La pólvora, el negocio ilegal que gana espacio en Cali

Diciembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz, reportera de El País

La mercancía llega de La Cumbre, Juanchito, Popayán y Pasto. Su comercialización y uso ya deja 34 víctimas en el Valle del Cauca.

En la esquina de la Calle 13 con Carrera 9 abundan los pesebres grandes y en miniatura, los gorros de Navidad y los juguetes baratos. En medio de ese desorden está la mesa de Mauricio: Tiene menos de 60 centímetros de largo por 40 centímetros de ancho. Sobre ésta hay cinco volcanes, cuatro voladores, ocho paquetes de chispitas y unos cuantos ‘totes’.El negocio parece insignificante. Lo que pocos saben es que los productos no son para la venta sino que hacen parte de una exhibición. Tras una pregunta en voz baja el negro corpulento consigue petacas, ‘culebras’ y “todo lo que quiera” al por mayor. Hay quienes señalan que en el centro comercial de esa esquina está la bodega. Leonela Mazuera, coordinadora de operativos de la Secretaría de Gobierno Municipal, enfatiza que hasta el momento no han encontrado gente con ese material. Indica que a la dependencia ha llegado información de que hay un hombre “haciendo de las suyas”, pero no han podido dar con su paradero.“Si nosotros lo encontramos le retenemos todo”, sentencia.Sin embargo, El País sólo necesitó recorrer el Centro una mañana para comprobar que en Cali se comercializa pólvora ante los ojos de todo el mundo, a pesar de su prohibición.El mercado fraudulento en la ciudad queda al descubierto con los 16 quemados caleños, de los 34 que están reportados en el Hospital Universitario del Valle. También cuando en barrios como La Flora y Colseguros y en el Distrito de Aguablanca sus habitantes se despiertan con el estruendo de artefactos hechos con pólvora.Jorge Quiñónez, director de toxicología de la Secretaría de Salud local, denuncia que “la Policía pasa por donde está la pólvora y prefiere mirar para otro lado”.El médico es incisivo y agrega que en la ciudad hay por lo menos 50 depósitos de ese material.De dónde viene y para dónde vaCompartiendo una canasta con frutas, envuelta en papel, escondida en cajas y a veces sólo cargada en maletines, viaja la pólvora que llega a la capital del Valle del Cauca. Generalmente proviene de Popayán, Caloto, incluso de Ecuador. Pero según coinciden varias fuentes consultadas por El País, los principales proveedores siguen estando en La Cumbre. “Allá hay barrios enteros dedicados a ese negocio”, cuenta un policía.Igual sucede en Terrón Colorado, donde familias están dedicadas al negocio ilegal de la elaboración de pólvora explosiva.Manuel tiene 50 años en el negocio. Vive en la zona afectada por las inundaciones en Juanchito, Candelaria, donde también se conoce la proliferación de kioskos que distribuyen el material.El hombre precisa que algunos traficantes son más osados: “Mandan la mercancía en camiones pequeños, pero alguien sale primero y en caso de encontrar un retén, entonces avisa y el carro se queda quieto. De lo contrario avanza sin ningún problema”.En la Secretaría de Gobierno de Cali insisten en señalar que no saben de dónde proviene la pólvora, que la Policía “está pendiente de eso”, pero que hasta ahora no han tenido ningún dato seguro.Aún así, el mayor Saúl Carrillo, comandante de la Policía de Carreteras en el Valle del Cauca, sentencia que los operativos han dado resultados y que el negocio no solamente se mueve en Navidad. “En lo que llevamos del año hemos incautado dos toneladas y 250 kilos de pólvora”, puntualiza.El oficial explica que el elemento lo encuentran en vehículos para encomienda y en los baúles de los buses de transporte intermunicipal. Manifiesta que a la fecha no tienen capturados porque no hay un responsable directo de dicha mercancía.En grisEn los primeros 18 días de diciembre hay quemados, mutilados y ciegos en Cali por el uso inadecuado de la pólvora . Los afectados se extienden por toda la región. Los operativos también, pero sus resultados dejan un sin sabor.“La Policía no está haciendo nada. ¿O a usted le constan los operativos de los que ellos hablan? Luego de un decomiso la quema debe ser en un lugar en el que haya presencia de las autoridades judiciales, comunidad y medios de comunicación y hasta ahora no he visto nada”, señala Jorge Quiñónez, toxicólogo de la Secretaría de Salud de Cali. El médico dice que la pólvora que está quemando a los niños de esta ciudad es hecha en otros municipios del Valle, situación que deja al descubierto que el negocio se le salió de las manos al Gobierno Departamental.Rodrigo Zamorano, secretario de Gobierno de la región, sale al paso de las acusaciones y dice que “los delincuentes también aprenden”.Sostiene que los traficantes ya no andan con carretas grandes, sino que se desplazan en motocicletas, bicicletas, promueven el negocio y se van.“Ellos ya tiraron la piedra el 7 de diciembre y ahora esconden la mano. Se quedan quietos estos días y el 24 y 31 de diciembre, vuelven y salen. Ahí es cuando les vamos a retener la mercancía”, sentencia el funcionario.¿De victimarios a víctimas?Húber es fabricante en una de las polvorerías legales que hay en el departamento. Explica que para lograr un permiso hay que tramitar documentos y cumplir una serie de requisitos ante el Ministerio de Justicia. “Hay que tener gente especializada en la manipulación, elementos de protección y nosotros somos quienes debemos explotarla”, agrega.Cuenta que la venta está restringida y que sólo se pueden ofertar volcanes de dos colores y mariposas chinas. Sin embargo, junto a la bodega hay varias casetas en las que se comercializan y fabrican petacas. “La Policía sabe dónde están y no dice nada”.Carlos, primo de Manuel, el expendedor ilegal de Juanchito, confirma la presencia de las autoridades en este lado del territorio.Relata que su mercancía se ofrece por teléfono y se entrega a domicilio, pero últimamente ha pasado tragos amargos. La semana pasada le hicieron un pedido, pero la dirección nunca cuadró. Dio varias vueltas y lo único que hizo fue quedar al descubierto.“Dos hombres en una moto se me acercaron, me dijeron que me iban a decomisar la mercancía sino pagaba un rescate. Ellos me llevaron hasta un cajero de La Luna, en Cali. Lo único que tenía eran $120.000. Ya hicimos inteligencia y descubrimos que el jefe de la banda es un policía retirado de Candelaria”, revela el polvorero.Cuando las consecuencias son irreversiblesLos daños ocasionados por el uso inadecuado de la pólvora suelen ser irreversibles. El ser humano no puede recuperar nunca un dedo, una mano, un brazo amputado por la explosión de un artefacto. Seguramente podrá tener prótesis que le ayudarán a tener una vida mejor, pero jamás será lo mismo. Y por más cirugías plásticas que se hagan, cuando hubo una quemadura, el tejido de la piel tampoco será exacto a su forma original.En el Valle del Cauca, sólo este año, ya hay 34 personas víctimas de la pólvora. De ellas, 16 son menores de edad y 25 son hombres.María Lucero Urriago, directora general del Hospital Universitario del Valle, Evaristo García, precisó que este año las lesiones —en su mayoría— son en la piel, pero hay tres casos graves: una amputación de mano, de dos falanges y una en globo ocular.“La gente debería entender que el uso de la pólvora debe ser responsable, no solamente porque puede afectar su integridad, sino porque también se congestionan las salas de urgencias y los médicos tienen que entregar grandes esfuerzos en ellos, cuando también hay otras personas enfermas”, dijo la directora del hospital.Pero los efectos colaterales de quemar una chispita, encender un volcán o estallar una petaca no se reflejan únicamente en la piel.Jhon Arley Murillo, director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, en el Valle del Cauca, manifestó que desde el año pasado se están adelantando procesos pedagógicos con los padres de los menores de edad involucrados en casos de pólvora.“El año pasado ninguno de los hechos fue lamentable, aunque sí de gravedad, por eso los padres tuvieron que asistir a unos cursos. Este año si alguno de los papás llega a ser reincidente, puede perder la patria potestad de su hijo”, sentenció Murillo.Agregó que ahora se están investigando las situaciones que llevaron a la afectación de los 16 menores en diez municipios reportados ante el Hospital Universitario del Valle. Rodrigo Zamorano, secretario de Gobierno Departamental, sostuvo que prefiere no hacer tanto hincapié en las sanciones a los padres. Que conoce de casos en los que los adultos prefirieron ocultar las lesiones de sus hijos y los niños tuvieron que ser mutilados después de sufrir gangrenas.“Invito a los caleños y vallecaucanos a que participen de las actividades que contrató la Gobernación y la Alcaldía de Cali. Si les gusta la pólvora ahí habrá fuegos pirotécnicos controlados por expertos”, agregó.Las experiencias conocidas por el departamento de Toxicología de la Secretaría de Salud de Cali también son dolorosas.Jorge Quiñónez, director de la dependencia, contó que desde hace mucho tiempo el lema de las campañas en Navidad es: ‘No hay no hay pólvora buena: te mata, te envenena, te mutila y te quema’.

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