilla y no su cara. Un golpe a la rodilla echaba al traste la recuperación. En meses, tal vez en años, no volvería a pisar una cancha. Y él ama al fútbol. Y al Deportivo Cali. La lluvia de puños, recuerda aún adolorido y sentado en el balcón de su apartamento en el norte de la ciudad, comenzó a las 2:30 a.m. del pasado jueves 24 de junio. Él, junto a su grupo de amigos, había salido de la discoteca, listos para partir a casa. Pero Juan Pablo notó que una de sus amigas se había quedado. Regresó a buscarla. Cuando pasó la puerta de Bamboleiro, narra, recibió el primer puño directo a la cara. - ¿Y por qué se inició la pelea?El hijo de Ricardo Cobo, ex alcalde de la ciudad, no sabe en realidad cuál fue el motivo que detonó la paliza. El golpe, dice, lo recibió en el pómulo derecho sin ni siquiera cruzar palabras con los pegadores, todos estudiantes universitarios y de importantes colegios de Cali. Lo que sí sabe es que en la discoteca estaba JD, un chico con el que tuvo un alegato hace meses por asuntos de mujeres, de una novia pretendida por ambos. “Fue una discusión verbal y un empujón. Nada más. Y eso se quedó así”. En la discoteca, mientras bailaban, hubo un par de miradas serias con JD. Pero no hubo bronca. La bronca fue a la madrugada. JD y sus amigos, asegura Juan Pablo, fueron los que le pegaron. Lo respaldan testigos. Ya hay tres demandados, incluido JD. (Para no interferir en las investigaciones, El País reserva la identidad de los agresores). - ¿Y qué pasó después?“Me llevaron al Centro Médico Imbanaco”. Allá, el doctor Mauricio Moreno Ortiz le entregó este diagnóstico: “equimosis en párpado inferior que ocluye el ojo, movimientos extraoculares normales, dolor sobre seno de maxilar derecho, hematoma en boca derecha, fractura de otros huesos del cráneo y de la cara, fractura del malar y del hueso maxilar superior”. Juan Pablo Cobo Rebolledo fue incapacitado durante 25 días. Hace 3 días lo operaron. - ¿Y qué hicieron los guardas de seguridad de la discoteca?“Se demoraron en actuar”, asegura. Debe ser cierto. Si hubieran intervenido a tiempo los seis guardas con los que cuenta Bamboleiro, tal vez entra en la cara del muchacho un puño, tal vez dos, quizá tres. Pero no la cantidad necesaria para romper varios huesos, agrietar un párpado y dejar un ojo tan amoratado como el de Rocky IV, cuando peleó con Ivan Drago. IIEl de Juan Pablo Cobo apenas es uno entre decenas y decenas de casos de riñas y palizas que ocurren en las discotecas de Cali sin que nadie los contabilice. Quien escribe esta historia, por ejemplo, hace dos años tuvo empapada su camisa de sangre por una botella de aguardiente que le atestaron en la cabeza. Fue en un sitio de rancheras y vallenatos, en Plaza Norte. También vio a uno de sus mejores amigos recuperándose de una golpiza que le propinaron en las afueras de los estancos del Parque del Perro. No fue un duelo igual, de uno contra uno. No. Como en el caso de Juan Pablo, lo atacaron en gavilla cinco envalentonados por la superioridad numérica. Le desfiguraron el rostro. En el Bar O, en el norte, supo el ex alcalde Ricardo Cobo, se desató en diciembre pasado una batalla campal. Hubo armados con botellas y cuchillos, dice. “Y policías que salieron heridos, fue horrible”. Esos casos no fueron denunciados. Como tampoco el del hijo de J, un médico de Imbanaco quien aseguró que hace cuatro años, también en Bamboleiro, a su hijo lo arrojaron de un segundo piso. En el suelo le patearon la cabeza. Tuvo un trauma renal y una fractura de codo. Durante varios días orinó sangre. “Yo quise denunciar el hecho, pero mi hijo no me dejó, por eso que tienen los jóvenes de hoy de no contar las cosas. Pero debí poner una demanda por lesiones personales e incluso por intento de homicidio. Mi hijo pudo haber quedado parapléjico. Fue una falla no denunciar. Si los padres nos damos a la tarea de denunciar, se pueden evitar estas peleas. Conozco de adolescentes apuñalados en discotecas. Las riñas en estos sitios son una calamidad para Cali”, dijo J.Sí, no se denuncia. Por miedo. O por que lo primero que se piensa después de una riña es en un médico que sane las heridas y no en jueces o abogados. Y además el ciudadano desconoce, desconocemos, la importancia de visibilizar que esta ciudad de meros machos es intolerante y que aquí la hombría se demuestra a los golpes. Basta una mirada a la novia. O un pisotón. O un empujón para desatar la riña. ¿Rezagos de esa cultura narco que en su dimensión más primitiva y bárbara, ha azotado desde hace tanto a esta ciudad? Por esa falta de denuncias es que del tema, no se conocen cifras. La Policía apenas tiene en sus registros de este año 9 casos de riñas en bares, discotecas, cantinas. Pero esa cifra si acaso refleja las peleas que ocurren en una sola noche de rumba.“Por eso, con el caso de Juan Pablo, hay que sentar un precedente”, dice Ricardo Cobo, su padre, mientras camina de un lado para otro en la sala del apartamento. En sus manos aprieta las demandas que interpuso. IIIEs por el licor. El detonante de las riñas en las discotecas es el consumo excesivo de trago. Borrachos, los jóvenes pueden ser delincuentes en potencia. Hay un documento que lo sugiere: el ‘Estudio de Consumo de Sustancias Psicoactivas en adolescentes en conflicto con la ley’, presentado por el Ministerio del Interior y de Justicia, que consultó a 1.700 jóvenes de todo el país que cometieron algún tipo de delito. El 49% de esos jóvenes aceptaron haber cometido la fechoría bajo los efectos de las drogas. El 27% confesó haber realizado la infracción a la ley bajo los efectos del alcohol. Este diario publicó, además, una historia en la que se afirmaba que en la 52 Feria de Cali, la del 2009, hubo 410 riñas. “Un 90% de los casos han sido por exceso de alcohol”, decía la nota.Y según un reciente estudio de la Corporación Nuevos Rumbos, en el país los jóvenes comienzan el consumo de licor desde los 10 años en las fiestas familiares y motivados por los padres. Desde ahí empieza el desmadre. “La influencia del alcohol en las peleas que se están presentado es muy alta. Sucede que el alcohol es un desinhibidor, quien lo ingiere en exceso pierde el control de la voluntad, de las emociones, se torna impulsiva y supervalora las situaciones. Entonces una mirada, una sonrisa, un roce, se convierte en conflicto. El alcohol altera el comportamiento cerebral, independientemente de la situación socioeconómica”, dice Clara Inés Londoño, directora de la Corporación Caminos, entidad que trabaja en el tema de las adicciones a las drogas y al alcohol. Y ese efecto el alcohol lo produce en muchachos de todos los estratos, incluidos los educados en los mejores colegios de Cali. “Pero sin lugar a dudas el ejemplo de los papás es importante. La culpa de las peleas de los muchachos no la tienen las discotecas. El asunto viene de la casa”, asegura en el teléfono Luis Fernando Gómez, propietario de Bamboleiro. Él aceptó hablar con este diario sobre el caso de Juan Pablo Cobo, aunque pidió no ser grabado. Gómez aseguró que la pelea sucedió afuera de la discoteca, sin embargo hay testigos que afirman lo contrario. Y que en cuanto a seguridad, el sitio dispone de seis guardas para proteger a sus clientes. “Además vetamos a quienes generen problemas”. Lo que no queda claro es el asunto del porqué Bamboleiro no cumple con la Ley Zanahoria. “Lo que pasa es que la discoteca funciona dentro de un complejo turístico y eso me permite tener el sitio abierto hasta las 4:30 a.m”, insiste Gómez por el teléfono. Es el mismo concepto de la secretaria de Gobierno de la Alcaldía, Eliana Salamanca, quien aseguró que en el 2005, el secretario de gobierno de la época conceptuó que Bamboleiro, por estar dentro de un hotel, prestaba un servicio en materia turística y por ello debía recibir un tratamiento distinto.Pero ni en Planeación Municipal, donde Bamboleiro está registrado como Club Social y Recreativo, ni en la Asociación de Establecimientos Nocturnos, Asonod, tienen idea de en dónde dice la ley que una discoteca de un hotel, en la que puede entrar cualquier ciudadano, no debe aplicar la Ley Zanahoria. “Es un tratamiento injusto frente a los otros establecimientos que nos hemos acogido a la norma”. Es la voz de Alejandro Vásquez, presidente de Asonod. IVCon la paliza sufrida por Juan Pablo Cobo, padres de familia caleños piden que se les exija a las discotecas cámaras de seguridad para identificar y judicializar a los protagonistas de las grescas. También exigen medidas drásticas como el cierre de los establecimientos en donde se presenten los combates. Y mientras en la ciudad y en los medios se discuten esos temas, Juan Pablo Cobo tiene afán. Anuncia que debe partir para Imbanaco a un nuevo chequeo médico. Responde la última pregunta. - ¿Usted por qué cree que la rumba en Cali se ha convertido en un gran ring de boxeo callejero?“No sé. Pero sí le puedo decir que es tan normal, que cada que uno habla con un amigo sobre cómo le fue en una discoteca, siempre hacemos la misma pregunta: ¿y hubo pelea?”.

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