La pareja de argentinos que decidieron viajar en jeep por el continente

La pareja de argentinos que decidieron viajar en jeep por el continente

Enero 05, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
La pareja de argentinos que decidieron viajar en jeep por el continente

Cristián e Inés pasaron por Cali. Su próximo destino es Armenia, todo el Eje Cafetero, Medellín y Santa Marta, para después dar el salto a Panamá y seguir el camino hasta Alaska.

Cristián Silva e Inés Barreto decidieron viajar en su vehículo hasta Alaska. ¿Qué se aprende cuando se vive sin certezas? Conozca su historia.

Reconocen que son malos turistas. O por lo menos, que son turistas distintos. No van a donde todo turista va cuando llega a una ciudad; el Zoológico, por ejemplo. Ellos acuden primero a los talleres de autos. Se podría decir que son expertos en el tema. Podrían hacer  la guía de los mejores talleres para carros que hay entre Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Colombia, y completarla en un par de años, cuando lleguen a su destino final: Alaska.

–En cada país  se nos ha roto algo del jeep, cuentan y se carcajean.

Cristián Silva e Inés Barreto son argentinos, son novios.  Él, carpintero; ella, maquilladora y pintora. Hace un par de años, cuando empezaron a salir, rápidamente se dieron cuenta de que tenían algo en común: querían una aventura, ir en busca de algo. Un desafío. 

Al principio imaginaron darle la vuelta al mundo. Porque si iban a dejar sus trabajos, sus amigos, su familia, la seguridad de más o menos saber lo que pasará mañana, que fuera por algo tan lejano que valiera la pena. 

Pero la vuelta al mundo quedaba fuera de sus alcances. Así que dijeron bueno, vamos a Alaska, un lugar suficientemente  lejano como para simbolizar el desafío. Alaska es también una manera de decir: vamos para  arriba.

Se fueron  a vivir juntos para escatimar gastos, primero en un apartamento – así evitaban un alquiler –  después en casa de los padres de Cristián. Enseguida desmontaron sus trabajos: él su taller de carpintería, ella su salón de maquillaje. Y por último, construyeron, encima del jeep 1970 de Cristián, una casa de madera debidamente pintada; que el medio de transporte de esta aventura los representara.

–       El miedo estaba, por supuesto, pero en este viaje hemos comprobado que todo miedo, por grande que sea, es vencido por las ganas de concretar algo. Además, una vez tomas la decisión de concretar ese algo, y vas actuando en función de ello, te vas embarrando tanto del proyecto que incluso, antes de partir, te sentís ya en medio de un viaje, en medio de una nueva vida.

Dejarlo todo puede significar, también, encontrarlo todo. En noviembre de 2015, Cristián e  Inés ya habían dejado sus trabajos. El 19 de diciembre  comenzaron el viaje. Partieron de Buenos Aires hacia el sur. Todo el mundo les decía: ‘oigan, Alaska queda para el otro lado’, pero ellos lo quisieron así; la Patagonia primero, atravesar el Atlántico hasta el Pacífico, Chile, Perú, Ecuador, ahora Colombia, donde cumplieron un año de ruedo.

Cuando llegaron a Chile, el segundo destino, no tenían ahorros. Tampoco  afán. Así que se quedaron, trabajaron, reunieron algo de  dinero, siguieron. En cada país, es el promedio, permanecen   90 días, el tiempo que dura sus visas.   

–       Nos gusta tener la libertad de, si nos gusta un lugar, y su gente,  quedarnos. Para ganar dinero hacemos una mezcla de muchas cosas. Cristián trabaja la madera, y yo, que también pinto, la intervengo. Vendemos tablas de surf. También carteles para un bar, un menú, carteles para un restaurante, cucharas de madera. La idea es trabajar, pero obviamente en lo que nos gusta. Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para ganar dinero, pero haciendo lo que amamos, dice Inés, que también, en los pueblos, organiza talleres de maquillaje. ¿Cómo es  maquillarse en un carro en movimiento, a propósito?

Para compensarle al mundo las emisiones de carbono del jeep, en cada destino intentan sembrar árboles nativos. Ya sembraron 20 en Perú y quieren hacer lo mismo en Colombia. Una manera de apoyar a esta pareja argentina, si usted se los encuentra por ahí, es justamente esa: donándoles un árbol; o dándoles una mano con el carro.

 Porque, retomando,  en cada país se han varado. Lo más difícil ocurrió camino a Cuzco. Estaban  a menos diez grados, 4500 metros de altura, y el radiador se congeló. El pueblo más cercano estaba a 120 kilómetros. Un carro que de milagro pasaba por donde ellos los llevó, consiguieron una grúa, arreglaron el jeep.

–       Cada que se nos rompió algo fue como una excusa para conocer a alguien que nos ayudara en este viaje. Justamente estamos en Cali gracias a que, cruzando la frontera de Ecuador a Colombia, se nos pinchó una rueda, se nos perdió la tapa del motor, y un argentino nos puso en contacto con un grupo de trocheros de Pasto. Fuimos a Pasto, nos conocimos, nos atendieron muy bien, y en eso hubo una competición de rally y ahí conocimos al grupo de Cali, que nos invitó a la ciudad. Y acá estamos. Los desperfectos del jeep son el pretexto para ponernos en contacto con estos ángeles que aparecen mágicamente para ayudarnos.

Los desperfectos del jeep les han enseñado a confiar en la gente, y no tanto a lo que acostumbramos o lo que nos inculcan en casa: desconfiar. Somos, juran Cristián e Inés,  un continente solidario.

–       Eso ha sido lo más revelador, lo más hermoso del viaje; la diferencia la marca la gente, insisten y parece cierto. No les ha pasado nada durmiendo  dentro de la casa-carro, a veces en medio de un barrio o la avenida de una gran ciudad, o en un pueblo, o en una  carretera, o en un bosque. 

En la casa-carro tienen por cierto una  estufa, una ducha solar, una cama, un ventilador, todo lo que necesitan para cambiar el paradigma, desafiar el sistema: vivir en un solo lugar, tener un trabajo, una rutina, la seguridad de saber que el 15 de cada mes hay una determinada suma de  dinero en la cuenta. 

–   De pronto estar tan expuestos como estamos nosotros, vivir a la expectativa, hace que  se valoren las cosas de otra manera, mires todo desde otro ángulo. Al enfrentar más a menudo la inseguridad, el miedo,  empiezas a tener más confianza en  la gente. Hay personas buenas en todos los lugares. Y al tener problemas más seguidos, aprendes también que todos esos problemas tienen solución. Te tomas la vida de otra forma, cambias. Quizá  en la rutina del trabajo diario uno no se da cuenta de lo poco que se necesita para vivir, pero sobre todo, no se da cuenta de lo que el ser humano es capaz de hacer y sentir cuando se  sale del terreno de confort por voluntad  o porque la vida, por alguna razón, te sacó de ahí, decían antes de partir a su próximo destino, Panamá.

Para bañarse utilizan una ducha solar: es un dispositivo que  genera agua caliente utilizando  sol como fuente de energía.

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